Full width home advertisement

Post Page Advertisement [Top]


Inmensidad y omnipresencia

La inmensidad (in mensum) de Dios es su esencia en relación con el espacio. La esencia divina no es cuantificable, porque no estĆ” incluida en ningĆŗn lĆ­mite de espacio: "El cielo de los cielos no puede contenerte" (1 Re 8,27; 2 Cr 2,6; Jer 23,24). La inmensidad de Dios es espiritual, no tiene extensión de sustancia. 


En virtud de su inmensidad, Dios es omnipresente. La inmensidad y la omnipresencia estĆ”n, pues, inseparablemente unidas y es mejor considerarlas en referencia la una a la otra. La omnipresencia se refiere al universo de los seres y cosas creadas, al espacio lleno. La inmensidad se refiere a esto y a lo que estĆ” mĆ”s allĆ”, al espacio como vacĆ­o: el "mĆ”s allĆ” de los muros ardientes del mundo" de Lucrecio (Sobre la naturaleza 1.74). Se dice que Dios estĆ” mĆ”s allĆ” del universo (extra mundum) no en el sentido de que haya espacios mĆ”s allĆ” del universo que Ć©l llena por extensión de la sustancia, sino en el sentido de que el universo no agota su inmensidad o es igual a ella. "La inmensidad de Dios", dice Schleiermacher (Doctrina, 53), "es la inmensidad todopoderosa que determina o condiciona el espacio mismo, y todo lo que existe en el espacio."

La presencia de la mente es totalmente diferente a la de la materia. La sustancia espiritual estĆ” presente, dondequiera que estĆ©, como un todo completo en cada punto. El alma humana, por ejemplo, estĆ” presente como unidad y totalidad en cada punto del cuerpo. No estĆ” presente como el cuerpo, de forma parcial o por división de la sustancia. TambiĆ©n Dios, como EspĆ­ritu infinito, estĆ” presente en cada punto del espacio como una totalidad. No estĆ” presente en el universo por división de la sustancia, sino como una unidad, simple e indivisa. Esto se enseƱa en los dicta "el alma es todo en cada parte" y "Dios es un cĆ­rculo cuyo centro estĆ” en todas partes y la circunferencia en ninguna". La omnipresencia se enseƱa en el Salmo 139:7-8: "¿Adónde huirĆ© de tu presencia?" (Jer. 23:23-24; Isa. 66:1; Hechos 17:24). 

La omnipresencia divina significa la presencia de todas las cosas a Dios, mĆ”s que la presencia de Dios a todas las cosas. Ellas estĆ”n en su presencia, pero Ć©l no estĆ” en su presencia. Cuando se dice: "¿No lleno yo el cielo y la tierra, dice el SeƱor?" (Jer. 23:24), el lenguaje es tropológico. Si Dios estuviera literalmente contenido en el universo, Ć©ste serĆ­a mĆ”s inmenso que Ć©l. "Nada te contiene, sino que tĆŗ contienes todas las cosas", dice Anselmo (Proslogion, 19). 
(a) La omnipresencia de Dios no es como la presencia de un cuerpo material en una localidad. Ɖsta excluye la presencia de otro cuerpo; pero la presencia de Dios no excluye la de la materia. "Dios", dice AgustĆ­n (Sobre cuestiones diversas 1.20), "no estĆ” en un lugar determinado (alicubi). Porque lo que estĆ” en algĆŗn lugar particular estĆ” contenido en el espacio; y lo que estĆ” contenido en algĆŗn espacio es el cuerpo. Sin embargo, como Dios existe y no estĆ” en el espacio, todas las cosas estĆ”n en Ć©l. Pero no asĆ­ en Ć©l, como si Ć©l mismo fuera un lugar en el que estĆ”n".
(b) La omnipresencia divina no es como la presencia de un espĆ­ritu finito encarnado en una forma material. El alma del hombre, aunque no estĆ” en la misma relación con el espacio que la materia, no estĆ” presente en todas partes, sino que estĆ” confinada en un lugar determinado, a saber, los lĆ­mites del cuerpo: "¿Dónde se encuentra el alma? Por lo que a mĆ­ respecta, estĆ” en la cabeza y puedo ofrecer una explicación de mi creencia. Pero el lugar del alma lo explicarĆ© en otro momento. Ciertamente estĆ” en ti" (Cicerón, Disputas toscanas 1.29.70). 
(c) La omnipresencia de Dios no es por extensión, multiplicación o división de la esencia. Ɖl es todo en todos los lugares, del mismo modo que el alma es todo en todas las partes del cuerpo. Toda la esencia de Dios estĆ” aquĆ­, estĆ” allĆ­ y en todas partes. 

Se dice que Dios estĆ” "en el cielo", "en los creyentes", "en el infierno", etc., por una manifestación especial de su gloria o de su gracia o de su retribución. En esta referencia, se dice que los pecadores estĆ”n "lejos" de Dios, y Dios de ellos. Algunos teólogos han enseƱado una "presencia especial de la esencia divina con la sustancia de los creyentes", sobre la fuerza de Juan 14:23: "Vendremos a Ć©l y haremos nuestra morada con Ć©l". Pero esto es innecesario: "La presencia esencial de Dios es la misma en todas partes; la presencia declarativa influyente de Dios es especial y diferente en un lugar que en otro" (Bates, On Heaven). 

Algunos escritores socinianos y deĆ­stas niegan la omnipresencia de Dios en cuanto a la esencia y afirman sólo una presencia por operación a distancia. Newton parece referirse a esto en un escolio al final de los Principia: "Dios es uno y el mismo Dios siempre y en todas partes. Es omnipresente, no sólo por medio de su energĆ­a (virtus), sino tambiĆ©n por medio de su sustancia; pues la energĆ­a no puede subsistir sin la sustancia". El pagano reconocĆ­a la omnipresencia divina. "Jove llena todas las cosas", dice Arato. Virgilio seƱala que "Dios recorre toda la tierra y la extensión del mar y el cielo sin lĆ­mites" (cf. SĆ©neca, Sobre la benevolencia 1.8)

Omnisciencia 

Dios es un ser inteligente, y el conocimiento es uno de sus atributos comunicables: "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, en conocimiento, justicia y santidad" (Catecismo Menor de Westminster P. 10). La esencia divina considerada como conocedora da el atributo de omnisciencia: "Dios es mayor que nuestros corazones y conoce todas las cosas" (1 Juan 3:20); "SeƱor, tĆŗ conoces todas las cosas" (Juan 21:17); "conocidas por Dios son todas sus obras desde el principio del mundo" (Hechos 15:18); "todas las cosas estĆ”n desnudas y abiertas (Ļ„ĪµĻ„ĻĪ±Ļ‡Ī·Ī»Ī¹ĻƒĪ¼Ī­Ī½Ī±) al ojo de aquel con quien tenemos que ver" (Heb. 4:13; Rom. 11:33; Mat. 6:32; 1 R. 8:39; Sal. 139:1-16; Is. 46:10; Ezequiel 11:5).

El conocimiento divino es (a) intuitivo en oposición a demostrativo o discursivo; no se obtiene comparando una cosa con otra o deduciendo una verdad de otra; es una visión directa; (b) simultĆ”neo en oposición a sucesivo; no se recibe gradualmente en la mente y por partes; la percepción es total e instantĆ”nea; y (c) completo y seguro en oposición a incompleto e incierto. El conocimiento divino excluye el conocimiento por los sentidos, la adquisición gradual del conocimiento, el olvido del conocimiento y el recuerdo del conocimiento. 

La omnisciencia de Dios desde el punto de vista de la criatura es conocimiento previo; pero no es conocimiento previo desde el punto de vista de Dios. La mente infinita comprende todas las cosas en una intuición simultĆ”nea y, por consiguiente, no hay para ella un "antes" o un "despuĆ©s". Dice Charnock (God's Knowledge), "Dios considera todas las cosas en su propio y simple conocimiento como si estuvieran actuando ahora; y por lo tanto algunos han elegido llamar al conocimiento de las cosas por venir, no presciencia o presciencia, sino conocimiento; porque Dios ve todas las cosas en un solo instante." Dice Owen (Vindicación del Evangelio, 5), "Dios conoce todas las cosas tal como son; y en el orden en que estĆ”n. Las cosas que son pasadas, en cuanto al orden de las criaturas, las conoce como pasadas; pero no por el recuerdo, como hacemos nosotros, sino por el mismo acto de conocimiento con el que las conoció desde toda la eternidad, incluso antes de que fueran". Pero este conocimiento de todo simultĆ”neamente y a la vez equivale para la mente finita a conocer antes del acontecimiento. La presciencia, en sentido estricto, implica un intervalo entre el conocimiento y el acontecimiento. Si los ninivitas no se hubieran arrepentido, NĆ­nive habrĆ­a sido destruida de acuerdo con la profecĆ­a de JonĆ”s. HabrĆ­an transcurrido cuarenta dĆ­as entre el conocimiento previo de JonĆ”s del acontecimiento y el acontecimiento mismo. HabrĆ­an intervenido una serie de sucesos y experiencias que JonĆ”s habrĆ­a ido conociendo poco a poco. Pero esto no es cierto en la mente divina. Dios no es consciente de un intervalo de varios miles de aƱos entre su conocimiento de la crucifixión de Cristo y la ocurrencia de la crucifixión. Para Dios, Cristo fue crucificado desde la eternidad, y el evento fue conocido y real para Ć©l desde toda la eternidad. La omnisciencia excluye tanto la presciencia como el conocimiento posterior. En esta referencia, AgustĆ­n (Sobre cuestiones diversas 2.2.2) dice: "¿QuĆ© es la presciencia sino el conocimiento del futuro? Pero, ¿quĆ© es el futuro para Dios? Porque, si el conocimiento divino incluye todas las cosas en un instante, todas las cosas son presentes para Ć©l, y no hay nada futuro; y su conocimiento es conocimiento y no presciencia." Dice Charnock (El conocimiento de Dios):

El conocimiento de una cosa no es, en Dios, anterior a otra; un acto de conocimiento no engendra otro. Con respecto a los objetos mismos, una cosa es antes que otra; un año antes que otro; una generación de hombres antes que otra; una es la causa y la otra es el efecto; en la mente de la criatura hay tal sucesión, y Dios sabe que habrÔ tal sucesión; pero no hay tal orden en el conocimiento de Dios; porque él conoce todas esas sucesiones por una sola mirada, sin ninguna sucesión de conocimiento en sí mismo.

Dios tiene conocimiento de todas las cosas posibles, a diferencia de las cosas reales. Conoce todo lo que puede hacer. Esto se denomina scientia simplicis intelligentiae (el conocimiento de la inteligencia simple). Es un conocimiento que se limita al entendimiento divino y que nunca provoca un acto de la voluntad. Las cosas que son posibles y conocidas como tales nunca se hacen reales. Charnock (Conocimiento de Dios) lo explica como el conocimiento no sólo de lo posible, sino como especulativo a diferencia del conocimiento prĆ”ctico: "Dios conoce el mal no con un conocimiento prĆ”ctico, para ser el autor del mismo, sino con un conocimiento especulativo para comprender la pecaminosidad del mismo; o un conocimiento simplicis intelligentiae, de la inteligencia simple, ya que lo permite, no lo quiere positivamente". Dios tiene un conocimiento de lo que es condicionalmente posible, es decir, de aquellos acontecimientos que nunca han sucedido, pero que podrĆ­an haber ocurrido bajo ciertas condiciones posibles. Esto se denomina scientia media (conocimiento medio) o scientia conditiona (conocimiento condicionado). Por ejemplo, Dios sabe que si cierta persona viviera hasta la mitad de su vida, se volverĆ­a extremadamente viciosa y malvada. Ɖl previene esto mediante una muerte temprana de la persona. Los ejemplos bĆ­blicos son Mateo 11:21-23 (el arrepentimiento de Tiro, Sidón, Sodoma y Gomorra); 1 Sam. 23:5-14; Jer. 38:17-20. 

La doctrina del conocimiento medio se ha empleado para explicar la imputación del primer pecado de AdÔn a su posteridad. Este pecado se imputa porque Dios sabía de antemano que cada uno de la posteridad lo habría cometido si se hubiera puesto en las circunstancias de AdÔn. Pero según esta teoría, cualquier hombre podría ser acusado de cualquier pecado; porque Dios sabe que no hay pecado que no cometería, si fuera fuertemente tentado y no fuera guardado por la gracia divina. AdemÔs, según esta teoría, el pecado es imputado, en el orden de la naturaleza, antes de ser cometido. Socinus niega que Dios tenga conocimiento previo de los actos libres del hombre (Owen, Vindication of the Gospel, 5). Cicerón (Sobre la adivinación) sostiene que la presciencia y el libre albedrío son incompatibles; y puesto que el libre albedrío es necesario para la responsabilidad, éste debe ser retenido y se debe renunciar a la presciencia. Agustín examina las opiniones de Cicerón en la Ciudad de Dios (5.9)

La sabidurĆ­a es un aspecto particular del conocimiento divino: "Dios es el Ćŗnico sabio" (1 Tim. 1:17). Es la inteligencia de Dios que se manifiesta en la adecuación de los medios a los fines. El hebreo hakam y el griego sophos significan principalmente hĆ”bil, experto. Se ve (1) en la creación: "Los cielos anuncian la gloria de Dios" (Sal 19,1-7); "SeƱor, quĆ© mĆŗltiples son tus obras; con sabidurĆ­a las has hecho todas" (104,1-34); "¿quiĆ©n ha puesto sus medidas?" (Job 38:5); (2) en la providencia: "El SeƱor hizo fracasar el consejo de las naciones" (Sal. 33:10-11); "todas las cosas obran juntas para bien" (Rom. 8:28); (3) en la redención: "¡Oh, la profundidad de las riquezas de la sabidurĆ­a y del conocimiento de Dios! (1 Cor. 2:7; Rom. 2:33); "la mĆŗltiple (polypoikilos) sabidurĆ­a de Dios" (Ef. 3:10). La sabidurĆ­a de Dios es llamada "la locura de Dios" (1 Cor. 1:25) para exhibir su infinita superioridad a la sabidurĆ­a humana. El grado mĆ”s bajo de la sabidurĆ­a divina, tan bajo como para ser llamado locura en comparación con el grado mĆ”s alto, es mĆ”s sabio que los hombres. La sabidurĆ­a se representa como una persona trinitaria en Prov. 8 y es la misma que el Logos de Juan 1:1

La sabiduría implica un fin último, al que se subordinan todos los fines secundarios. Este fin es la gloria de Dios: "Para él son todas las cosas" (Rom. 11:36). Dice Leighton: "Como Dios no podía jurar por nadie mÔs grande, jura por sí mismo; así como no podía proponer ningún fin mayor, se propuso a sí mismo". La gloria de Dios significa una manifestación tal de las perfecciones divinas que lleva a las criaturas a la adoración y al culto. La adoración es el acto mÔs elevado de una criatura, y la excelencia revelada del Creador es el objeto que la suscita. La gloria esencial de Dios, es decir, su gloria tal y como existe per se, no estÔ contemplada en esta definición. Esto es lo mismo, haya o no creación, haya o no adoración.

La felicidad de la criatura no puede ser el fin último de la acción de Dios. No habría sabiduría en este caso, porque lo superior estaría subordinado a lo inferior. Esto sería locura, no sabiduría. Sería una mala adecuación de los medios a los fines. El fin se convertiría en los medios, y los medios en el fin. Lo infinito existiría para lo finito. AdemÔs la felicidad, por su propia naturaleza, no puede ser un fin último, porque buscarla es no conseguirla: "El que encuentre su vida la perderÔ". Buscar la santidad como fin último es alcanzarla. Buscar la santidad da lugar a la felicidad, pero no a la inversa. La felicidad es el efecto, y la santidad es la causa. De ahí que el mandato sea "sed santos", no "sed felices". Otra prueba de que la felicidad no es un fin último como la santidad es el hecho de que hay muchas clases de felicidad, pero sólo una clase de santidad. La felicidad se consigue por un objeto distinto de ella misma; y los objetos son diversos: como la riqueza, el placer, la fama en el eudemonismo inferior; y el conocimiento, la cultura y la virtud en el superior. Pero la santidad no depende de la obtención de un objeto diferente de sí mismo. Un hombre es feliz sólo cuando ha obtenido la riqueza o la fama o la cultura o algo que es distinto de la propia felicidad. Pero un hombre es santo, no por obtener riqueza, fama, cultura o algo distinto a la santidad, sino por obtener la santidad misma. En consecuencia, la santidad puede ser un fin último, pero la felicidad no puede serlo. Sin embargo, la perfección moral de la criatura no puede ser considerada como el fin último de la acción de Dios, aunque esta es una visión mÔs elevada que la anterior. La criatura, en cualquier aspecto, no puede ser considerada como el fin último, como tampoco la causa primera de todas las cosas. La voluntad finita no puede ser un fin último para la voluntad infinita. La criatura debe decir: "No se haga mi voluntad, sino la tuya". Del mismo modo, una naturaleza o un ser finito no puede ser un fin último para el ser infinito.

Omnipotencia 

El poder de Dios es la esencia divina que potencia y produce efectos exteriores. Es la actividad divina ad extra. La actividad inmanente de la esencia ad intra, como se ve en las distinciones trinales y su intercomunicación, no entra en la categorĆ­a de poder divino. Pues se trata de una actividad necesaria y constitucional. No es opcional para Dios ser trino. La generación y la espiración eternas no son, como la creación, la providencia y la redención, actos de poder en el sentido de que, si a Dios le place, no es necesario realizarlos. El poder divino es opcional en su ejercicio. Dios no necesita haber creado nada. Y despuĆ©s de crear, tambiĆ©n puede aniquilar. Sólo cuando se ha obligado por promesa, como en el caso de la fe en Cristo, su acción deja de ser opcional. No puede decirse que Dios pueda cumplir sus promesas a su antojo. 

El poder divino es omnipotencia: "Nuestro Dios estĆ” en los cielos; ha hecho todo lo que ha querido" (Sal. 115,3); "santo SeƱor Dios Todopoderoso" (Ap. 4,8); "Yo soy el Dios todopoderoso" (Gn. 17,1). La omnipotencia se llama "palabra" o "mandato" de Dios: "Por la palabra del SeƱor fueron hechos los cielos. Ɖl lo ordenó y se mantuvo firme" (Sal. 33:6). Esto denota la grandeza del poder. La creación sólo requiere el fiat de Dios. El poder divino no se mide sólo por lo que Dios ha realizado. La omnipotencia se manifiesta en las obras de la creación real, pero no se agota en ellas. Dios podrĆ­a crear mĆ”s de lo que ha hecho, si quisiera. Puede hacer mĆ”s de lo que ha hecho, si es su voluntad. PodrĆ­a haber levantado hijos a Abraham de las piedras del lecho del JordĆ”n; podrĆ­a haber enviado en ayuda del Redentor sufriente doce legiones de Ć”ngeles. 

El poder divino sólo estĆ” limitado por lo absurdo y lo contradictorio. Dios puede hacer cualquier cosa que no implique una imposibilidad lógica. Una imposibilidad lógica significa que el predicado es contradictorio con el sujeto; por ejemplo, un espĆ­ritu material, una deidad corpórea, una piedra con sensibilidad, un hombre irracional, un cuerpo sin partes ni extensión, un triĆ”ngulo cuadrado. Estos no son objetos de poder, y por lo tanto no es realmente una limitación de la omnipotencia divina decir que no puede crearlos. Implican el absurdo de que una cosa pueda ser y no ser a la vez. Una imposibilidad lógica es, en verdad, una no entidad; y decir que Dios no puede crear una no entidad no es una limitación o negación del poder. Porque el poder es la capacidad de crear una entidad. 

De nuevo, Dios no puede hacer nada inconsistente con la perfección de la naturaleza divina. Bajo esta categorĆ­a caen los casos mencionados en Heb. 6:18 ("es imposible que Dios mienta"); 2 Tim. 2:13 ("no puede negarse a sĆ­ mismo"); y Santiago 1:13 ("Dios no puede ser tentado"). Dios no puede pecar (a) porque el pecado es imperfección, y es contradictorio decir que un ser necesariamente perfecto pueda ser imperfecto; y (b) porque no puede ser tentado a pecar, y pecar sin tentación o motivo para pecar es imposible. Dios no puede ser tentado porque la tentación implica un deseo de algĆŗn bien que se supone mayor que el que ya se posee. Pero Dios no puede ver nada mĆ”s deseable que lo que ya tiene; y su entendimiento es infalible, de modo que no puede confundir un bien aparente con uno real. Todos estos casos, cuando se analizan, se encontrarĆ” que implican algo contradictorio con la idea y definición de Dios. Si se pudiera suponer que Dios es capaz de ser tentado y de pecar, se demostrarĆ­a que no es infinito. Dios no es capaz de morir, de ver la corrupción (Hechos 2:27), de volverse inexistente. Esto serĆ­a debilidad finita, no poder omnipotente. Dice AgustĆ­n (Sobre el Credo 1.1): "Dios es omnipotente, y sin embargo no puede morir, no puede mentir, no puede negarse a sĆ­ mismo. ¿Cómo es entonces omnipotente? Es omnipotente por la misma razón de que no puede hacer estas cosas. Porque si pudiera morir, no serĆ­a omnipotente". TambiĆ©n seƱala (Ciudad de Dios 5.10) que "el poder de Dios no disminuye cuando se dice que no puede morir y no puede pecar; si pudiera hacer estas cosas, su poder serĆ­a menor. Un ser es llamado con razón omnipotente por hacer lo que quiere y no por sufrir lo que no quiere".

Entre los escolĆ”sticos surgió una cuestión respecto a la omnipotencia divina, y algunos de ellos afirmaron la omnipotencia absoluta de Dios en el sentido de que podĆ­a hacer todo lo que se pudiera concebir, ya fuera lógica o ilógicamente, ya fuera bueno o malo, ya fuera autocontradictorio o no. Separaban los atributos naturales de los morales y afirmaban la posibilidad de un conflicto entre ellos. Su visión de Dios implicaba que sus atributos naturales son mĆ”s centrales y Ćŗltimos que sus atributos morales y Ć©ticos, que el poder en la deidad es mĆ”s fundamental y absoluto que el derecho. Pero los atributos morales son tan centrales y controladores en Dios como los naturales, y es imposible concebir que en su ser mĆ”s perfecto, el poder desnudo pueda divorciarse de la sabidurĆ­a y la santidad y pisotearlos (Shedd, History of Doctrine, 2, 301-304). 

Las manifestaciones del poder divino se ven (1) en la creación: la característica peculiar de este ejercicio del poder es que se origina ex nihilo. Lo milagroso es el mismo tipo de ejercicio de la omnipotencia. El milagro se crea de la nada: "Dios llama a las cosas que no son, como si fueran" (Rom. 4:17; Isa. 44:24; Gen. 1:1). (2) En la providencia, por la que lo creado se conserva, evoluciona y controla: "Sostiene todas las cosas con la palabra de su poder" (Heb. 1:3). La omnipotencia de Dios ejercida en el acto de la creación se denomina potentia absoluta. En este caso, no se utiliza nada de lo que existe. Se trata de la operación de la causa primera únicamente. La omnipotencia divina ejercida en la providencia se denomina potentia ordinata. En este caso, se hace uso de las cosas existentes. Dios, en la providencia, emplea la constitución y las leyes de la naturaleza que ha creado para este mismo fin. La causa primera utiliza las causas segundas previamente originadas ex nihilo. Dios causa el calor de la atmósfera por los rayos del sol, y no por un ejercicio de omnipotencia absoluta. Toda la evolución pertenece a la potentia ordinata de Dios. (3) En la redención: "Cristo es el poder de Dios" (1 Cor. 1:24); el evangelio es "el poder de Dios" (Rom. 1:16); "el Mesías es el brazo del Señor" (Isa. 53:1); el Mesías es "el hombre de tu mano derecha" (Sal. 80:17).

ExtraĆ­do de Dogmatic Theology dW.G.T. Shedd, capĆ­tulo V.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bottom Ad [Post Page]