El credo apostólico, ¿contiene o no todos los artículos de fe que son necesarios para la salvación?
1. Parece que el Credo Apostólico no es suficiente o completo como norma de la fe, porque después de él surgieron otros Credos, a saber, el Niceno, el Atanasiano, el Efesino y el Calcedonense.
2. Dice Jerónimo: ‘los fundamentos no se encuentran en las palabras sino en el sentido’, luego, no basta con admitir los artículos de la fe, sino que es necesario añadir la explicación o significado de cada artículo. Sin embargo, el Credo Apostólico no contiene tal explicación, por tanto, no es, por sí mismo, suficiente o completo como norma de fe.
3. Parece que no sólo los artículos del Credo Apostólico, sino también todas las verdades reveladas deben ser creídas y son igualmente necesarias para la salvación, y por ello el Credo Apostólico, no es, por sí mismo, suficiente o completo como norma de fe.
Contra esto: está lo que dice Cirilo de Jerusalén en Lect. Cat. 5: Escuchad mientras me limito a recitar el Credo y a memorizarlo; pero a su debido tiempo esperad la confirmación de la Sagrada Escritura de cada parte de su contenido. Porque los artículos de la fe no se compusieron según les pareció bien a los hombres, sino que los puntos más importantes recogidos de toda la Escritura constituyen una enseñanza completa de la fe.
Respondo: La buena nueva (kerygma) predicada por la iglesia apostólica, enseñada y profesada a los catecúmenos antes de su bautismo, y cuya síntesis es el símbolo apostólico (symbolum apostolorum), no puede ser aumentada ni mejorada por la discreción y las regulaciones humanas. Lo que fue suficiente para la salvación de los cristianos en los primeros siglos, así como de los mártires de Cristo, es suficiente también para nosotros hoy; por consiguiente, el símbolo apostólico contiene plenamente todos los elementos que deben ser sostenidos para la salvación del alma humana.
A las objeciones:
1. Dichos credos posteriores no constituyen realmente una divergencia en sustancia respecto al Credo de los Apóstoles. Más bien, representan una ampliación y clarificación de su significado, especialmente si en algún momento la necesidad o importunidad de los herejes exige que los más doctos avancen más allá de la simplicidad hacia una indagación más sutil.
2. No es en absoluto necesario conocer plenamente el modo o "cómo" de los artículos de fe, basta con abrazar con inteligencia simple su esencia o "qué", siempre que esta acepción llana no contradiga la sustancia misma de dichos artículos, tal que una viejecita puede alcanzar la salvación de igual modo que el más docto entre nosotros. Las explicaciones sirven para entender la cosa, más no han de confundirse con ella, pudiendo ella prescindir de las mismas, así como un hombre puede nutrirse con su cena sin necesidad de entender los intrincados procesos por los que el alimento le sustenta. De ahí que diga Hilario en sobre la Trinidad, lib. 10 "en la sencillez está la fe".
3. Hay verdades que son objeto de fe por necesidad de medio (necessitate medii), otras, en cambio, lo son por necesidad de precepto (necessitate praecepti). Las primeras todos los fieles en la Iglesia están obligados a conocer para ser parte de ella, las segundas, deben ser creídas luego porque Dios así lo ordena. Sin embargo, la ignorancia o negación de estas verdades no condena realmente, sino que virtualmente y por demérito. Aquellos que, sin malicia ni oposición a su conciencia, permaneciendo en una ignorancia insuperable, niegan estas verdades no están excluidos de la esperanza de la salvación. Muchos que vivieron en la iglesia visible están en gloria (no lo dudo) y, sin embargo, nunca supieron que Sansón mató un león.
P. Entonces, ¿qué debe creer el cristiano?R. Todo lo que se nos ha prometido en el santo Evangelio, lo cual fue resumido en el Credo Apostólico, en cuyos artículos se expresa la fe universal e infalible de todos los cristianos.
—Catecismo de Heidelberg, P&R22
En verdad, hay una sola Regla de Fe, la única inamovible e irreformable; la regla, a saber, de creer en un solo Dios omnipotente, Creador del universo, y en su Hijo Jesucristo, nacido de María Virgen, crucificado bajo Poncio Pilato, resucitado al tercer día de entre los muertos, recibido en los cielos, sentado ahora a la derecha (mano) del Padre, destinado a venir a juzgar a vivos y muertos mediante la resurrección de la carne también (como del espíritu). Siendo constante esta ley de la fe, los demás puntos sucesivos de la disciplina y conversación admiten la novedad de la corrección.
—Tertuliano, Sobre el velo de las vírgenes, cap. 1
El que sabe estas cosas con plena certeza, y las cree, es feliz; así como vosotros sois ahora los amantes de Dios y de Cristo, en la plena certeza de nuestra esperanza, de la cual ninguno de nosotros se desvíe jamás.
—Ignacio, Epístola de Ignacio a los Magnesios, Capítulo XI.-I
Los que, a falta de documentos escritos, han creído en esta fe, son bárbaros en lo que respecta a nuestra lengua; pero en cuanto a doctrina, manera y tenor de vida, son, a causa de la fe, muy sabios en verdad; y agradan a Dios
—Ireneo, Contra las Herejías: Libro III Capítulo IV.—2
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