La mente humana es finita y concibe definiendo los lĂmites del objeto de su pensamiento, y como Dios nos es conocido por ser infinito, es evidente que la mente humana nunca puede ser capaz de concebir a Dios adecuadamente tal como es, o de definir su ser. Pero Dios nos es conocido por ciertos atributos o modos de ser, cuya concepciĂłn nos es posible, y que lo representan verdaderamente, hasta donde llegan. Concebimos cada uno de estos atributos como poseĂdos por Dios en un grado al que no ponemos lĂmites, y al que sabemos que no se pueden asignar lĂmites. Por lo tanto, nuestra concepciĂłn de los atributos de Dios es indefinida y, por lo tanto, no puede ser definida; pero, por otra parte, puede decirse que definimos verdaderamente nuestra idea de Dios cuando proporcionamos una declaraciĂłn completa de todos los atributos de Dios que se nos revelan en la Escritura, y en la forma en que son concebidos por nuestro entendimiento finito.
Por tanto, afirmamos la definiciĂłn dada bajo la sĂ©ptima pregunta del Catecismo Mayor de Westminster, y la cuarta del Catecismo Menor de Westminster, puesto que es una declaraciĂłn comprensible de las perfecciones divinas tal como se revelan en las Sagradas Escrituras, y como bajo la luz de la Escritura se enseñan significativamente por las obras de Dios, creativas y providenciales, fĂsicas y espirituales.
Esta es,
Esta es,
Dios es EspĂritu, en sĂ y por sĂ mismo infinito en su ser, gloria, bienaventuranza y perfecciĂłn; todo suficiente, eterno, inmutable, incomprensible, omnipresente, todopoderoso, omnisciente, sapientĂsimo, santĂsimo, justĂsimo, misericordiosĂsimo y lleno de gracia, tardo para la ira y abundante en bondad y verdad. [CMW, 7]
Ahora, en esta secciĂłn encontrará argumentos de muchos tipos diferentes para la existencia de Dios. Y le hacemos a usted, el lector, un primer llamamiento. Somos conscientes de que muchas personas, tanto creyentes como no creyentes, dudan que la existencia de Dios pueda ser demostrada o incluso discutida. Puede que usted sea uno de ellos. De hecho, es posible que tenga una opiniĂłn bastante consolidada de que no se puede discutir. Pero nadie puede dudar razonablemente de que muchos han creĂdo que un argumento racional eficaz sobre la existencia de Dios es un primer paso importante para abrir la mente a la posibilidad de la fe, para despejar algunos de los obstáculos y escombros que impiden a la gente tomar en serio la idea de la revelaciĂłn divina. Y en esto tienen razĂłn. Supongamos que nuestra mejor y más honesta reflexiĂłn sobre la naturaleza de las cosas nos lleva a ver el universo material como autosuficiente y sin causa; a ver su forma como el resultado de movimientos aleatorios, desprovistos de cualquier plan o propĂłsito. ¿Te impresionarĂa entonces leer en un libro antiguo que existe un Dios de amor, o que los cielos proclaman su gloria? ¿EstarĂa dispuesto a tomar en serio ese mensaje? Más bien te excusarĂas de tomar en serio cualquier cosa que se reivindique como una comunicaciĂłn del Creador. Como dijo una persona: No puedo creer que seamos hijos adoptivos de Dios, porque no puedo creer que haya alguien que haga la adopciĂłn.
Es este tipo de horizonte estrecho y restringido el que las pruebas presentadas en este capĂtulo intentan expandir. Son intentos de confrontarnos con la insuficiencia radical de lo finito y limitado, y de abrir nuestras mentes a un nivel de ser más allá. Si lo consiguen -y podemos decir por experiencia que algunas de las pruebas lo consiguen con mucha gente- pueden ser de gran valor.
Puede que no sientas que son particularmente valiosos para ti. Puede que tengas la bendición de sentir la presencia de Dios; y eso es algo por lo que debes estar profundamente agradecido. Pero eso no significa que no tengas la obligación de reflexionar sobre estos argumentos. Porque muchos no han sido bendecidos de esa manera. Y las pruebas están diseñadas para ellos -o para algunos de ellos al menos- para darles un tipo de ayuda que realmente necesitan. Puede que incluso se te pida que proporciones esa ayuda.
Además, ¿realmente alguno de nosotros tiene tan poca necesidad de esa ayuda como podemos afirmar? Seguramente en la mayorĂa de nosotros hay algo de escĂ©ptico. Hay una parte de nosotros tentada a creer que nada es en Ăşltima instancia real más allá de lo que podemos ver y tocar; una parte que busca alguna razĂłn, más allá de las garantĂas de las Escrituras, para creer que hay más. No queremos hacer afirmaciones exageradas de estas demostraciones, ni confundir "buenas razones" con "pruebas cientĂficas". Pero creemos que hay muchos que quieren y necesitan el tipo de ayuda que ofrecen estas pruebas más de lo que podrĂan estar dispuestos a admitir en un principio.
No todos los argumentos son igualmente demostrativos. Uno (la apuesta de Pascal) no es en absoluto un argumento a favor de Dios, sino un argumento a favor de la fe en Dios, como "apuesta". Otro (el argumento ontolĂłgico) lo consideramos fundamentalmente defectuoso; sin embargo, lo incluimos porque es muy famoso e influyente, y todavĂa puede ser salvado por nuevas formulaciones del mismo. Otros (el argumento de los milagros, el argumento de la experiencia religiosa y el argumento del consentimiento comĂşn) afirman sĂłlo una fuerte probabilidad, no una certeza demostrativa. Los hemos incluido porque forman una parte importante de un caso acumulativo. Creemos que sĂłlo algunos de estos argumentos, tomados individualmente y por separado, demuestran la existencia de un ser que tiene algunas de las propiedades que sĂłlo Dios puede tener (ningĂşn argumento prueba todos los atributos divinos); pero los veinte tomados en conjunto, como una cuerda retorcida, constituyen un caso muy fuerte.
(1) El argumento del cambio
El mundo material que conocemos es un mundo de cambios. Una joven llegá a medir 1,70 metros, pero no siempre tuvo esa altura. El gran roble que tenemos delante surgió de la más pequeña bellota. Ahora bien, cuando algo llega a un determinado estado, como el tamaño maduro, ese estado no puede llegar a ser por sà mismo. Porque hasta que no llega a ser, no existe, y si aún no existe, no puede causar nada.
En cuanto a la cosa que cambia, aunque puede ser lo que llegará a ser, todavĂa no es lo que llegará a ser. Ahora mismo existe en este estado (una bellota); en realidad existirá en ese estado (un gran roble). Pero ahora no se encuentra en ese estado. SĂłlo tiene la potencialidad de ese estado.
En cuanto a la cosa que cambia, aunque puede ser lo que llegará a ser, todavĂa no es lo que llegará a ser. Ahora mismo existe en este estado (una bellota); en realidad existirá en ese estado (un gran roble). Pero ahora no se encuentra en ese estado. SĂłlo tiene la potencialidad de ese estado.
Ahora una pregunta: Para explicar el cambio, ¿podemos considerar sĂłlo la cosa que cambia, o deben intervenir tambiĂ©n otras cosas? Evidentemente, deben intervenir otras cosas. Nada puede darse a sĂ mismo lo que no tiene, y la cosa que cambia no puede tener ahora, ya, lo que llegará a tener entonces. El resultado del cambio no puede existir realmente antes del cambio. La cosa que cambia comienza sĂłlo con el potencial de cambiar, pero necesita que otras cosas externas actĂşen sobre ella para que ese potencial se haga realidad. De lo contrario, no puede cambiar.
Nada se cambia a sà mismo. Las cosas que aparentemente se mueven por sà mismas, como los cuerpos de los animales, son movidas por el deseo o la voluntad, algo que no son meras moléculas. Y cuando el animal o el ser humano muere, las moléculas permanecen, pero el cuerpo ya no se mueve porque el deseo o la voluntad ya no están presentes para moverlo.
Ahora una pregunta más: ¿Las otras cosas fuera de la cosa que cambia tambiĂ©n cambian? ¿Se mueven tambiĂ©n los que las mueven? Si es asĂ, todas ellas necesitan en este momento que otras cosas actĂşen sobre ellas, o de lo contrario no podrán cambiar. No importa cuántas cosas haya en la serie, cada una necesita algo fuera de sĂ misma para actualizar su potencialidad de cambio.
El universo es la suma total de todas estas cosas en movimiento, por muchas que sean. Todo el universo está en proceso de cambio. Pero ya hemos visto que el cambio en cualquier ser requiere una fuerza exterior que lo actualice. Por lo tanto, hay alguna fuerza fuera (además) del universo, algún ser real trascendente al universo. Esta es una de las cosas que se entiende por "Dios".
Brevemente, si no hay nada fuera del universo material, entonces no hay nada que pueda hacer que el universo cambie. Pero sà cambia. Por lo tanto, debe haber algo además del universo material. Pero el universo es la suma total de toda la materia, el espacio y el tiempo. Estas tres cosas dependen unas de otras. Por lo tanto, este ser fuera del universo está fuera de la materia, el espacio y el tiempo. No es algo cambiante; es la fuente inmutable del cambio.
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(2) El argumento de la causalidad eficiente
Nos damos cuenta de que algunas cosas causan que otras sean (que empiecen a ser, que continúen siendo, o ambas cosas). Por ejemplo, un hombre que toca el piano es la causa de la música que escuchamos. Si él deja de hacerlo, también lo hace la música.
Ahora pregĂşntate: ¿Son todas las cosas causadas para existir por otras cosas en este momento? Supongamos que lo son. Es decir, supongamos que no hay un Ser Incausado, ningun Dios. Entonces nada podrĂa existir ahora mismo. Porque recuerda, en la hipĂłtesis de no-Dios, todas las cosas necesitan una causa presente fuera de ellas mismas para existir. AsĂ que ahora mismo, todas las cosas, incluyendo todas las cosas que están causando otras cosas para ser, necesitan una causa. SĂłlo pueden dar el ser en la medida en que se les da el ser. Todo lo que existe, por tanto, segĂşn esta hipĂłtesis, necesita ser causado para existir.
Pero, ¿causado por quĂ©? Más allá de todo lo que es, sĂłlo puede haber nada. Pero eso es absurdo: toda la realidad depende, pero depende de la nada. La hipĂłtesis de que todo el ser es causado, de que no hay un Ser Incausado, es absurda. AsĂ que debe haber algo no causado, algo de lo que dependen todas las cosas que necesitan una causa eficiente del ser.
La existencia es como un don que se da de causa a efecto. Si no hay nadie que tenga el don, éste no puede pasar por la cadena de receptores, por muy larga o corta que sea la cadena. Si todo el mundo tiene que pedir prestado un determinado libro, pero nadie lo tiene, entonces nadie lo tendrá nunca. Si no hay un Dios que tenga existencia por su propia naturaleza eterna, entonces el don de la existencia no puede pasar por la cadena de criaturas y nunca podremos obtenerlo. Pero sà lo tenemos; existimos. Por lo tanto, tiene que existir un Dios: un Ser Incausado que no tiene que recibir la existencia como nosotros, y como cualquier otro eslabón de la cadena de receptores.
Pregunta 1: ¿Por quĂ© necesitamos una causa no causada? ¿Por quĂ© no podrĂa haber simplemente una serie interminable de cosas que se mantienen mutuamente en el ser?
La existencia es como un don que se da de causa a efecto. Si no hay nadie que tenga el don, éste no puede pasar por la cadena de receptores, por muy larga o corta que sea la cadena. Si todo el mundo tiene que pedir prestado un determinado libro, pero nadie lo tiene, entonces nadie lo tendrá nunca. Si no hay un Dios que tenga existencia por su propia naturaleza eterna, entonces el don de la existencia no puede pasar por la cadena de criaturas y nunca podremos obtenerlo. Pero sà lo tenemos; existimos. Por lo tanto, tiene que existir un Dios: un Ser Incausado que no tiene que recibir la existencia como nosotros, y como cualquier otro eslabón de la cadena de receptores.
Pregunta 1: ¿Por quĂ© necesitamos una causa no causada? ¿Por quĂ© no podrĂa haber simplemente una serie interminable de cosas que se mantienen mutuamente en el ser?
Respuesta: Esta es una hipĂłtesis atractiva. Piensa en un borracho soltero. Probablemente no podrĂa levantarse solo. Pero un grupo de borrachos, todos ellos apoyándose mutuamente, podrĂa ponerse de pie. Incluso podrĂan abrirse paso a lo largo de la calle. Pero fĂjese: Con tantos borrachos y con el suelo firme debajo de ellos, podemos entender que sus tropiezos se anulen entre sĂ y que el grupo se mantenga (relativamente) en pie. No podrĂamos entender que se mantuvieran erguidos si el suelo no los sostuviera, si, por ejemplo, estuvieran todos suspendidos a varios metros por encima de Ă©l. Y, por supuesto, si no hubiera borrachos de verdad, no habrĂa nada que entender.
Esto nos lleva a nuestro argumento. Las cosas tienen que existir para ser mutuamente dependientes; no pueden depender la una de la otra para todo su ser, porque entonces tendrĂan que ser, simultáneamente, causa y efecto de entre sĂ. A causa B, B causa C, y C causa A. Eso es absurdo. El argumento trata de mostrar por quĂ© puede darse -o puede existir- un mundo de causas causadas. Y simplemente señala: Si esta cosa sĂłlo puede existir porque otra cosa le da la existencia, entonces debe existir algo cuyo ser no es un don. De lo contrario, todo necesitarĂa al mismo tiempo que se le diera el ser, pero nada (además de "todo") podrĂa existir para darlo. Y eso significa que nada serĂa realmente.
Pregunta 2: ¿Por quĂ© no tener una serie interminable de causas causadas que se remonten al pasado? Entonces todo se actualizarĂa y serĂa realmente, aunque sus causas ya no existieran.
Respuesta: En primer lugar, si el argumento kalam (argumento 6) es correcto, no podrĂa existir una serie interminable de causas que se remonten al pasado. Pero supongamos que tal serie pudiera existir. El argumento no se refiere al pasado, y funcionarĂa tanto si el pasado es finito como infinito. Se refiere a lo que existe ahora mismo.
Incluso mientras lees esto, dependes de otras cosas; no podrĂas, ahora mismo, existir sin ellas. Supongamos que hay siete cosas asĂ. Si estas siete cosas no existieran, tĂş tampoco lo harĂas. Ahora supongamos que las siete dependen para su existencia ahora mismo de otras cosas más. Sin ellas, las siete de las que usted depende ahora no existirĂan, y usted tampoco. Imagina que todo el universo está formado por ti y las siete cosas que te sostienen. Si no hay nada más que ese universo de cosas cambiantes y dependientes, entonces el universo -y tĂş como parte de Ă©l- no podrĂa existir. Porque todo lo que es necesitarĂa ahora mismo ser dado; pero no habrĂa nada capaz de darlo. Y, sin embargo, tĂş eres y esto es. Por lo tanto, en ese caso debe existir algo además del universo de cosas dependientes, algo que no sea dependiente como ellas.
Y si debe existir en aquel caso, debe existir en éste. En nuestro mundo hay seguramente más de siete cosas que necesitan, ahora mismo, ser dadas. Pero esa necesidad no disminuye por el hecho de que haya más de siete. Al igual que nosotros
Si imaginamos más y más de ellos -incluso un número infinito, si eso fuera posible- simplemente estamos ampliando el conjunto de seres que están necesitados. Y esta necesidad -de ser, de existir- no puede ser satisfecha desde el conjunto imaginado. Pero es evidente que ha sido satisfecha, ya que los seres contingentes existen. Por lo tanto, hay una fuente de ser de la que depende nuestro universo material en este momento.
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(3) El argumento del tiempo y la contingencia
1. Observamos a nuestro alrededor cosas que nacen y desaparecen. Un árbol, por ejemplo, crece a partir de un pequeño brote, florece brillantemente y luego se marchita y muere.2. Lo que nace o deja de existir no tiene por quĂ© ser; su no-ser es una posibilidad real.3. Supongamos que nada tiene que ser; es decir, que el no ser es una posibilidad real para todo.4. Entonces ahora mismo no existirĂa nada. Pero,5. Si el universo comenzĂł a existir, entonces todo ser debe remontar su origen a algĂşn momento pasado antes del cual no existĂa -literalmente- nada en absoluto.6. De la nada no sale nada. Asi que,7. El universo no podrĂa haber comenzado.8. Pero supongamos que el universo nunca comenzĂł. Entonces, durante la duraciĂłn infinitamente larga de la historia cĂłsmica, todo ser tenĂa la posibilidad incorporada de no ser. Pero,9. Si en un tiempo infinito esa posibilidad nunca se realizĂł, entonces no pudo ser una posibilidad real en absoluto. Asi que,10. Debe existir algo que tiene que existir, que no puede no existir. Este tipo de ser se llama necesario.11. O bien esta necesidad pertenece a la cosa en sĂ misma o se deriva de otra. Si se deriva de otro, debe existir en Ăşltima instancia un ser cuya necesidad no se derive, es decir, un ser absolutamente necesario.12. Este ser absolutamente necesario es Dios.
Pregunta 1: Aunque de hecho nunca salgas de tu casa en todo el dĂa, era posible que lo hicieras. ¿Por quĂ© es imposible que el universo siga existiendo, aunque fuera posible que dejara de existir?
Respuesta: Los dos casos no son realmente paralelos. Salir de tu casa en un dĂa determinado es algo que puedes elegir o no hacer. Pero si el no-ser es una posibilidad real para ti, entonces eres el tipo de ser que no puede durar para siempre. En otras palabras, la posibilidad de no ser debe estar incorporada, "programada", formar parte de tu propia constituciĂłn, ser una propiedad necesaria. Y si todo el ser es asĂ, ¿cĂłmo podrĂa seguir existiendo algo despuĂ©s del paso de un tiempo infinito? Porque un tiempo infinito es tan largo como la eternidad. AsĂ que el ser debe tener lo necesario para durar eternamente, es decir, para seguir existiendo durante un tiempo infinito. Por tanto, debe existir en el ámbito del ser algo que no tienda a desaparecer. Y este tipo de ser, como dice el Aquinate, se llama "necesario".
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(4) El argumento de los grados de perfecciĂłn
Observamos a nuestro alrededor cosas que varĂan en ciertos aspectos. Un tono de color, por ejemplo, puede ser más claro o más oscuro que otro; una tarta de manzana reciĂ©n horneada está más caliente que una sacada del horno horas antes; la vida de una persona que da y recibe amor es mejor que la de una que no lo hace.
Asà que ordenamos algunas cosas en términos de más y menos. Y cuando lo hacemos, naturalmente pensamos en ellas en una escala que se aproxima al más y al menos. Por ejemplo, pensamos que lo más claro se acerca a la luminosidad del blanco puro, y lo más oscuro se acerca a la opacidad del negro total. Esto significa que pensamos en ellos a varias "distancias" de los extremos, y como si poseyeran, en grados de "más" o "menos", lo que los extremos poseen en su totalidad.
A veces es la distancia literal a un extremo lo que marca la diferencia entre "más" y "menos". Por ejemplo, las cosas son más o menos calientes cuando están más o menos alejadas de una fuente de calor. La fuente comunica a esas cosas la cualidad de calor que poseen en mayor o menor medida. Esto significa que el grado de calor que poseen es causado por una fuente exterior a ellas.
Ahora bien, cuando pensamos en la bondad de las cosas, parte de lo que queremos decir se refiere a lo que son simplemente como seres. Creemos, por ejemplo, que una forma de ser relativamente estable y permanente es mejor que una fugaz y precaria. ¿Por quĂ©? Porque aprehendemos a un nivel profundo (pero no siempre consciente) que el ser es la fuente y la condiciĂłn de todo valor; finalmente y en Ăşltima instancia, el ser es mejor que el no ser. Y por eso reconocemos la superioridad inherente de todas aquellas formas de ser que amplĂan las posibilidades, nos liberan de los confines constrictivos de la materia y nos permiten compartir, enriquecer y ser enriquecidos por el ser de otras cosas. En otras palabras, todos reconocemos que el ser inteligente es mejor que el ser no inteligente; que un ser capaz de dar y recibir amor es mejor que uno que no puede hacerlo; que nuestra forma de ser es mejor, más rica y más plena que la de una piedra, una flor, una lombriz, una hormiga o incluso una foca bebĂ©.
Pero si estos grados de perfecciĂłn pertenecen al ser y el ser es causado en las criaturas finitas, entonces debe existir un "mejor", una fuente y norma real de todas las perfecciones que reconocemos nos pertenecen como seres.
Este ser absolutamente perfecto -el "Ser de todos los seres", "la PerfecciĂłn de todas las perfecciones"- es Dios.
Pregunta 1: El argumento supone un verdadero "mejor". "Pero, ¿no son todos nuestros juicios de valor comparativo meramente subjetivos?
Respuesta: El mismo hecho de formular esta pregunta la responde. Porque el que pregunta no la habrĂa formulado si no pensara que es realmente mejor hacerlo que no hacerlo, y realmente mejor encontrar la verdadera respuesta que no hacerlo. Se puede hablar de subjetivismo pero no se puede vivirlo.
(5) El argumento del diseño
Este tipo de argumento tiene un atractivo amplio y perenne. Casi todo el mundo admite que la reflexiĂłn sobre el orden y la belleza de la naturaleza toca algo muy profundo dentro de nosotros. Pero, ¿son el orden y la belleza producto de un diseño inteligente y un propĂłsito consciente? Para los teĂstas la respuesta es sĂ. Los argumentos a favor del diseño son intentos de reivindicar esta respuesta; de mostrar por quĂ© es la más razonable. Se han formulado de formas tan variadas como la experiencia en la que se basan. La siguiente muestra el nĂşcleo o la idea central.
1. El universo muestra una asombrosa cantidad de inteligibilidad, tanto dentro de las cosas que observamos como en la forma en que estas cosas se relacionan con otras fuera de ellas. Es decir: la forma en que existen y coexisten muestra un orden y una regularidad intrincadamente bellos que pueden llenar de asombro incluso al observador más casual. La norma en la naturaleza es que muchos seres diferentes trabajen juntos para producir el mismo fin valioso; por ejemplo, los órganos del cuerpo trabajan para nuestra vida y salud. (Véase también el argumento 8.)2. Este orden inteligible es producto del azar o de un diseño inteligente.3. No es casualidad.4. Por lo tanto, el universo es el producto de un diseño inteligente.5. El diseño sólo proviene de una mente, de un diseñador.6. Por lo tanto, el universo es el producto de un Diseñador inteligente.
La primera premisa es ciertamente cierta, incluso los que se resisten al argumento lo admiten. Quien no lo hiciera tendrĂa que ser casi patĂ©ticamente obtuso. Una sola molĂ©cula de proteĂna es una cosa de orden inmensamente impresionante; mucho más una sola cĂ©lula; e increĂblemente mucho más un Ăłrgano como el ojo, donde partes ordenadas de enorme y delicada complejidad trabajan juntas con otras innumerables para lograr un fin determinado. Incluso los elementos quĂmicos están ordenados para combinarse con otros elementos de determinadas maneras y bajo ciertas condiciones. El desorden aparente es un problema precisamente por la abrumadora omnipresencia del orden y la regularidad. AsĂ que la primera premisa se mantiene.
Si todo este orden no es de alguna manera el producto de un diseño inteligente, ¿entonces quĂ©? Obviamente, "simplemente sucediĂł". Las cosas simplemente cayeron de esa manera "por casualidad". Alternativamente, si todo este orden no es el producto de fuerzas ciegas y sin propĂłsito, entonces ha sido el resultado de algĂşn tipo de propĂłsito. Ese propĂłsito sĂłlo puede ser un diseño inteligente. AsĂ que la segunda premisa se mantiene.
Por supuesto, la tercera premisa es la crucial. En Ăşltima instancia, nos dicen los no creyentes, es efectivamente por casualidad y no por ningĂşn diseño que el universo de nuestra experiencia existe de la manera que lo hace. Simplemente tiene este orden, y la carga de la prueba recae en los creyentes para demostrar por quĂ© esto no podrĂa ser asĂ sĂłlo por casualidad.
Pero esto parece un poco atrasado. Seguramente los no creyentes tienen que presentar una alternativa creĂble al diseño. Y el "azar" simplemente no es creĂble. Porque sĂłlo podemos entender el azar en un contexto de orden. Decir que algo ha ocurrido "por casualidad" es decir que no ha resultado como esperábamos, o que ha resultado de una manera que no esperábamos. Pero la expectativa es imposible sin orden. Si se suprime el orden y se habla sĂłlo del azar como una especie de fuente Ăşltima, se suprime el Ăşnico trasfondo que nos permite hablar con sentido del azar. En lugar de pensar en el azar sobre un fondo de orden, se nos invita a pensar en el orden -un orden abrumadoramente intrincado y omnipresente- sobre un fondo de azar sin propĂłsito. Francamente, eso es increĂble. Por tanto, es eminentemente razonable afirmar la tercera premisa, no el azar, y por tanto afirmar la conclusiĂłn, que este universo es el producto de un diseño inteligente.
Pregunta 1: ¿Acaso la teorĂa darwiniana de la evoluciĂłn no nos ha mostrado cĂłmo es posible que todo el orden del universo haya surgido por azar?
Respuesta: En absoluto. Si la teorĂa darwiniana ha mostrado algo, ha mostrado, de manera general, cĂłmo las especies pueden haber descendido de otras a travĂ©s de mutaciones al azar; y cĂłmo la supervivencia de estas especies puede ser explicada por la selecciĂłn natural-por la aptitud de algunas especies para sobrevivir en su entorno. En ningĂşn caso explica -puede hacerlo- el orden y la inteligibilidad omnipresentes de la naturaleza. Más bien, presupone el orden. Para citar una famosa frase: "La supervivencia del más apto presupone la llegada de los aptos". Si los darwinianos quieren extrapolar su teorĂa puramente biolĂłgica y mantener que todo el vasto orden que nos rodea es el resultado de cambios aleatorios, entonces están diciendo algo que ninguna evidencia empĂrica podrĂa confirmar; que ninguna ciencia empĂrica podrĂa demostrar; y que, a primera vista, es simplemente increĂble.
Pregunta 2: Tal vez sĂłlo en esta regiĂłn del universo se encuentre el orden. Quizá haya otras partes desconocidas para nosotros que sean completamente caĂłticas, o quizá el universo se vuelva caĂłtico algĂşn dĂa en el futuro. ¿QuĂ© ocurre entonces con el argumento?
Respuesta: Tanto los creyentes como los no creyentes experimentan el mismo universo. Es Ă©ste el que está diseñado o no. Y este mundo de nuestra experiencia comĂşn es un mundo de orden e inteligibilidad omnipresentes. Hay que afrontar este hecho. Antes de especular sobre lo que será en el futuro o lo que puede ser en otro lugar del presente, tenemos que enfrentarnos honestamente a lo que es. Tenemos que reconocer sin tapujos la extensiĂłn -la abrumadora extensiĂłn- del orden y la inteligibilidad. Entonces podremos preguntarnos: ¿Es creĂble suponer que habitamos una pequeña isla de orden rodeada por un vasto mar de caos, un mar que amenaza con engullirnos algĂşn dĂa?
SĂłlo hay que considerar cĂłmo en las Ăşltimas dĂ©cadas hemos forzado de forma fantástica los lĂmites de nuestro conocimiento; hemos lanzado nuestra visiĂłn mucho más allá de este planeta y mucho más allá de los elementos que lo componen. ¿Y quĂ© ha revelado esta expansiĂłn de nuestros horizontes? Siempre lo mismo: más -y no menos- inteligibilidad; más -y no menos- orden complejo e intrincado. No sĂłlo no hay razĂłn para creer en un caos circundante, sino que hay muchas razones para no hacerlo. Esto se opone a la experiencia que todos nosotros -creyentes y no creyentes- tenemos en comĂşn.
Algo parecido puede decirse del futuro. Sabemos cĂłmo se han comportado y se comportan las cosas en el universo. Y asĂ, hasta que tengamos alguna razĂłn para pensar lo contrario, hay muchas razones para creer que continuará en su camino ordenado de descenso. Ninguna especulaciĂłn puede anular lo que sabemos.
Y, de todos modos, ¿quĂ© tipo de caos nos pide exactamente esta pregunta?
¿Que el efecto precede a la causa? ¿Que la ley de la no contradicciĂłn no se cumple? ¿Que no es necesario que exista lo que se necesita para que alguna cosa existente exista? Estas sugerencias son completamente ininteligibles; si pensamos en ellas, es sĂłlo para rechazarlas como imposibles. ¿Podemos imaginar menos orden? SĂ. ¿Una reorganizaciĂłn del orden que experimentamos? SĂ. ¿Pero un desorden y un caos totales? Eso nunca puede considerarse una posibilidad real. Especular sobre ello como si lo fuera es realmente una pĂ©rdida de tiempo.
Pregunta 3: Pero, ¿y si el orden que experimentamos no es más que un producto de nuestra mente? Aunque no podamos pensar en el caos y el desorden absolutos, tal vez la realidad sea asĂ.
Respuesta: Nuestra mente es el Ăşnico medio por el que podemos conocer la realidad. No tenemos otro acceso. Si estamos de acuerdo en que algo no puede existir en el pensamiento, no podemos seguir diciendo que, sin embargo, podrĂa existir en la realidad. Porque entonces estarĂamos pensando lo que afirmamos que no puede ser pensado.
Supongamos que usted afirma que el orden es sĂłlo un producto de nuestra mente. Esto le coloca en una posiciĂłn muy incĂłmoda. Estás diciendo que debemos pensar en la realidad en tĂ©rminos de orden e inteligibilidad, pero las cosas pueden no existir de esa manera en realidad. Ahora bien, proponer algo para su consideraciĂłn es pensar en ello. AsĂ que estás diciendo: (a) debemos pensar en la realidad de una manera determinada, pero (b) como pensamos que las cosas pueden no existir de hecho de esa manera, entonces (c) ¡no necesitamos pensar en la realidad de la manera en que debemos pensarla!
¿Estamos dispuestos a pagar un precio tan alto para negar que el ser del universo muestra un diseño inteligente? A primera vista, no parece rentable.
La palabra árabe kalam significa literalmente "discurso", pero pasĂł a denotar un cierto tipo de teologĂa filosĂłfica, un tipo que contenĂa demostraciones de que el mundo no podĂa ser infinitamente antiguo y, por tanto, debĂa haber sido creado por Dios. Este tipo de demostraciĂłn ha tenido un largo y amplio atractivo tanto entre los cristianos como entre los musulmanes. Su forma es sencilla y directa.
SĂłlo hay que considerar cĂłmo en las Ăşltimas dĂ©cadas hemos forzado de forma fantástica los lĂmites de nuestro conocimiento; hemos lanzado nuestra visiĂłn mucho más allá de este planeta y mucho más allá de los elementos que lo componen. ¿Y quĂ© ha revelado esta expansiĂłn de nuestros horizontes? Siempre lo mismo: más -y no menos- inteligibilidad; más -y no menos- orden complejo e intrincado. No sĂłlo no hay razĂłn para creer en un caos circundante, sino que hay muchas razones para no hacerlo. Esto se opone a la experiencia que todos nosotros -creyentes y no creyentes- tenemos en comĂşn.
Algo parecido puede decirse del futuro. Sabemos cĂłmo se han comportado y se comportan las cosas en el universo. Y asĂ, hasta que tengamos alguna razĂłn para pensar lo contrario, hay muchas razones para creer que continuará en su camino ordenado de descenso. Ninguna especulaciĂłn puede anular lo que sabemos.
Y, de todos modos, ¿quĂ© tipo de caos nos pide exactamente esta pregunta?
¿Que el efecto precede a la causa? ¿Que la ley de la no contradicciĂłn no se cumple? ¿Que no es necesario que exista lo que se necesita para que alguna cosa existente exista? Estas sugerencias son completamente ininteligibles; si pensamos en ellas, es sĂłlo para rechazarlas como imposibles. ¿Podemos imaginar menos orden? SĂ. ¿Una reorganizaciĂłn del orden que experimentamos? SĂ. ¿Pero un desorden y un caos totales? Eso nunca puede considerarse una posibilidad real. Especular sobre ello como si lo fuera es realmente una pĂ©rdida de tiempo.
Pregunta 3: Pero, ¿y si el orden que experimentamos no es más que un producto de nuestra mente? Aunque no podamos pensar en el caos y el desorden absolutos, tal vez la realidad sea asĂ.
Respuesta: Nuestra mente es el Ăşnico medio por el que podemos conocer la realidad. No tenemos otro acceso. Si estamos de acuerdo en que algo no puede existir en el pensamiento, no podemos seguir diciendo que, sin embargo, podrĂa existir en la realidad. Porque entonces estarĂamos pensando lo que afirmamos que no puede ser pensado.
Supongamos que usted afirma que el orden es sĂłlo un producto de nuestra mente. Esto le coloca en una posiciĂłn muy incĂłmoda. Estás diciendo que debemos pensar en la realidad en tĂ©rminos de orden e inteligibilidad, pero las cosas pueden no existir de esa manera en realidad. Ahora bien, proponer algo para su consideraciĂłn es pensar en ello. AsĂ que estás diciendo: (a) debemos pensar en la realidad de una manera determinada, pero (b) como pensamos que las cosas pueden no existir de hecho de esa manera, entonces (c) ¡no necesitamos pensar en la realidad de la manera en que debemos pensarla!
¿Estamos dispuestos a pagar un precio tan alto para negar que el ser del universo muestra un diseño inteligente? A primera vista, no parece rentable.
(6) El argumento cosmologico kalam
La palabra árabe kalam significa literalmente "discurso", pero pasĂł a denotar un cierto tipo de teologĂa filosĂłfica, un tipo que contenĂa demostraciones de que el mundo no podĂa ser infinitamente antiguo y, por tanto, debĂa haber sido creado por Dios. Este tipo de demostraciĂłn ha tenido un largo y amplio atractivo tanto entre los cristianos como entre los musulmanes. Su forma es sencilla y directa.
1. Todo lo que comienza a existir tiene una causa.2. El universo comenzĂł a existir.3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.
Acepte la primera premisa. (La mayorĂa de la gente -fuera de los manicomios y las escuelas de posgrado- la considerarĂa no sĂłlo cierta, sino segura y obviamente verdadera).
¿Es cierta la segunda premisa? ¿EmpezĂł a existir el universo -el conjunto de todas las cosas delimitadas por el espacio y el tiempo-? Esta premisa ha recibido recientemente un fuerte apoyo de la ciencia natural, de la llamada CosmologĂa del Big Bang. Pero tambiĂ©n hay argumentos filosĂłficos a su favor. ¿Puede una tarea infinita realizarse o completarse alguna vez? Si para llegar a un determinado fin tuvieran que precederle infinitos pasos, ¿podrĂa alcanzarse alguna vez el fin? Por supuesto que no, ni siquiera en un tiempo infinito. Porque un tiempo infinito serĂa interminable, al igual que los pasos. En otras palabras, nunca se alcanzarĂa el final. La tarea no podrĂa completarse nunca.
¿Pero quĂ© pasa con el paso justo antes del final? ¿PodrĂa alcanzarse ese punto alguna vez? Pues bien, si la tarea es realmente infinita, entonces una infinidad de pasos tambiĂ©n deben haberla precedido. Y, por tanto, el paso justo antes del final tampoco podrĂa alcanzarse nunca. Pero tampoco podrĂa alcanzarse el paso que le precede. De hecho, no se podrĂa alcanzar ningĂşn paso de la secuencia, porque una infinidad de pasos siempre debe haber precedido a cualquier paso; siempre debe haber sido recorrido uno a uno antes de Ă©l. El problema viene de suponer que una secuencia infinita podrĂa llegar, por sucesiĂłn temporal, a cualquier punto.
Ahora bien, si el universo nunca comenzĂł, entonces siempre fue. Si siempre fue, entonces es infinitamente viejo. Si es infinitamente viejo, entonces tendrĂa que haber transcurrido una cantidad infinita de tiempo antes de (digamos) hoy. Por lo tanto, para llegar al dĂa de hoy, deben haber transcurrido infinitos dĂas - un dĂa tras otro, un poco de tiempo añadido a lo anterior-. Pero esto es exactamente paralelo al problema de una tarea infinita. Si se ha llegado al dĂa presente, entonces la secuencia realmente infinita de la historia ha llegado a este punto presente: de hecho, se ha completado hasta este punto, ya que en cualquier punto presente todo el pasado debe haber ocurrido ya. Pero una secuencia infinita de pasos nunca podrĂa haber llegado a este punto presente, ni a ningĂşn punto anterior.
Por lo tanto, o bien no se ha alcanzado la actualidad, o bien el proceso para alcanzarla no ha sido infinito. Pero, obviamente, el dĂa actual ha sido alcanzado. AsĂ que el proceso para llegar a Ă©l no fue infinito. En otras palabras, el universo comenzĂł a existir. Por lo tanto, el universo tiene una causa para llegar a existir, un Creador.
Pregunta 1: Los cristianos creen que van a vivir para siempre con Dios. AsĂ que creen que el futuro será interminable. ¿CĂłmo es que el pasado no puede ser tambiĂ©n interminable?
Respuesta: La pregunta se responde por sà misma. Los cristianos creen que su vida con Dios nunca terminará. Eso significa que nunca formará una serie infinita realmente completada. En un lenguaje más técnico: un futuro sin fin es potencialmente -pero nunca realmente- infinito. Esto significa que, aunque la naturaleza nunca dejará de expandirse y aumentar, su extensión real siempre será finita. Pero eso sólo puede ser cierto si toda la realidad creada tuvo un principio.
Pregunta 2: ¿CĂłmo sabemos que la causa del universo sigue existiendo? Tal vez el universo empezĂł a funcionar y luego dejĂł de existir.
Respuesta: Recuerda que buscamos una causa del ser espacio-temporal. Esta causa creĂł todo el universo del espacio y del tiempo. Y el espacio y el tiempo mismos deben ser parte de esa creaciĂłn. AsĂ que la causa no puede ser otro ser espacio-temporal. (Si lo fuera, volverĂan a surgir todos los problemas sobre la duraciĂłn infinita). Debe estar de alguna manera fuera de las limitaciones y restricciones del espacio y el tiempo.
Es difĂcil entender cĂłmo un ser asĂ podrĂa "dejar de ser". Sabemos cĂłmo deja de ser un ser dentro del universo: llega a ser fatalmente afectado por alguna agencia externa a Ă©l. Pero esta imagen es propia de nosotros, y de todos los seres limitados de alguna manera por el espacio y el tiempo. Un ser no limitado de esta manera no puede "venir" a ser o "dejar de ser". Si existe, debe existir eternamente.
Pregunta 3: Y si todo tiene una causa, ¿quiĂ©n causo a Dios?
Se esta partiendo desde una visiĂłn equivocada del argumento, el argumento no dice “Todo lo que existe tiene una causa” si no que dice “Todo lo que comienza a existir tiene una causa”, y Dios no comenzĂł a existir, y de hecho esto tiene una explicaciĂłn, y esta es, Dios al ser el creador de todo, tambiĂ©n creo el tiempo, y eso dice que existĂa antes del tiempo, imagĂnense una lĂnea temporal, la lĂnea temporal comienza una vez Dios ya creo el tiempo, el que Dios este fuera del tiempo es lo que explica que no sea causado, ya que al no haber tiempo, al no haber antes ni despuĂ©s, no se le puede pedir una causa anterior, ya que el antes y el despuĂ©s, solo entra dentro el tiempo y Dios está fuera del tiempo.
Pregunta 4: Sin embargo, ¿Como un Dios atemporal no puede causar el universo?
Esto no es necesariamente cierto, hay muchas causas que son simultaneas a su efecto, por ejemplo, pensemos en una bola metálica en un colchĂłn, la bola ejerce presiĂłn al mismo tiempo que la gravedad afecta a que el colchĂłn se hunda, u otro ejemplo alguien estruja una lata de metal, la fuerza aplicada se da al mismo tiempo que la lata de bebida se estruja y por ultimo un balĂłn de futbol, el balĂłn se mueve al mismo tiempo que el taco del zapato lo va moviendo, y algunos podrĂan contra argumentar, que incluso para ese tipo de causalidad se necesita tiempo, pero recordemos que Dios al ser atemporal, vive en un eterno presente, y la causalidad simultanea pasa en el presente, por lo mismo, Dios pudo haber creado al mismo tiempo el universo, mientras este se empezaba a crear.
Pregunta 5: Aunque, ¿Acaso no es verdad que no todo comienza a existir de la misma manera?
Pregunta 5: Aunque, ¿Acaso no es verdad que no todo comienza a existir de la misma manera?
Respuesta: Es verdad, pero, el Kalam siempre se refiere a la misma definición, para eso tenemos que aclarar dos términos usados y creados por Aristóteles, la causa eficiente y material, la causa material es lo que compone al objeto causado, mientras que la causa eficiente es el agente o el accionar que produce al objeto causado, por ejemplo, una abuela que le teje una bufanda a su nieto, mientras que la lana es la causa material, la abuela es la causa eficiente, porque ella es la que actúa sobre el material y es la que trae a la bufanda a la existencia, en el Kalam desde la primera premisa se refiere a causa eficiente,
PodrĂamos reformular el argumento de esta forma:
PodrĂamos reformular el argumento de esta forma:
1-. Todo lo que comienza a existir tiene una causa eficiente.2-. El universo comenzĂł a existir3-. El universo tiene una causa eficiente.
Como usamos el mismo término para las dos premisas, no se nos puede acusar de cometer una falacia de equivocación, como lo intenta hacer esta pregunta.
Pregunta 6: Aun asi, ¿El argumento no podria ser reformulado contra la hipotesis teista?
Es cierto que algunas personas pueden intentar argumentar de esta forma pretendiendo seguir la misma logica del Kalam:
1-. Toda causa de algo, precede en el tiempo a ese algo2-. No hay nada que preceda en el tiempo al Universo3-. El universo no tiene una causa
No obstante, este tipo de intentos fallan, la primera premisa no es correcta, como dijimos anteriormente una causa puede ser simultánea a su efecto, como al poner un gato en una almohada, la almohada va hundiéndose, mientras la gravedad ejerce presión sobre ella, ademas no se necesita tiempo antes del universo, para decir que este comenzó a existir, o más bien llegan a ser.
PodrĂamos reformular el argumento de esta forma:
1-. Todo lo que llega a ser tiene una causa.2-. El universo llego a ser.3-. El universo tiene una causa.
Pregunta 7: Pero, ¿es esta causa Dios- un Ă©l y no un mero eso?
Respuesta: Supongamos que la causa del universo ha existido eternamente. Supongamos, además, que esta causa no es personal: que ha dado origen al universo, no por ninguna elecciĂłn, sino simplemente por su ser. En ese caso es difĂcil ver cĂłmo el universo podrĂa ser algo más que infinitamente antiguo, ya que todas las condiciones necesarias para el ser del universo existirĂan desde toda la eternidad. Pero el argumento kalam ha demostrado que el universo no puede ser infinitamente antiguo. AsĂ que la hipĂłtesis de una causa impersonal eterna parece llevar a una inconsistencia.
¿Hay una salida? SĂ, si el universo es el resultado de una elecciĂłn personal libre. Entonces, al menos tenemos alguna forma de ver cĂłmo una causa eterna podrĂa dar lugar a un efecto temporalmente limitado. Por supuesto, el argumento kalam no prueba todo lo que los cristianos creen sobre Dios, pero ¿quĂ© prueba lo hace? Sin embargo, menos que todo, está lejos de ser nada. Y el argumento kalam demuestra algo fundamental para la creencia cristiana en Dios: que el universo no es eterno y sin principio; que hay un Hacedor del cielo y de la tierra. Y al hacerlo, refuta la imagen del universo que la mayorĂa de los ateos desean mantener: materia autosuficiente, que cambia sin cesar en un tiempo sin fin.
Respuesta: Supongamos que la causa del universo ha existido eternamente. Supongamos, además, que esta causa no es personal: que ha dado origen al universo, no por ninguna elecciĂłn, sino simplemente por su ser. En ese caso es difĂcil ver cĂłmo el universo podrĂa ser algo más que infinitamente antiguo, ya que todas las condiciones necesarias para el ser del universo existirĂan desde toda la eternidad. Pero el argumento kalam ha demostrado que el universo no puede ser infinitamente antiguo. AsĂ que la hipĂłtesis de una causa impersonal eterna parece llevar a una inconsistencia.
¿Hay una salida? SĂ, si el universo es el resultado de una elecciĂłn personal libre. Entonces, al menos tenemos alguna forma de ver cĂłmo una causa eterna podrĂa dar lugar a un efecto temporalmente limitado. Por supuesto, el argumento kalam no prueba todo lo que los cristianos creen sobre Dios, pero ¿quĂ© prueba lo hace? Sin embargo, menos que todo, está lejos de ser nada. Y el argumento kalam demuestra algo fundamental para la creencia cristiana en Dios: que el universo no es eterno y sin principio; que hay un Hacedor del cielo y de la tierra. Y al hacerlo, refuta la imagen del universo que la mayorĂa de los ateos desean mantener: materia autosuficiente, que cambia sin cesar en un tiempo sin fin.
Vease tambien,
(7) El argumento de la contingencia
La forma básica de este argumento es sencilla.
1. Si algo existe, debe existir lo necesario para que esa cosa exista.2. El universo -el conjunto de seres en el espacio y el tiempo- existe.3. Por lo tanto, debe existir lo necesario para que el universo exista.4. Lo que se necesita para que el universo exista no puede existir dentro del universo ni estar limitado por el espacio y el tiempo.5. Por lo tanto, lo que hace que el universo exista debe trascender tanto el espacio como el tiempo.
Supongamos que se niega la primera premisa. Entonces, si X existe, no es necesario que exista lo que hace falta para que X exista. Pero "lo que se necesita para que X exista" significa la(s) condiciĂłn(es) inmediata(s) para la existencia de X. Quiere decir que X existe sĂłlo si Y. Sin Y, no puede haber X. AsĂ que la negaciĂłn de la premisa 1 equivale a esto: X existe; X sĂłlo puede existir si existe Y; y Y no existe. Esto es absurdo. AsĂ que debe existir lo que se necesita para que el universo exista. ¿Pero quĂ© es lo que hace falta?
Hablamos del universo como "el conjunto de seres en el espacio y el tiempo". Considera uno de esos seres: tú mismo. Tú existes y eres, al menos en parte, material. Esto significa que eres un ser finito, limitado y cambiante, pues la materia es un principio de limitación y cambio. Como eres limitado y cambiante, sabes que ahora mismo, mientras lees esto, dependes para tu existencia de seres externos a ti. No de tus padres o abuelos. Puede que ellos ya no estén vivos, pero tú existes ahora. Y ahora mismo dependes de muchas cosas para existir, por ejemplo, del aire que respiras. Ser dependiente de esta manera es ser contingente. Tú existes si otra cosa existe en este momento.
Pero no todo puede ser asĂ. Porque entonces todo necesitarĂa ser dado, pero no habrĂa nada capaz de darlo. No existirĂa lo que hace falta para que algo exista. Por tanto, tiene que haber algo que no exista condicionalmente; algo que no exista sĂłlo si existe otra cosa; algo que exista en sĂ mismo. Lo que hace falta para que esta cosa a existir sĂłlo podrĂa ser esta cosa misma. A diferencia de la realidad material cambiante, no habrĂa distancia, por asĂ decirlo, entre lo que es esta cosa y lo que es. Evidentemente, el conjunto de seres que cambian en el espacio y en el tiempo no puede ser tal cosa. Por lo tanto, lo que se necesita para que el universo exista no puede ser idĂ©ntico al universo mismo o a una parte del universo.
Pregunta 1: Pero, ¿por quĂ© deberĂamos llamar a esta causa "Dios"? Tal vez haya algo desconocido que fundamenta el universo de cambio en el que vivimos.
Respuesta: Es cierto. Y este "desconocido" es Dios. Lo que los humanos conocemos directamente es este mundo sensiblemente cambiante. También sabemos que debe existir lo que sea necesario para que algo exista. Por lo tanto, sabemos que ni este universo cambiante en su conjunto ni ninguna parte de él puede ser en sà misma lo que hace falta para que el universo exista. Pero no tenemos ese conocimiento directo de la causa de las cosas cambiantes. Sabemos que debe existir una causa; sabemos que esta causa no puede ser finita o material, que debe trascender tales limitaciones. Pero lo que es esta causa última en sà misma sigue siendo, hasta ahora, un misterio.
Hay más cosas que puede decir la razĂłn; y hay mucho más que Dios ha dado a conocer sobre sĂ mismo a travĂ©s de la revelaciĂłn. Pero las pruebas nos han dado tambiĂ©n un conocimiento real: el conocimiento de que el universo es creado; el conocimiento de que ahora mismo se mantiene en el ser por una causa no limitada por ningĂşn lĂmite material, que trasciende el tipo de ser que los humanos conocemos directamente. Y eso es sin duda un conocimiento que vale la pena tener. PodrĂamos averiguar que la muerte de alguien fue un asesinato y no un accidente, sin averiguar exactamente quiĂ©n lo hizo y por quĂ©, y esto podrĂa dejarnos frustrados e insatisfechos. Pero al menos sabrĂamos quĂ© camino de interrogaciĂłn seguir; al menos sabrĂamos que alguien lo hizo.
Lo mismo ocurre con las pruebas. Nos permiten saber que en todo momento el ser del universo es el acto creativo de un Dador, un Dador que trasciende todas las limitaciones materiales y espirituales. Más allá de eso, no nos dicen mucho sobre quĂ© o quiĂ©n es ese Dador, pero apuntan en una direcciĂłn muy definida. Sabemos que esta Realidad Ăšltima -el Dador del ser- no puede ser material. Y sabemos que el don que se da incluye el ser personal: la inteligencia, la voluntad y el espĂritu.
La causa trascendente infinita de estas cosas no puede ser menos de lo que son, sino que debe ser infinitamente más. Cómo y de qué manera no lo sabemos. Hasta cierto punto, este Dador debe permanecer siempre desconocido para la razón humana. No debemos esperar otra cosa. Pero la razón puede al menos hacernos saber que "alguien lo hizo". Y eso tiene un gran valor.
(8) El argumento del mundo como un todo que interactĂşa
Norris Clarke, que enseñó metafĂsica y filosofĂa de la religiĂłn durante muchos años en Fordham, ha hecho circular en privado una intrigante versiĂłn del argumento del diseño. La presentamos aquĂ, ligeramente abreviada y revisada, para su reflexiĂłn.
Punto de partida. Este mundo nos es dado como un sistema dinámico y ordenado de muchos elementos componentes activos. Sus naturalezas (propiedades naturales) están ordenadas para interactuar entre sĂ en relaciones estables y recĂprocas que llamamos leyes fĂsicas. Por ejemplo, cada átomo de hidrĂłgeno en nuestro universo está ordenado para combinarse con cada átomo de oxĂgeno en la proporciĂłn de 2:1 (lo que implica que cada átomo de oxĂgeno está recĂprocamente ordenado para combinarse con cada átomo de hidrĂłgeno en la proporciĂłn de 1:2). Lo mismo ocurre con las valencias quĂmicas de todos los elementos básicos. AsĂ tambiĂ©n todas las partĂculas con masa están ordenadas a moverse unas hacia otras segĂşn las proporciones fijas de la ley de la gravedad.
En un sistema interconectado, entrelazado y dinámico como éste, la naturaleza activa de cada componente se define por su relación con los demás y, por tanto, presupone a los demás para su propia inteligibilidad y capacidad de actuación. La ciencia contemporánea nos revela que nuestro sistema-mundo no es un mero agregado de muchas leyes separadas e inconexas, sino más bien un conjunto estrechamente entrelazado, en el que la relación con el todo estructura y determina las partes. Las partes ya no pueden entenderse al margen del todo; su influencia las impregna a todas.
Argumento. En un sistema como el anterior (como nuestro mundo) ninguna parte o elemento activo puede ser autosuficiente o autoexplicable. Porque cualquier parte presupone que todas las demás partes -el sistema completo ya en su lugar- coincidan con sus propias propiedades relacionales. No puede actuar si los demás no están ahĂ para interactuar recĂprocamente con ella. Una parte sĂłlo podrĂa ser autosuficiente si fuera la causa de todo el resto del sistema, lo cual es imposible, ya que ninguna parte puede actuar sino en colaboraciĂłn con las demás.
El sistema en su conjunto tampoco puede explicar su propia existencia, ya que está formado por las partes que lo componen y no es un ser separado, por sà mismo, independiente de ellas. Asà que ni las partes ni el todo son autosuficientes; ninguno de ellos puede explicar la existencia real de este sistema dinámicamente interactivo.
Tres conclusiones
1. Puesto que las partes sĂłlo tienen sentido dentro del todo, y ni el todo ni las partes pueden explicar su propia existencia, entonces un sistema como nuestro mundo requiere una causa eficiente unificadora para plantear su existencia como un todo unificado.
2. Una causa de este tipo debe ser una causa inteligente, que haga nacer el sistema segĂşn una idea unificadora. Porque la unidad del todo -y de cada una de las leyes fĂsicas globales, cĂłsmicas, que unen los elementos bajo sĂ mismos- es lo que determina y correlaciona las partes. Por lo tanto, debe estar presente de alguna manera como un factor organizador efectivo. Pero la unidad, la totalidad, del todo trasciende cualquier parte y, por lo tanto, no puede estar contenida en ninguna parte. Para estar realmente presente de una vez como un todo, esta unidad sĂłlo puede ser la unidad de una idea organizadora y unificadora. Porque sĂłlo una idea puede mantener unidos muchos elementos diferentes a la vez sin destruir o fusionar su distinciĂłn. Esa es casi la definiciĂłn de una idea. Dado que las partes reales están dispersas en el espacio y el tiempo, la Ăşnica forma en que pueden estar juntas a la vez como una unidad inteligible es dentro de una idea. Por lo tanto, el sistema del mundo como un todo debe vivir primero dentro de la unidad de una idea.
Ahora bien, una idea real no puede existir realmente y ser efectivamente operativa sino en una mente real, que tiene el poder creativo de traer tal sistema a la existencia real. De ahĂ que la razĂłn suficiente de nuestro sistema- mundo ordenado deba ser, en Ăşltima instancia, una Mente ordenadora creadora. Un orden cĂłsmico requiere un Ordenador cĂłsmico, que sĂłlo puede ser una Mente.
3. Esta Mente ordenadora debe ser independiente del propio sistema, es decir, trascendente, y no depender del sistema para su propia existencia y funcionamiento. Porque si dependiera del sistema -o formara parte de Ă©l-, tendrĂa que presuponer que Ă©ste ya existe para poder funcionar, por lo que tendrĂa que precederse y seguirse a sĂ misma. Pero esto es absurdo. Por lo tanto, debe existir y ser capaz de funcionar antes e independientemente del sistema.
AsĂ, nuestro universo material requiere necesariamente, como razĂłn suficiente de su existencia real como un todo operativo, una Mente Creativa Trascendente.
2. Una causa de este tipo debe ser una causa inteligente, que haga nacer el sistema segĂşn una idea unificadora. Porque la unidad del todo -y de cada una de las leyes fĂsicas globales, cĂłsmicas, que unen los elementos bajo sĂ mismos- es lo que determina y correlaciona las partes. Por lo tanto, debe estar presente de alguna manera como un factor organizador efectivo. Pero la unidad, la totalidad, del todo trasciende cualquier parte y, por lo tanto, no puede estar contenida en ninguna parte. Para estar realmente presente de una vez como un todo, esta unidad sĂłlo puede ser la unidad de una idea organizadora y unificadora. Porque sĂłlo una idea puede mantener unidos muchos elementos diferentes a la vez sin destruir o fusionar su distinciĂłn. Esa es casi la definiciĂłn de una idea. Dado que las partes reales están dispersas en el espacio y el tiempo, la Ăşnica forma en que pueden estar juntas a la vez como una unidad inteligible es dentro de una idea. Por lo tanto, el sistema del mundo como un todo debe vivir primero dentro de la unidad de una idea.
Ahora bien, una idea real no puede existir realmente y ser efectivamente operativa sino en una mente real, que tiene el poder creativo de traer tal sistema a la existencia real. De ahĂ que la razĂłn suficiente de nuestro sistema- mundo ordenado deba ser, en Ăşltima instancia, una Mente ordenadora creadora. Un orden cĂłsmico requiere un Ordenador cĂłsmico, que sĂłlo puede ser una Mente.
3. Esta Mente ordenadora debe ser independiente del propio sistema, es decir, trascendente, y no depender del sistema para su propia existencia y funcionamiento. Porque si dependiera del sistema -o formara parte de Ă©l-, tendrĂa que presuponer que Ă©ste ya existe para poder funcionar, por lo que tendrĂa que precederse y seguirse a sĂ misma. Pero esto es absurdo. Por lo tanto, debe existir y ser capaz de funcionar antes e independientemente del sistema.
AsĂ, nuestro universo material requiere necesariamente, como razĂłn suficiente de su existencia real como un todo operativo, una Mente Creativa Trascendente.
(9) El argumento de los milagros
1. Un milagro es un acontecimiento cuya Ăşnica explicaciĂłn adecuada es la intervenciĂłn extraordinaria y directa de Dios.2. Hay numerosos milagros bien documentados.3. Por lo tanto, hay numerosos acontecimientos cuya Ăşnica explicaciĂłn adecuada es la intervenciĂłn extraordinaria y directa de Dios.4. Por lo tanto, Dios existe.
Evidentemente, si uno cree que un acontecimiento extraordinario es un milagro, entonces cree en la acciĂłn divina, y cree que dicha acciĂłn se produjo en este acontecimiento. Pero la pregunta es: ¿Fue este evento un milagro? Si los milagros existen, entonces Dios debe existir. Pero, ¿existen los milagros?
¿QuĂ© acontecimientos elegimos? En primer lugar, el acontecimiento debe ser extraordinario. Pero hay muchos sucesos extraordinarios (por ejemplo, numerosas piedras que caen del cielo en Texas) que no se califican como milagros. ¿Por quĂ© no? En primer lugar, porque podrĂan ser causados por algo de la naturaleza, y en segundo lugar, porque el contexto en el que ocurren no es religioso. Se califican como meras rarezas, como "sucesos extraños"; el tipo de cosas que uno esperarĂa leer en CrĂ©alo o no, pero que nunca se oyen desde el pĂşlpito. Por lo tanto, el significado del evento tambiĂ©n debe ser religioso para calificarlo como un milagro.
Supongamos que un hombre santo se hubiera parado en el centro de Houston y hubiera dicho: "¡Mis queridos hermanos y hermanas! ¡Lleváis una vida pecaminosa! MĂrense: ¡borrachos, disolutos! ¡Dios quiere que os arrepintáis! Y como señal de su desagrado va a hacer llover piedras sobre vosotros". Entonces, instantes despuĂ©s -¡pit! La palabra "milagro" podrĂa venir a la mente.
No es que tengamos que creer en Dios despuĂ©s de presenciar este acontecimiento. Pero aun asĂ, si ese hombre de Texas parecĂa totalmente genuino, y si sus acusaciones daban en el clavo, haciĂ©ndonos pensar "tiene razĂłn", entonces serĂa muy difĂcil considerar lo sucedido como un engaño o incluso una extraordinaria coincidencia.
Esto significa que el escenario de un supuesto milagro es de crucial importancia. No sĂłlo el escenario fĂsico, y no sĂłlo el momento, sino que el escenario personal tambiĂ©n es vital: el carácter y el mensaje de la persona a la que este evento está especialmente vinculado. Tomemos, por ejemplo, cuatro o cinco milagros del Nuevo Testamento. Sácalos completamente de su contexto, de la enseñanza y del carácter de Cristo. ¿SerĂa errĂłneo considerar que su significado religioso disminuye considerablemente? Al fin y al cabo, llamar a un suceso milagroso es interpretarlo religiosamente. Pero interpretarlo asĂ exige un contexto o entorno que invite a esa interpretaciĂłn. Y parte de este contexto suele ser, aunque no siempre, una persona a la que se le reconoce primero su autoridad moral y luego su autoridad religiosa, que el milagro parece confirmar.
Los debates abstractos sobre la probabilidad suelen pasar por alto este factor. Pero el escenario juega un papel decisivo. Hace muchos años, en una convenciĂłn por lo demás aburrida, un distinguido filĂłsofo explicĂł por quĂ© se habĂa hecho cristiano. Dijo: "CogĂ el Nuevo Testamento con la intenciĂłn de juzgarlo, de sopesar sus pros y sus contras. Pero cuando empecĂ© a leer, me di cuenta de que era yo quien era juzgado". Ciertamente, llegĂł a creer en las historias milagrosas. Pero fue el carácter y la enseñanza de Cristo lo que le llevĂł a aceptar las cosas que allĂ se relatan como autĂ©nticos actos de Dios.
AsĂ que no hay realmente una prueba de los milagros. Si usted ve algĂşn evento como un milagro, entonces la actividad de Dios se ve en este evento. Hay un movimiento de la mente desde este acontecimiento hasta su propia interpretaciĂłn como milagroso. Y lo que da impulso a ese movimiento no es sĂłlo el acontecimiento en sĂ mismo, sino los mĂşltiples factores que lo rodean y que invitan -o parecen exigir- esa interpretaciĂłn.
Pero los acontecimientos milagrosos existen. De hecho, hay testimonios masivos y fiables de ellos en muchas épocas, lugares y culturas.
Por lo tanto, su causa existe.
Y su Ăşnica causa adecuada es Dios. Por lo tanto, Dios existe.
El argumento no es una prueba, sino una pista o señal muy poderosa.
(10) El argumento de la conciencia
1. Experimentamos el universo como algo inteligible. Esta inteligibilidad significa que el universo es captable por la inteligencia.2. O bien este universo inteligible y las mentes finitas tan adecuadas para captarlo son producto de la inteligencia, o bien tanto la inteligibilidad como la inteligencia son producto del azar ciego.3. No es casualidad.4. Por lo tanto, este universo inteligible y las mentes finitas tan adecuadas para captarlo son producto de la inteligencia.
Hay similitudes obvias aquĂ con el argumento del diseño, y muchas de las cosas que dijimos para defender ese argumento podrĂan usarse para defender este tambiĂ©n. Por ahora queremos centrar nuestra atenciĂłn en el paso 3.
Los lectores familiarizados con Los Milagros, de C. S. Lewis, recordarán el poderoso argumento que expuso en el capĂtulo tercero contra lo que denominĂł "naturalismo": la opiniĂłn de que todo -incluidos nuestro pensamiento y nuestros juicios- pertenece a un vasto sistema entrelazado de causas y efectos fĂsicos. Si el naturalismo es cierto, argumentĂł Lewis, entonces parece que no nos deja ninguna razĂłn para creer que es cierto; porque todos los juicios serĂan igualmente y en Ăşltima instancia el resultado de fuerzas no racionales.
Ahora bien, esta lĂnea de reflexiĂłn tiene una relaciĂłn obvia con el paso 3. Lo que queremos decir con "casualidad ciega" es la forma en que la naturaleza fĂsica debe operar en Ăşltima instancia si el "naturalismo" es cierto: carente de cualquier plan racional o propĂłsito guĂa. Por tanto, si el argumento de Lewis es bueno, el paso 3 se mantiene: el azar ciego no puede ser la fuente de nuestra inteligencia.
Al preparar esta secciĂłn, hemos estado tentados de citar todo el tercer capĂtulo de Milagros. Este tipo de argumento no es original de Lewis, pero nunca hemos leĂdo una exposiciĂłn mejor que la suya, y les instamos a que la consulten. Pero hemos encontrado una versiĂłn convincente y admirablemente sucinta (escrita casi veinte años antes de Milagros) en Some Problems in Ethics de H. W. B. Joseph (Oxford University Press, 1931). Joseph era un profesor de Oxford, mayor que Lewis, con cuyos escritos Ă©ste estaba ciertamente familiarizado. Y, sin duda, esta exposiciĂłn del argumento influyĂł en la versiĂłn posterior de Lewis, más elaborada.
Si el pensamiento es un movimiento larĂngeo, ¿cĂłmo va a pensar alguien más verdaderamente que el viento que sopla? Todos los movimientos de los cuerpos son igualmente necesarios, pero no pueden ser discriminados como verdaderos y falsos. Parece tan disparatado llamar a un movimiento verdadero como a un sabor pĂşrpura o a un sonido avaro. Pero lo que es obvio cuando se dice que el pensamiento es un determinado movimiento corporal parece igualmente seguirse de que es el efecto de uno. El pensamiento llamado conocimiento y el pensamiento llamado error son ambos resultados necesarios de estados del cerebro. Estos estados son resultados necesarios de otros estados corporales. Todos los estados corporales son igualmente reales, asĂ como los diferentes pensamientos; pero ¿con quĂ© derecho puedo sostener que mi pensamiento es conocimiento de lo que es real en los cuerpos? Pues sostenerlo no es más que otro pensamiento, un efecto de los movimientos corporales reales como el rest.... Sin embargo, estos argumentos mĂos, si los principios del [naturalismo] cientĂfico... han de permanecer incuestionables, no son en sĂ mismos más que sucesos en una mente, resultados de movimientos corporales; que tĂş o yo los pensemos bien, o los pensemos mal, no es más que otro suceso de este tipo; que los pensemos no más que otro suceso de este tipo no es en sĂ mismo más que otro. Y puede decirse de cualquier terreno en el que intentemos mantenernos como verdaderos, Labitur et labetur in omne volubilis aevum ["Fluye y fluirá arremolinándose por siempre" (Horacio, EpĂstolas, I, 2, 43)]. (Algunos problemas de Ă©tica, pp. 14-15)]
Ahora bien, esta lĂnea de reflexiĂłn tiene una relaciĂłn obvia con el paso 3. Lo que queremos decir con "casualidad ciega" es la forma en que la naturaleza fĂsica debe operar en Ăşltima instancia si el "naturalismo" es cierto: carente de cualquier plan racional o propĂłsito guĂa. Por tanto, si el argumento de Lewis es bueno, el paso 3 se mantiene: el azar ciego no puede ser la fuente de nuestra inteligencia.
Al preparar esta secciĂłn, hemos estado tentados de citar todo el tercer capĂtulo de Milagros. Este tipo de argumento no es original de Lewis, pero nunca hemos leĂdo una exposiciĂłn mejor que la suya, y les instamos a que la consulten. Pero hemos encontrado una versiĂłn convincente y admirablemente sucinta (escrita casi veinte años antes de Milagros) en Some Problems in Ethics de H. W. B. Joseph (Oxford University Press, 1931). Joseph era un profesor de Oxford, mayor que Lewis, con cuyos escritos Ă©ste estaba ciertamente familiarizado. Y, sin duda, esta exposiciĂłn del argumento influyĂł en la versiĂłn posterior de Lewis, más elaborada.
Si el pensamiento es un movimiento larĂngeo, ¿cĂłmo va a pensar alguien más verdaderamente que el viento que sopla? Todos los movimientos de los cuerpos son igualmente necesarios, pero no pueden ser discriminados como verdaderos y falsos. Parece tan disparatado llamar a un movimiento verdadero como a un sabor pĂşrpura o a un sonido avaro. Pero lo que es obvio cuando se dice que el pensamiento es un determinado movimiento corporal parece igualmente seguirse de que es el efecto de uno. El pensamiento llamado conocimiento y el pensamiento llamado error son ambos resultados necesarios de estados del cerebro. Estos estados son resultados necesarios de otros estados corporales. Todos los estados corporales son igualmente reales, asĂ como los diferentes pensamientos; pero ¿con quĂ© derecho puedo sostener que mi pensamiento es conocimiento de lo que es real en los cuerpos? Pues sostenerlo no es más que otro pensamiento, un efecto de los movimientos corporales reales como el rest.... Sin embargo, estos argumentos mĂos, si los principios del [naturalismo] cientĂfico... han de permanecer incuestionables, no son en sĂ mismos más que sucesos en una mente, resultados de movimientos corporales; que tĂş o yo los pensemos bien, o los pensemos mal, no es más que otro suceso de este tipo; que los pensemos no más que otro suceso de este tipo no es en sĂ mismo más que otro. Y puede decirse de cualquier terreno en el que intentemos mantenernos como verdaderos, Labitur et labetur in omne volubilis aevum ["Fluye y fluirá arremolinándose por siempre" (Horacio, EpĂstolas, I, 2, 43)]. (Algunos problemas de Ă©tica, pp. 14-15)]
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(11) El argumento de la verdad
Este argumento está estrechamente relacionado con el argumento de la conciencia. Proviene principalmente de AgustĂn.
1. Nuestras mentes limitadas pueden descubrir verdades eternas sobre el ser.2. La verdad reside propiamente en una mente.3. Pero la mente humana no es eterna.4. Por tanto, debe existir una mente eterna en la que residan estas verdades.
Esta prueba puede resultar atractiva para alguien que comparta una visiĂłn platĂłnica del conocimiento -que, por ejemplo, crea que hay Formas Inteligibles Eternas que están presentes en la mente en cada acto de conocimiento. Desde ese punto de vista, es un paso muy corto ver estas Formas Eternas como propiamente existentes dentro de una Mente Eterna. Y hay mucho que decir al respecto. Pero ahĂ está el problema. Hay demasiado sobre la teorĂa del conocimiento que necesita ser dicho antes de que esto pueda funcionar como una demostraciĂłn persuasiva.
(12) El argumento del origen de la idea de Dios
Este argumento, que hizo famoso RenĂ© Descartes, tiene un parentesco con el argumento ontolĂłgico (13). Parte de la idea de Dios. Pero no pretende que el ser real forme parte del contenido de esa idea, como hace el argumento ontolĂłgico. Más bien trata de mostrar que sĂłlo Dios mismo podrĂa haber hecho surgir esta idea en nuestras mentes
Nos serĂa imposible reproducir todo el contexto que Descartes da para esta prueba (vĂ©ase su tercera MeditaciĂłn), e infructuoso seguir su vocabulario escolástico. Damos a continuaciĂłn el más breve resumen y discusiĂłn.
1. Tenemos ideas de muchas cosas.2. Estas ideas deben surgir de nosotros mismos o de cosas externas a nosotros.3. Una de las ideas que tenemos es la de Dios, un ser infinito y perfecto.4. Esta idea no pudo ser causada por nosotros mismos, porque nos sabemos limitados e imperfectos, y ningún efecto puede ser mayor que su causa.5. Por lo tanto, la idea debe haber sido causada por algo fuera de nosotros que tiene nada menos que las cualidades contenidas en la idea de Dios.6. Pero sólo Dios mismo tiene esas cualidades.7. Por lo tanto, Dios mismo debe ser la causa de la idea que tenemos de él.8. Por lo tanto, Dios existe.
Consideremos la siguiente objeciĂłn comĂşn. La idea de Dios puede surgir fácilmente asĂ: notamos grados de perfecciĂłn entre los seres finitos: algunos son más perfectos (o menos imperfectos) que otros. Y para llegar a la idea de Dios, sĂłlo tenemos que proyectar la escala hacia arriba y hacia fuera hasta el infinito. Por lo tanto, no parece que sea necesario un Dios realmente existente para explicar la existencia de la idea. Todo lo que necesitamos es la experiencia de cosas que varĂan en grados de perfecciĂłn, y una mente capaz de pensar en las limitaciones percibidas.
Pero, ¿es eso realmente suficiente? ¿CĂłmo podemos pensar en la limitaciĂłn o la imperfecciĂłn si no la reconocemos primero como tal? ¿Y cĂłmo podemos reconocerla como tal si no tenemos ya una nociĂłn de perfecciĂłn infinita? Reconocer las cosas como imperfectas o finitas implica la posesiĂłn de una norma en el pensamiento que hace posible el reconocimiento.
¿Le parece descabellado? No significa que los niños pequeños se pasen el tiempo pensando en Dios. Pero sĂ significa que, por muy tarde que se utilice la norma, por mucho tiempo que pase antes de que aparezca explĂcitamente en la conciencia, aĂşn asĂ, la norma debe estar ahĂ para que se pueda utilizar. ¿Pero de dĂłnde viene? No de tu experiencia de ti mismo o del mundo que existe fuera de ti. Porque la idea de la perfecciĂłn infinita ya está presupuesta en nuestro pensamiento sobre todas estas cosas y las juzgamos imperfectas. Por tanto, ninguna de ellas puede ser el origen de la idea de Dios; sĂłlo Dios mismo puede serlo.
(13) El argumento ontolĂłgico
El argumento ontolĂłgico fue ideado por Anselmo de Canterbury, que querĂa producir una demostraciĂłn Ăşnica y simple que mostrara que Dios es y lo que Dios es. Puede que sea simple, pero está lejos de serlo. Es, quizás, la prueba más controvertida de la existencia de Dios. La mayorĂa de las personas que la escuchan por primera vez tienen la tentaciĂłn de descartarla inmediatamente como un interesante acertijo, pero distinguidos pensadores de todas las Ă©pocas, incluida la nuestra, se han levantado para defenderla. Por esta misma razĂłn es la prueba más intensamente filosĂłfica de la existencia de Dios; su lugar de honor no está dentro de la piedad popular, sino en los libros de texto y las revistas profesionales. La incluimos, con un mĂnimo de discusiĂłn, no porque la consideremos concluyente o irrefutable, sino en aras de la exhaustividad.
VersiĂłn de Anselmo
1. Es más grande que una cosa exista en la mente y en la realidad que en la mente sola.2. "Dios" significa "aquello que no se puede pensar que sea más grande".3. Supongamos que Dios existe en la mente pero no en la realidad.4. Entonces se podrĂa pensar en un ser mayor que Dios (es decir, un ser que tenga todas las cualidades que tiene nuestro pensamiento de Dios más la existencia real).5. Pero esto es imposible, pues Dios es "aquello que no puede pensarse más grande".6. Por lo tanto, Dios existe en la mente y en la realidad.
Pregunta 1: Supongamos que niego que Dios exista en la mente.
Respuesta: En ese caso el argumento no podrĂa concluir que Dios existe en la mente y en la realidad. Pero ten en cuenta: la negaciĂłn te compromete a la opiniĂłn de que no existe el concepto de Dios. Y muy pocos desearĂan ir tan lejos.
Pregunta 2: ¿Es realmente mayor la existencia de algo en la mente y en la realidad que en la mente sola?
Respuesta: En ese caso el argumento no podrĂa concluir que Dios existe en la mente y en la realidad. Pero ten en cuenta: la negaciĂłn te compromete a la opiniĂłn de que no existe el concepto de Dios. Y muy pocos desearĂan ir tan lejos.
Pregunta 2: ¿Es realmente mayor la existencia de algo en la mente y en la realidad que en la mente sola?
Respuesta: La primera premisa de este argumento es a menudo malinterpretada. La gente a veces dice: "¿No es mejor, y en ese sentido mayor, una enfermedad imaginaria que una real?" Pues ciertamente es mejor -y por tanto mayor- que la enfermedad no sea real. Pero eso refuerza el lado del argumento de Anselmo. Las bacterias reales son mayores que las imaginarias, sĂłlo porque tienen algo de lo que carecen las imaginarias: ser reales. Tienen una independencia, y por tanto una capacidad de dañar, que no puede tener nada cuya existencia dependa totalmente de tu pensamiento. Es este mayor nivel de independencia lo que los hace más grandes como seres. Y esta lĂnea de pensamiento no parece ni esquiva ni descabellada.
Pregunta 3: Pero, ¿el ser real es sĂłlo un "pensamiento" o "concepto" más? ¿Es el "ser real" sĂłlo un concepto o caracterĂstica más (como la "omnisciencia" o la "omnipotencia") que podrĂa marcar la diferencia en el tipo de ser que es Dios?
Respuesta: El ser real hace una diferencia real. La cuestiĂłn es: ¿Hace una diferencia conceptual? Los crĂticos del argumento dicen que no. Dicen que el hecho de que el ser real marque la diferencia no puede ser una cualidad más entre otras. Más bien es la condiciĂłn de que haya algo para tener alguna cualidad. Cuando la prueba dice que Dios es el mayor ser que puede ser "pensado", quiere decir que hay varias perfecciones o cualidades que Dios tiene en un grado que ninguna criatura podrĂa tener, cualidades que son supremamente admirables. Pero decir que tal ser existe es decir que realmente hay algo que es supremamente admirable. Y eso no es una cualidad admirable más entre otras.
¿Es más grande existir en la realidad que en la mente? Por supuesto, incomparablemente mayor. Pero la diferencia no es conceptual. Y sin embargo, el argumento parece tratarlo como si lo fuera, como si el creyente y el no creyente no pudieran compartir el mismo concepto de Dios. Es evidente que lo hacen. No están en desacuerdo sobre el contenido de este concepto, sino sobre si el tipo de ser que describe existe realmente. Y eso parece estar más allá del poder del análisis meramente conceptual, como se utiliza en este argumento, para responder. AsĂ que la pregunta 3, pensamos, realmente invalida esta forma del argumento ontolĂłgico.
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VersiĂłn modal
Charles Hartshorne y Norman Malcolm desarrollaron esta versiĂłn del argumento ontolĂłgico. Ambos lo encuentran implĂcito en el tercer capĂtulo del Proslogion de Anselmo.
1. La expresiĂłn "aquel ser que no puede pensarse mayor" (GCB, para abreviar) expresa un concepto consistente.2. No se puede pensar en el GCB como:a. necesariamente inexistente; o comob. que existe de forma contingente; pero sĂłlo comoc. necesariamente existente.3. AsĂ que la GCB sĂłlo puede ser pensada como el tipo de ser que no puede no existir, que debe existir.4. Pero lo que debe ser asĂ, es asĂ.5. Por lo tanto, el GCB (es decir, Dios) existe.
Pregunta: El hecho de que haya que pensar que la GCB existe, ¿significa que la GCB existe realmente?
Respuesta: Si debes pensar que algo existe, no puedes pensar que no existe. Pero entonces no puedes negar que la GCB existe; porque entonces estás pensando lo que dices que no se puede pensar, es decir, que la GCB no existe.
VersiĂłn de Mundos Posibles
Esta variaciĂłn de la versiĂłn modal ha sido elaborada con gran detalle por Alvin Plantinga. Hemos hecho lo posible por simplificarla.
Definiciones:
Máxima excelencia: Tener omnipotencia, omnisciencia y perfección moral en algún mundo
Máxima grandeza: Tener la máxima excelencia en todos los mundos posibles.
1. Existe un mundo posible (W) en el que hay un ser (X) con la máxima grandeza.2. Pero X es máximamente grande sĂłlo si X tiene la máxima excelencia en cada mundo posible.3. Por lo tanto, X es máximamente grande sĂłlo si X tiene omnipotencia, omnisciencia y perfecciĂłn moral en todos los mundos posibles.4. En W, la proposiciĂłn "No existe un ser omnipotente, omnisciente y moralmente perfecto" serĂa imposible, es decir, necesariamente falsa.5. Pero lo que es imposible no varĂa de un mundo a otro.6. Por lo tanto, la proposiciĂłn "No existe un ser omnipotente, omnisciente y moralmente perfecto" es necesariamente falsa tambiĂ©n en este mundo real.7. Por lo tanto, existe realmente en este mundo, y debe existir en todo mundo posible, un ser omnipotente, omnisciente y moralmente perfecto.
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(14) El argumento moral
1. La obligaciĂłn moral real es un hecho. Estamos real, verdadera y objetivamente obligados a hacer el bien y evitar el mal.2. O la visiĂłn atea de la realidad es correcta o la "religiosa".3. Pero el ateo es incompatible con la existencia de una obligaciĂłn moral.4. Por lo tanto, la visiĂłn "religiosa" de la realidad es correcta.
Debemos tener claro quĂ© es lo que afirma la primera premisa. No significa simplemente que podamos encontrar personas por ahĂ que afirmen tener ciertos deberes. Tampoco significa que haya habido muchas personas que se hayan creĂdo obligadas a hacer ciertas cosas (como vestir a los desnudos) y a evitar hacer otras (como cometer adulterio). La primera premisa está afirmando algo más: a saber, que los seres humanos estamos realmente obligados; que nuestros deberes surgen del modo en que las cosas son realmente, y no simplemente de nuestros deseos o disposiciones subjetivas. En otras palabras, afirma que los valores u obligaciones morales en sĂ mismos -y no sĂłlo la creencia en los valores morales- son hechos objetivos.
Ahora bien, dado el hecho de la obligaciĂłn moral, surge naturalmente una pregunta. ¿La imagen del mundo que presenta el ateĂsmo concuerda con este hecho? La respuesta es no. Los ateos no se cansan de decirnos que somos productos casuales del movimiento de la materia: un movimiento sin propĂłsito y ciego a todo esfuerzo humano. DeberĂamos tomarles la palabra y preguntarnos: Teniendo en cuenta esta imagen, ¿en quĂ© radica exactamente el bien moral? La obligaciĂłn moral difĂcilmente puede estar arraigada en un movimiento material ciego a la finalidad.
Ahora bien, dado el hecho de la obligaciĂłn moral, surge naturalmente una pregunta. ¿La imagen del mundo que presenta el ateĂsmo concuerda con este hecho? La respuesta es no. Los ateos no se cansan de decirnos que somos productos casuales del movimiento de la materia: un movimiento sin propĂłsito y ciego a todo esfuerzo humano. DeberĂamos tomarles la palabra y preguntarnos: Teniendo en cuenta esta imagen, ¿en quĂ© radica exactamente el bien moral? La obligaciĂłn moral difĂcilmente puede estar arraigada en un movimiento material ciego a la finalidad.
Supongamos que decimos que no se basa en nada más profundo que la voluntad y el deseo humanos. En ese caso, no tenemos ninguna norma moral con la que se puedan juzgar los deseos humanos. Porque todos los deseos surgirán de la misma fuente Ăşltima: la materia sin propĂłsito y sin piedad. ¿Y quĂ© pasa con la obligaciĂłn? SegĂşn este punto de vista, si digo que existe la obligaciĂłn de alimentar a los hambrientos, estarĂa afirmando un hecho sobre mis deseos y necesidades y nada más. EstarĂa diciendo que quiero alimentar a los hambrientos y que elijo actuar segĂşn ese deseo. Pero esto equivale a admitir que ni yo ni nadie está realmente obligado a alimentar a los hambrientos, que, de hecho, nadie tiene ninguna obligaciĂłn real. Por tanto, la visiĂłn atea de la realidad no es compatible con la existencia de una autĂ©ntica obligaciĂłn moral.
¿QuĂ© visiĂłn es compatible? La que considera que la obligaciĂłn moral real se basa en su Creador, que considera que la obligaciĂłn moral está arraigada en el hecho de que hemos sido creados con un propĂłsito y para un fin. Podemos llamar a este punto de vista, con deliberada generalidad, "el punto de vista religioso". Pero por muy general que sea esta visiĂłn, la reflexiĂłn sobre el hecho de la obligaciĂłn moral parece confirmarla.
Pregunta 1: El argumento no ha demostrado que el subjetivismo Ă©tico sea falso. ¿Y si no hay valores objetivos?
Respuesta: Es cierto. El argumento asume que hay valores objetivos; pretende mostrar que creer en ellos es incompatible con una imagen del mundo, y bastante compatible con otra. Esas dos imágenes son la ateo-materialista y la religiosa (a grandes rasgos). Por supuesto, si el subjetivismo Ă©tico es cierto, el argumento no funciona. Sin embargo, casi nadie es un subjetivista consecuente. (Muchos creen que lo son, y dicen que lo son, hasta que sufren violencia o injusticia. En ese caso, invariablemente están de acuerdo con el resto de nosotros en reconocer que ciertas cosas no deberĂan hacerse nunca). Y para los muchos que no son -y nunca lo serán- subjetivistas, el argumento puede ser muy Ăştil. Puede mostrarles que creer como lo hacen en los valores objetivos es inconsistente con lo que tambiĂ©n creen sobre el origen y el destino del universo. Si se mueven para corregir la incoherencia, será un movimiento hacia el punto de vista religioso y lejos del ateo.
Pregunta 2: Esta prueba no concluye en Dios, sino en una vaga visiĂłn "religiosa". ¿No es esta visiĂłn "religiosa" compatible con mucho más que el teĂsmo tradicional?
Respuesta: SĂ, en efecto. Es compatible, por ejemplo, con el idealismo platĂłnico, y con muchas otras creencias que los cristianos ortodoxos encuentran terriblemente deficientes. Pero esta visiĂłn religiosa general es incompatible con el materialismo, y con cualquier visiĂłn que destierre el valor de la naturaleza objetiva Ăşltima de las cosas. Este es el punto importante. Parece muy razonable que la conciencia moral sea la voz de Dios dentro del alma, porque el valor moral sĂłlo existe en el nivel de las personas, las mentes y las voluntades. Y es difĂcil, si no imposible, concebir que los principios morales objetivos floten de algĂşn modo por sĂ mismos, al margen de cualquier persona.
Pero concedemos que hay muchos pasos que recorrer desde los valores morales objetivos hasta el Creador del universo o el Dios trino del amor. Hay una gran distancia intelectual entre ellos. Pero estas cosas son compatibles de una manera que el materialismo y la creencia en valores objetivos no lo son. Para llegar a un Creador personal se necesitan otros argumentos (cf. argumentos 1-6), y para llegar al Dios del amor se necesita la revelaciĂłn. Por sĂ mismo, el argumento deja abiertas muchas opciones, y elimina sĂłlo algunas. Pero seguro que nos libramos de las que sĂ elimina.
¿QuĂ© visiĂłn es compatible? La que considera que la obligaciĂłn moral real se basa en su Creador, que considera que la obligaciĂłn moral está arraigada en el hecho de que hemos sido creados con un propĂłsito y para un fin. Podemos llamar a este punto de vista, con deliberada generalidad, "el punto de vista religioso". Pero por muy general que sea esta visiĂłn, la reflexiĂłn sobre el hecho de la obligaciĂłn moral parece confirmarla.
Pregunta 1: El argumento no ha demostrado que el subjetivismo Ă©tico sea falso. ¿Y si no hay valores objetivos?
Respuesta: Es cierto. El argumento asume que hay valores objetivos; pretende mostrar que creer en ellos es incompatible con una imagen del mundo, y bastante compatible con otra. Esas dos imágenes son la ateo-materialista y la religiosa (a grandes rasgos). Por supuesto, si el subjetivismo Ă©tico es cierto, el argumento no funciona. Sin embargo, casi nadie es un subjetivista consecuente. (Muchos creen que lo son, y dicen que lo son, hasta que sufren violencia o injusticia. En ese caso, invariablemente están de acuerdo con el resto de nosotros en reconocer que ciertas cosas no deberĂan hacerse nunca). Y para los muchos que no son -y nunca lo serán- subjetivistas, el argumento puede ser muy Ăştil. Puede mostrarles que creer como lo hacen en los valores objetivos es inconsistente con lo que tambiĂ©n creen sobre el origen y el destino del universo. Si se mueven para corregir la incoherencia, será un movimiento hacia el punto de vista religioso y lejos del ateo.
Pregunta 2: Esta prueba no concluye en Dios, sino en una vaga visiĂłn "religiosa". ¿No es esta visiĂłn "religiosa" compatible con mucho más que el teĂsmo tradicional?
Respuesta: SĂ, en efecto. Es compatible, por ejemplo, con el idealismo platĂłnico, y con muchas otras creencias que los cristianos ortodoxos encuentran terriblemente deficientes. Pero esta visiĂłn religiosa general es incompatible con el materialismo, y con cualquier visiĂłn que destierre el valor de la naturaleza objetiva Ăşltima de las cosas. Este es el punto importante. Parece muy razonable que la conciencia moral sea la voz de Dios dentro del alma, porque el valor moral sĂłlo existe en el nivel de las personas, las mentes y las voluntades. Y es difĂcil, si no imposible, concebir que los principios morales objetivos floten de algĂşn modo por sĂ mismos, al margen de cualquier persona.
Pero concedemos que hay muchos pasos que recorrer desde los valores morales objetivos hasta el Creador del universo o el Dios trino del amor. Hay una gran distancia intelectual entre ellos. Pero estas cosas son compatibles de una manera que el materialismo y la creencia en valores objetivos no lo son. Para llegar a un Creador personal se necesitan otros argumentos (cf. argumentos 1-6), y para llegar al Dios del amor se necesita la revelaciĂłn. Por sĂ mismo, el argumento deja abiertas muchas opciones, y elimina sĂłlo algunas. Pero seguro que nos libramos de las que sĂ elimina.
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(15) El argumento de la conciencia moral
Dado que el subjetivismo moral es muy popular hoy en dĂa, la siguiente versiĂłn o giro del argumento moral deberĂa ser eficaz, ya que no presupone el objetivismo moral. La gente moderna suele decir que cree que no hay obligaciones morales universalmente vinculantes, que todos debemos seguir nuestra propia conciencia privada. Pero esa misma admisiĂłn es una premisa suficiente para demostrar la existencia de Dios.
¿No es sorprendente que nadie, ni siquiera el subjetivista más consecuente, crea que sea bueno para alguien desobedecer deliberadamente y a sabiendas su propia conciencia? Aunque las conciencias de diferentes personas les digan que hagan o eviten cosas totalmente diferentes, sigue habiendo un absoluto moral para todos: nunca desobedezcas a tu propia conciencia.
Ahora bien, ¿de dĂłnde sacĂł la conciencia una autoridad tan absoluta, una autoridad admitida incluso por los subjetivistas y relativistas morales? SĂłlo hay cuatro posibilidades.
1. De algo menos que yo (la naturaleza)2. De mà (individual)3. De otros iguales a mà (sociedad)4. De algo que está por encima de mà (Dios) Consideremos cada una de estas posibilidades en orden.
1. ¿CĂłmo puedo estar absolutamente obligado por algo inferior a mĂ, por ejemplo, por el instinto animal o la necesidad práctica de supervivencia material?
2. ¿CĂłmo puedo obligarme absolutamente? ¿Soy absoluto? ¿Tengo derecho a exigir obediencia absoluta a alguien, incluso a mĂ mismo? Y si soy yo quien se ha encerrado en esta cárcel de la obligaciĂłn, tambiĂ©n puedo dejarme salir, destruyendo asĂ el carácter absoluto de la obligaciĂłn que hemos admitido como premisa.
3. ¿CĂłmo puede obligarme la sociedad? ¿QuĂ© derecho tienen mis iguales a imponerme sus valores? ¿La cantidad hace la calidad? ¿Un millĂłn de seres humanos convierten lo relativo en absoluto? ¿Es la "sociedad" Dios?
4. La Ăşnica fuente de obligaciĂłn moral absoluta que queda es algo superior a mĂ. Esto vincula mi voluntad, moralmente, con exigencias legĂtimas de obediencia completa.
AsĂ, Dios, o algo parecido a Dios, es la Ăşnica fuente y fundamento adecuados para la obligaciĂłn moral absoluta que todos sentimos de obedecer a nuestra conciencia. La conciencia sĂłlo puede explicarse como la voz de Dios en el alma. Los Diez Mandamientos son diez huellas divinas en nuestra arena psĂquica.
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Apéndice sobre la religión y la moral
Al establecer esta conexiĂłn entre la moral y la religiĂłn, no queremos crear ninguna confusiĂłn o malentendido. No hemos dicho que las personas no puedan descubrir los bienes morales humanos a menos que reconozcan que Dios existe. Es evidente que sĂ pueden. Los creyentes y los no creyentes pueden saber que el conocimiento y la amistad, por ejemplo, son cosas por las que realmente deberĂamos esforzarnos, y que la crueldad y el engaño son objetivamente malos. Nuestra pregunta ha sido: ¿quĂ© explicaciĂłn de cĂłmo son las cosas realmente tiene más sentido para las reglas morales que todos reconocemos: la del creyente o la del no creyente?
Si somos producto de un Creador bueno y amoroso, esto explica que tengamos una naturaleza que descubre un valor que realmente existe. Pero,
¿cĂłmo pueden explicar esto los ateos? Porque si los ateos tienen razĂłn, entonces no pueden existir valores morales objetivos. Dostoievski dijo: "Si Dios no existe, todo es permisible". Los ateos pueden saber que algunas cosas no son permisibles, pero no saben por quĂ©.
Considere la siguiente analogĂa. Muchos cientĂficos examinan durante toda su vida las causas secundarias sin reconocer la Causa Primera, Dios. Pero, como hemos visto, esas causas secundarias no podrĂan serlo sin la Causa Primera, aunque pueden ser conocidas sin conocer la Causa Primera. Lo mismo ocurre con los bienes morales objetivos. AsĂ, el argumento moral y los diversos argumentos metafĂsicos comparten una cierta similitud en su estructura.
La mayorĂa de nosotros, sea cual sea nuestra fe religiosa, o la falta de ella, podemos reconocer que en la vida de alguien como Francisco de AsĂs la naturaleza humana opera de la manera correcta, la manera en que debe operar. No es necesario ser teĂsta para ver que la vida de San Francisco fue admirable, pero sĂ es necesario ser teĂsta para ver por quĂ©. El teĂsmo explica que nuestra respuesta a la vida de este creyente es, en Ăşltima instancia, nuestra respuesta a la llamada de nuestro Creador a vivir el tipo de vida para el que nos hizo.
Hay cuatro relaciones posibles entre la religiĂłn y la moral, Dios y la bondad.
1. Se puede pensar que la religiĂłn y la moral son independientes. El agudo contraste de Kierkegaard entre "lo Ă©tico" y "lo religioso", especialmente en Temor y Temblor, puede llevar a tal suposiciĂłn. Pero (a) un Dios amoral, indiferente a la moral, no serĂa un Dios totalmente bueno, ya que uno de los significados primarios de "bueno" implica lo "moral": justo, amoroso, sabio, justo, santo, amable. Y (b) tal moral, al no tener ninguna conexiĂłn con Dios, el Ser Absoluto, no tendrĂa una realidad absoluta detrás de ella.
2. Se puede pensar que Dios es el inventor de la moral, como lo es de los pájaros. A menudo se piensa que la ley moral es simplemente un producto de la elecciĂłn de Dios. Esta es la teorĂa del mandato divino: una cosa es buena sĂłlo porque Dios la manda y mala porque la prohĂbe.
Sin embargo, si eso es todo, tenemos un grave problema: Dios y su moral son arbitrarios y se basan en el mero poder. Si Dios nos ordenara matar a personas inocentes, eso se convertirĂa en algo bueno, ya que aquĂ bueno significa "cualquier cosa que Dios ordene". La teorĂa del mandato divino reduce la moral al poder.
SĂłcrates refutĂł la teorĂa del mandato divino de forma bastante concluyente en el EutifrĂłn de PlatĂłn. PreguntĂł a EutifrĂłn: "¿Una cosa es piadosa porque los dioses la quieren, o los dioses la quieren porque es piadosa?". RefutĂł la primera alternativa, y pensĂł que le quedaba la segunda como Ăşnica alternativa.
3. Pero la idea de que Dios ordena una cosa porque es buena tambiĂ©n es inaceptable, porque hace que Dios se ajuste a una ley superior a Ă©l, una ley que sobrepasa a Dios y a la humanidad. El Dios de la Biblia no está más separado de la bondad moral por estar bajo ella que por estar sobre ella. No obedece más a una ley superior que le obliga, que a la creaciĂłn de la ley como un artefacto que podrĂa cambiar y que bien podrĂa haber sido diferente, como un planeta.
4. La Ăşnica respuesta racionalmente aceptable a la cuestiĂłn de la relaciĂłn entre Dios y la moral es la bĂblica: la moral se basa en la naturaleza eterna de Dios. Por eso la moral es esencialmente inmutable. "Yo soy el Señor, vuestro Dios; santificaos, pues, y sed santos, porque yo soy santo" (Lv 11,44). Nuestra obligaciĂłn de ser justos, bondadosos, honestos, amorosos y rectos "llega hasta la realidad Ăşltima", hasta la naturaleza eterna de Dios, hasta lo que Dios es. Por eso la moral tiene una fuerza vinculante absoluta e inmutable en nuestra conciencia.
Las Ăşnicas otras fuentes posibles de obligaciĂłn moral son:
a. Mis ideales, propósitos, aspiraciones y deseos, algo creado por mi mente o voluntad, como las reglas del béisbol. Esto no explica en absoluto por qué siempre es malo desobedecer o cambiar las reglas.
b. Mi voluntad moral en sĂ misma. Algunos leen a Kant de esta manera: Yo me impongo la moral a mĂ mismo. Pero, ¿cĂłmo pueden ser lo mismo el que se ata y el que ata? Si el cerrajero se encierra en una habitaciĂłn, no está realmente encerrado, pues tambiĂ©n puede abrirse.
c. Se puede pensar que es otro ser humano el que me impone la moral: mis padres, por ejemplo. Pero esto no explica su carácter vinculante. Si tu padre te ordena traficar con drogas, tu obligación moral es desobedecerle. Ningún ser humano puede tener una autoridad absoluta sobre otro.
d. "La sociedad" es una respuesta popular a la pregunta sobre el origen de la moral; "tal o cual persona concreta" es una respuesta muy impopular. Sin embargo, ambas son lo mismo. "Sociedad" sólo significa más individuos.
¿QuĂ© derecho tienen a legislar la moral para mĂ? La cantidad no puede producir calidad; añadir nĂşmeros no puede cambiar las reglas de un juego relativo a las legĂtimas exigencias absolutas de la conciencia.
e. El universo, la evoluciĂłn, la selecciĂłn natural y la supervivencia son aĂşn peores como explicaciones de la moralidad. No se puede obtener más de menos. AquĂ se viola el principio de causalidad. ¿CĂłmo pudieron los charcos de limo primigenios gorgotear el SermĂłn de la Montaña?
Los ateos suelen afirmar que los cristianos cometen un error de categorĂa al utilizar a Dios para explicar la naturaleza; dicen que es como si los griegos utilizaran a Zeus para explicar el rayo. De hecho, el rayo debe explicarse en su propio nivel, como un fenĂłmeno material, natural y cientĂfico. Lo mismo ocurre con la moral. ¿Por quĂ© meter a Dios?
Porque la moral se parece más a Zeus que al rayo. La moral sĂłlo existe en el nivel de las personas, los espĂritus, las almas, las mentes, las voluntades, y no en el de las meras molĂ©culas. Se pueden establecer correlaciones entre las obligaciones morales y las personas (por ejemplo, las personas deben amar a otras personas), pero no se puede establecer ninguna correlaciĂłn entre la moral y las molĂ©culas. Nadie ha intentado siquiera explicar la diferencia entre el bien y el mal en tĂ©rminos, por ejemplo, de la diferencia entre átomos pesados y ligeros.
AsĂ que realmente es el ateo quien comete el mismo error de categorĂa que el antiguo pagano que explicaba el rayo por la voluntad de Zeus. El ateo utiliza una cosa meramente material para explicar una cosa espiritual. Esa es una versiĂłn mucho más tonta del error de categorĂa que la que cometieron los antiguos; porque es posible que lo mayor (Zeus, el espĂritu) haya causado lo menor (el rayo) y lo explique; pero no es posible que lo menor (las molĂ©culas) haya causado y explicado adecuadamente lo mayor (la moral). Una buena voluntad podrĂa crear molĂ©culas, pero ¿cĂłmo podrĂan las molĂ©culas crear una buena voluntad? ¿CĂłmo puede la electricidad obligarme? SĂłlo una buena voluntad puede exigir una buena voluntad; sĂłlo el Amor puede exigir el amor.
(16) El argumento del deseo
1. Todo deseo natural e innato en nosotros se corresponde con algĂşn objeto real que puede satisfacer ese deseo.
2. Pero existe en nosotros un deseo que nada en el tiempo, nada en la tierra, ninguna criatura puede satisfacer.
3. Por lo tanto, debe existir algo más que el tiempo, la tierra y las criaturas, que pueda satisfacer este deseo.
4. Este algo es lo que la gente llama "Dios" y "la vida con Dios para siempre".
La primera premisa implica una distinciĂłn de los deseos en dos tipos: innatos y condicionados externamente, o naturales y artificiales. Deseamos naturalmente cosas como la comida, la bebida, el sexo, el sueño, el conocimiento, la amistad y la belleza; y rechazamos de forma natural cosas como el hambre, la soledad, la ignorancia y la fealdad. TambiĂ©n deseamos (pero no de forma innata o natural) cosas como los coches deportivos, los cargos polĂticos, volar por el aire como Superman, la tierra de Oz y un campeonato mundial de los Red Sox.
Ahora bien, hay diferencias entre estos dos tipos de deseos. Por ejemplo, no reconocemos, en su mayorĂa, estados de privaciĂłn correspondientes para los segundos deseos, los artificiales, como lo hacemos para los primeros. No existe una palabra como "Ozlessness" paralela a "sleeplessness". Pero lo más importante es que los deseos naturales provienen del interior, de nuestra naturaleza, mientras que los artificiales provienen del exterior, de la sociedad, la publicidad o la ficciĂłn. Esta segunda diferencia es la razĂłn de una tercera: los deseos naturales se encuentran en todos nosotros, pero los artificiales varĂan de una persona a otra.
La existencia de los deseos artificiales no significa necesariamente que los objetos deseados existan. Algunos existen; otros no. Los coches deportivos existen; Oz no. Pero la existencia de deseos naturales significa, en todos los casos descubiertos, que los objetos deseados existen. Nadie ha encontrado nunca un caso de deseo innato por un objeto inexistente.
La segunda premisa sĂłlo requiere una introspecciĂłn honesta. Si alguien lo niega y dice: "Soy perfectamente feliz jugando con pasteles de barro, o con coches deportivos, o con dinero, o con sexo, o con poder", sĂłlo podemos preguntar: "¿Lo eres, de verdad?". Pero sĂłlo podemos apelar, no podemos obligar. Y podemos remitir a esa persona al testimonio casi universal de la historia humana en toda su gran literatura. Incluso el ateo Jean-Paul Sartre admitiĂł que "llega un momento en el que uno se pregunta, incluso a Shakespeare, incluso a Beethoven, "¿Es eso todo lo que hay?"".
La conclusiĂłn del argumento no es que todo lo que la Biblia nos dice sobre Dios y la vida con Dios sea realmente asĂ. Lo que demuestra es una X desconocida, pero una desconocida cuya direcciĂłn, por asĂ decirlo, es conocida. Esta X es más: más belleza, más deseabilidad, más asombro, más alegrĂa. Esta X es a la gran belleza como, por ejemplo, la gran belleza es a la pequeña belleza o a una mezcla de belleza y fealdad. Y lo mismo ocurre con otras perfecciones.
Pero el "más" es infinitamente más, pues no nos conformamos con lo finito y parcial. AsĂ, la analogĂa (X es a la gran belleza como la gran belleza es a la pequeña) no es proporcionada. Veinte es a diez como diez es a cinco, pero el infinito no es a veinte como veinte es a diez. El argumento señala un corredor infinito en una direcciĂłn definida. Su conclusiĂłn no es "Dios" tal y como está concebido o definido, sino una X mĂłvil y misteriosa que nos atrae hacia sĂ y saca de sĂ todas nuestras imágenes y conceptos.
En otras palabras, el Ăşnico concepto de Dios en este argumento es el concepto de lo que trasciende los conceptos, algo que "ni el ojo vio, ni el oĂdo oyĂł, ni el corazĂłn humano concibiĂł" (1 Cor 2:9). En otras palabras, este es el Dios real.
C. S. Lewis, que utiliza este argumento en varios lugares, lo resume sucintamente:
En otras palabras, el Ăşnico concepto de Dios en este argumento es el concepto de lo que trasciende los conceptos, algo que "ni el ojo vio, ni el oĂdo oyĂł, ni el corazĂłn humano concibiĂł" (1 Cor 2:9). En otras palabras, este es el Dios real.
C. S. Lewis, que utiliza este argumento en varios lugares, lo resume sucintamente:
Las criaturas no nacen con deseos si no existe la satisfacción de estos deseos. Un bebé tiene hambre; pues bien, existe la comida. Un patito quiere nadar; pues bien, existe el agua. Los hombres sienten deseo sexual; pues bien, existe el sexo. Si encuentro en mà un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo. (Mero Cristianismo, Bk. III, cap. 10, "Esperanza")
Pregunta 1: ¿CĂłmo se puede saber que la premisa principal -que todo deseo natural tiene un objeto real- es universalmente verdadera, sin saber primero que este deseo natural tambiĂ©n tiene un objeto real? Pero esa es la conclusiĂłn. Por lo tanto, usted plantea la cuestiĂłn. Hay que saber que la conclusiĂłn es verdadera antes de poder conocer la premisa mayor.
Respuesta: Esto no es realmente una objeciĂłn al argumento del deseo solamente, sino a todo argumento deductivo, a todo silogismo. Es la vieja sierra de John Stuart Mill y los nominalistas contra el silogismo. Presupone el empirismo, es decir, que la Ăşnica forma en que podemos conocer algo es percibiendo cosas individuales y luego generalizando, por inducciĂłn. Excluye la deducciĂłn porque excluye el conocimiento de cualquier verdad universal (como nuestra premisa principal). Porque los nominalistas no creen en la existencia de ningĂşn universal, excepto uno (que todos los universales son sĂłlo nombres).
Esto es muy fácil de refutar. Podemos y llegamos a conocer verdades universales, como que "todos los humanos son mortales", no por la sola experiencia de los sentidos (pues nunca podemos sentir a todos los humanos), sino mediante la abstracciĂłn de la esencia o naturaleza universal comĂşn de la humanidad a partir de los pocos especĂmenes que experimentamos por nuestros sentidos. Sabemos que todos los humanos son mortales porque la humanidad, como tal, implica mortalidad, es la naturaleza de un ser humano ser mortal; la mortalidad se deriva necesariamente de que tenga un cuerpo animal. Podemos comprenderlo. Tenemos el poder del entendimiento, o intuiciĂłn intelectual, o perspicacia, además de los poderes mentales de la sensaciĂłn y el cálculo, que son los dos Ăşnicos que el nominalista y el empirista nos dan. (Compartimos la sensaciĂłn con los animales y el cálculo con los ordenadores; ¿dĂłnde está la forma de conocer distintivamente humana para el empirista y el nominalista?)
Cuando no existe una conexiĂłn real entre la naturaleza del sujeto de una proposiciĂłn y la naturaleza del predicado, la Ăşnica forma de conocer la verdad de esa proposiciĂłn es mediante la experiencia sensorial y la inducciĂłn. Por ejemplo, podemos saber que todos los libros de esta estanterĂa son rojos sĂłlo mirando cada uno de ellos y contándolos. Pero cuando existe una conexiĂłn real entre la naturaleza del sujeto y la naturaleza del predicado, podemos conocer la verdad de esa proposiciĂłn por medio del entendimiento y la perspicacia -por ejemplo, "Todo lo que tiene color debe tener tamaño", o "Un Ser Perfecto no serĂa ignorante".
Pregunta 2: Supongamos que simplemente niego la premisa menor y digo que simplemente no observo ningĂşn deseo oculto de Dios, o alegrĂa infinita, o alguna X misteriosa que es más de lo que la tierra puede ofrecer.
Respuesta: Esta negaciĂłn puede adoptar dos formas. Primero, uno puede decir: "Aunque ahora no soy perfectamente feliz, creo que lo serĂa si tuviera diez millones de dĂłlares, un jet Lear y una nueva amante cada dĂa". La respuesta a esto es, por supuesto, "PruĂ©balo. No te gustará". Se ha probado y nunca ha satisfecho. De hecho, miles de millones de personas han realizado y siguen realizando trillones de experimentos de este tipo, buscando desesperadamente el siempre esquivo satisfacciĂłn que anhelan. Porque aunque ganaran el mundo entero, no serĂa suficiente para llenar un solo corazĂłn humano.
Sin embargo, siguen intentándolo, creyendo que "Si sĂłlo... La prĂłxima vez...". Esta es la apuesta más estĂşpida del mundo, porque es la Ăşnica que nunca ha dado resultado. Es como el juego de predecir el fin del mundo: todos los bateadores que se han acercado al plato han sido eliminados. No hay razĂłn para esperar que a los actuales les vaya mejor. DespuĂ©s de trillones de fracasos y una tasa de fracaso del cien por cien, este es un experimento que nadie deberĂa seguir intentando.
Una segunda forma de negaciĂłn de nuestra premisa es: "Ahora soy perfectamente feliz". Esto, sugerimos, roza la idiotez o, peor aĂşn, la deshonestidad. Requiere algo más parecido a un exorcismo que a una refutaciĂłn. Este es Merseult en El Extranjero de Camus. Esto es subhumano, vegetaciĂłn, psicologĂa pop. Incluso el utilitarista hedonista John Stuart Mill, una de las mentes más superficiales (aunque inteligentes) de la historia de la filosofĂa, dijo que "es mejor ser SĂłcrates insatisfecho que un cerdo satisfecho".
Pregunta 3: Este argumento no es más que otra versión del argumento ontológico de Anselmo (13), que no es válido. Argumentas a un Dios objetivo a partir de una mera idea o deseo subjetivo en ti.
Respuesta: No, no argumentamos sĂłlo a partir de la idea, como hace Anselmo. Más bien, nuestro argumento deriva primero una premisa importante del mundo real de la naturaleza: que la naturaleza no hace ningĂşn deseo en vano. Luego descubre algo real en la naturaleza humana -a saber, el deseo humano de algo más que la naturaleza- que la naturaleza no puede explicar, porque la naturaleza no puede satisfacerlo. AsĂ, el argumento se basa en hechos observados en la naturaleza, tanto externos como internos. Tiene datos.
Vease tambien,
(17) El argumento de la experiencia estética
Existe la mĂşsica de Johann Sebastian Bach.Por lo tanto, debe haber un Dios.O lo ves o no lo ves.
(18) El argumento de la experiencia religiosa
AlgĂşn tipo de experiencia se encuentra en el nĂşcleo de la fe religiosa de la mayorĂa de las personas. Es muy probable que la mayorĂa de nuestros lectores hayan tenido una experiencia de este tipo. Si es asĂ, se dan cuenta, de una manera que nadie más puede, de su importancia central en su vida. Esa comprensiĂłn no es en sĂ misma un argumento a favor de la existencia de Dios; de hecho, a la luz de ella probablemente dirĂas que no hay necesidad de argumentos. Pero, de hecho, hay un argumento a favor de la existencia de Dios construido a partir de los datos de esas experiencias. No se trata de un argumento que pase de tu propia experiencia personal a tu propia afirmaciĂłn de que Dios existe. Como hemos dicho, lo más probable es que no necesites ese argumento. En cambio, este argumento se mueve en otra direcciĂłn: del hecho generalizado de la experiencia religiosa a la afirmaciĂłn de que sĂłlo una realidad divina puede explicarla adecuadamente.
Es difĂcil exponer este argumento de forma deductiva. Pero se podrĂa plantear de la siguiente manera.
1. Muchas personas de distintas épocas y de culturas muy diferentes afirman haber tenido una experiencia de lo "divino".2. Es inconcebible que tantas personas puedan estar tan equivocadas sobre la naturaleza y el contenido de su propia experiencia.3. Por lo tanto, existe una realidad "divina" que han experimentado muchas personas de distintas épocas y de culturas muy diferentes.
¿Prueba esta experiencia que existe un Dios creador inteligente? A primera vista, esto parece poco probable. Porque tal Dios no parece ser el objeto de todas las experiencias llamadas "religiosas". Pero aun asĂ, es el objeto de muchas. Es decir, muchas personas entienden su experiencia de esa manera; están "unidos a" o "tomados por" un Conocimiento y un Amor ilimitados y abrumadores, un Amor que les llena de sĂ mismo pero que excede infinitamente su capacidad de recepciĂłn. O eso es lo que afirman. La cuestiĂłn es: ¿debemos creerles?
Hay un gran nĂşmero de afirmaciones de este tipo. O son ciertas o no. Al evaluarlas, debemos tener en cuenta:
1. la consistencia de estas afirmaciones (¿son autoconsistentes asĂ como consistentes con lo que sabemos que es verdad?);
2. el carácter de quienes hacen estas afirmaciones (¿parecen estas personas honestas, decentes, dignas de confianza?); y
3. los efectos que estas experiencias han tenido en sus propias vidas y en las de los demás (¿se han vuelto estas personas más cariñosas como resultado de lo que han experimentado? ¿Más edificantes? O, por el contrario, ¿se han vuelto vanidosas y ensimismadas?).
Suponga que alguien le dice: "Todas estas experiencias son el resultado de lesiones en el lĂłbulo temporal o de una represiĂłn neurĂłtica. En ningĂşn caso verifican la verdad de una realidad divina". ¿Cuál podrĂa ser su reacciĂłn? PodrĂa pensar en esa enorme documentaciĂłn de relatos y preguntarse si eso puede ser correcto. Y podrĂas concluir: "No. Teniendo en cuenta esta enorme cantidad de afirmaciones, y la calidad de vida de quienes las hicieron, parece increĂble que quienes las hicieron pudieran estar tan equivocados al respecto, o que la locura o la enfermedad cerebral pudieran causar una bondad y una belleza tan profundas".
Es imposible establecer de antemano cĂłmo afectará a todos los individuos la investigaciĂłn de este historial de reclamaciones y personajes. No se puede decir de antemano cĂłmo les afectará a ustedes. Pero es una evidencia; ha persuadido a muchos; y no puede ser ignorada. A veces -de hecho, creemos que muy a menudo- ese historial no se afronta sino que se descarta con vĂvidas etiquetas de moda.
Esta prueba se parece en algunos aspectos al argumento de la experiencia religiosa (18) y en otros al argumento del deseo (16). Se argumenta que:
1. La creencia en Dios -ese Ser al que se le debe reverencia y adoraciĂłn- es comĂşn a casi todos los pueblos de todas las Ă©pocas.2. O la gran mayorĂa de las personas se han equivocado en este elemento tan profundo de sus vidas o no lo han hecho.3. Lo más plausible es creer que no lo han hecho.4. Por lo tanto, es muy plausible creer que Dios existe.
Todo el mundo admite que las creencias religiosas están muy extendidas a lo largo de la historia de la humanidad. Pero surge la pregunta: ¿Este hecho indiscutible supone una prueba a favor de la verdad de las afirmaciones religiosas? Incluso un escĂ©ptico admitirá que el testimonio que tenemos es profundamente impresionante: la inmensa mayorĂa de los humanos ha creĂdo en un Ser Ăşltimo ante el que la respuesta adecuada sĂłlo puede ser la reverencia y la adoraciĂłn. Nadie discute la realidad de nuestros sentimientos de reverencia, actitudes de culto, actos de adoraciĂłn. Pero si Dios no existe, entonces estas cosas nunca han tenido un objeto real. ¿Es realmente plausible creer eso?
La capacidad de reverencia y adoraciĂłn parece ciertamente pertenecer a nosotros por naturaleza. Y es difĂcil creer que esta capacidad natural no pueda nunca, en la naturaleza de las cosas, ser satisfecha, especialmente cuando tantos testifican que lo ha sido. Es cierto, es concebible que este lado de nuestra naturaleza estĂ© condenado a la frustraciĂłn; es pensable que esos millones y millones que afirman haber encontrado al Santo que es digno de reverencia y adoraciĂłn se hayan engañado. Pero, ¿es probable?
Parece mucho más probable que los que se niegan a creer sean los que sufren privaciones y delirios, como la persona sorda que niega la existencia de la mĂşsica, o la inquilina asustada que se dice a sĂ misma que no oye gritos de terror y angustia procedentes de la calle de abajo y, cuando sus hijos se despiertan con los sonidos y le preguntan: "¿Por quĂ© grita esa señora, mamá?", les dice: "Nadie grita; es el viento, eso es todo. Volved a dormir".
Pregunta 1: Pero la mayorĂa no es infalible. La mayorĂa se equivocĂł sobre los movimientos del sol y la tierra. Entonces, ¿por quĂ© no sobre la existencia de Dios?
Respuesta: Si la gente estaba equivocada con la teorĂa del heliocentrismo, seguĂan experimentando el sol y la tierra y el movimiento. Simplemente se equivocaron al pensar que el movimiento que percibĂan era el del sol. Pero si Dios no existe, ¿quĂ© es lo que han experimentado los creyentes? El nivel de ilusiĂłn va mucho más allá de cualquier otro ejemplo de error colectivo. Realmente equivale a una psicosis colectiva.
Porque creer en Dios es como tener una relaciĂłn con una persona. Si Dios nunca existiĂł, tampoco esta relaciĂłn. No respondĂas con reverencia y amor a nadie; y nadie estaba allĂ para recibir y responder a tu respuesta. Es como si te creyeras felizmente casado cuando en realidad vives solo en un sucio apartamento.
Ahora bien, admitimos que tal ilusiĂłn masiva es concebible, pero ¿cuál es la historia probable? Si no hubiera otros elementos de experiencia que, junto con nuestras percepciones del sol y la tierra, hicieran más probable que la tierra gira alrededor del sol, serĂa una tonterĂa interpretar nuestra experiencia de esa manera. Pero mucho más aquĂ, donde lo que experimentamos es una relaciĂłn que implica reverencia y adoraciĂłn y, a veces, amor. Lo más razonable es creer que Dios está realmente ahĂ, dada una creencia tan extendida en Ă©l, a menos que los ateos puedan presentar una explicaciĂłn muy persuasiva de la creencia religiosa, que tenga en cuenta la experiencia de los creyentes y demuestre que su experiencia se explica mejor como un engaño y no como una visiĂłn. Pero los ateos nunca lo han hecho.
Pregunta 2: ¿Pero no existe una explicaciĂłn psicolĂłgica muy plausible de la creencia religiosa? Muchos no creyentes sostienen que la creencia en Dios es el resultado de los temores de la infancia; que Dios es en realidad una proyecciĂłn de nuestros padres humanos: alguien "allá arriba" que puede protegernos de las fuerzas naturales que consideramos hostiles.
Respuesta A: Esto no es realmente una explicaciĂłn naturalista de la creencia religiosa. No es más que una afirmaciĂłn, revestida de jerga psicolĂłgica, de que la creencia religiosa es falsa. Se parte de la suposiciĂłn de que Dios no existe. Luego, se piensa que, dado que el sĂmbolo terrenal más cercano al Creador es un padre, Dios debe ser una proyecciĂłn cĂłsmica de nuestros padres humanos. Pero aparte de el supuesto del ateĂsmo, no hay ninguna prueba convincente de que Dios sea una mera proyecciĂłn.
De hecho, el argumento es falso. SĂłlo buscamos una explicaciĂłn psicolĂłgica para las ideas que ya sabemos (o suponemos) que son falsas, no para las que creemos que son verdaderas. Preguntamos: "¿Por quĂ© crees que los perros negros quieren matarte? ¿Te asustĂł uno cuando eras pequeño?". Pero nunca preguntamos: "¿Por quĂ© crees que los perros negros no quieren matarte? ¿Tuviste una vez un buen cachorro negro?"
Respuesta B: Aunque tiene que haber algo de Dios que se refleje en los padres humanos (si no, nuestro simbolismo para Ă©l serĂa inexplicable), los cristianos se dan cuenta de que el simbolismo es, en Ăşltima instancia, inadecuado. Y si el Ser Ăšltimo es misterioso de una manera que trasciende todo simbolismo,¿cĂłmo puede ser una mera proyecciĂłn de lo que el sĂmbolo representa? La verdad parece ser -y si Dios existe, la verdad es- lo contrario: nuestros padres terrenales son pálidas proyecciones del Padre Celestial. Cabe señalar que varios escritores (por ejemplo, Paul Vitz) han analizado el ateĂsmo como una patologĂa psĂquica en sĂ misma: una alienaciĂłn del padre humano que da lugar al rechazo de Dios.
Vease tambien,
(20) La apuesta de Pascal
Supongamos que usted, el lector, sigue pensando que todos estos argumentos no son concluyentes. Queda otro tipo de argumento diferente. Se le conoce como la apuesta de Pascal. Lo mencionamos aquĂ y lo adaptamos a nuestro propĂłsito, no porque sea una prueba de la existencia de Dios, sino porque puede ayudarnos en nuestra bĂşsqueda de Dios en ausencia de tal prueba.
Tal y como fue propuesta originalmente por Pascal, la Apuesta supone que el razonamiento lĂłgico por sĂ mismo no puede decidir a favor o en contra de la existencia de Dios; parece que hay buenas razones en ambos lados. Ahora bien, como la razĂłn no puede decidir con seguridad, y como la cuestiĂłn es de tal importancia que debemos decidir de alguna manera, entonces debemos "apostar" si no podemos probar.
Y asĂ se nos pregunta: ¿DĂłnde vas a colocar tu apuesta? Si lo colocas con Dios, no pierdes nada, aunque resulte que Dios no existe. Pero si la colocas contra Dios, y te equivocas y Dios existe, lo pierdes todo: Dios, la eternidad, el cielo, la ganancia infinita. "Evaluemos los dos casos: si ganas, lo ganas todo, si pierdes, no pierdes nada".
Considere el siguiente diagrama:
Considere el siguiente diagrama:
Las lĂneas verticales representan creencias correctas, las diagonales representan creencias incorrectas. Comparemos las diagonales. Supongamos que Dios no existe y yo creo en Ă©l. En ese caso, lo que me espera despuĂ©s de la muerte no es la vida eterna sino, muy probablemente, la inexistencia eterna. Pero ahora tomemos la otra diagonal: Dios, mi Creador y la fuente de todo bien, sĂ existe; pero no creo en Ă©l. Me ofrece su amor y su vida, y lo rechazo. Hay respuestas a mis mayores preguntas, hay cumplimiento de mis deseos más profundos; pero decido rechazarlo todo. En ese caso, lo pierdo (o al menos corro el grave riesgo de perderlo todo).
La apuesta puede parecer ofensivamente venal y puramente egoĂsta. Pero puede reformularse para apelar a un motivo moral más elevado: Si existe un Dios de bondad infinita, y merece justamente mi lealtad y mi fe, me arriesgo a cometer la mayor injusticia al no reconocerlo.
La apuesta puede parecer ofensivamente venal y puramente egoĂsta. Pero puede reformularse para apelar a un motivo moral más elevado: Si existe un Dios de bondad infinita, y merece justamente mi lealtad y mi fe, me arriesgo a cometer la mayor injusticia al no reconocerlo.
La apuesta no puede -o no debe- obligar a creer. Pero puede ser un incentivo para que busquemos a Dios, para que estudiemos y volvamos a estudiar los argumentos que pretenden demostrar que hay Algo -o Alguien- que es la explicaciĂłn Ăşltima del universo y de mi vida. Al menos podrĂa motivar "La oraciĂłn del escĂ©ptico": "Dios, no sĂ© si existes o no, pero si lo haces, por favor muĂ©strame quiĂ©n eres".
Pascal dice que hay tres tipos de personas: los que han buscado a Dios y lo han encontrado, los que están buscando y aún no han encontrado, y los que ni buscan ni encuentran. Los primeros son razonables y felices, los segundos son razonables e infelices, los terceros son a la vez irrazonables e infelices. Si la apuesta nos estimula al menos a buscar, entonces nos estimulará al menos a ser razonables. Y si la promesa que hace Jesús es cierta, todos los que buscan encontrarán (Mt 7,7-8), y asà serán felices.
Pregunta 1: Hay muchas religiones, y creer en el Dios de una religiĂłn podrĂa impedir obtener las recompensas infinitas de otra religiĂłn.
Respuesta: La probabilidad importa. Importa incluso cuando se trata de valores infinitos. Para ver por quĂ©, imagina que te dan a elegir entre un 90 % de posibilidades de obtener un bien infinito o un 10 % de posibilidades de obtener el mismo bien. Claramente deberĂas tomar el 90% de posibilidades. Cuando aplicamos esto a la apuesta de Pascal, el resultado es que debes apostar por la religiĂłn que crees que es más probable que sea verdadera. El cristianismo y el islam en realidad no tienen el mismo valor esperado: apostar por la religiĂłn más probable te da una mayor probabilidad de obtener un bien infinito y, por lo tanto, tiene un valor esperado más alto. Además, dado que es poco probable que los ateos y los agnĂłsticos (los agnĂłsticos suspenden el juicio sobre la existencia de Dios) vayan al cielo y los teĂstas al infierno, la apuesta de Pascal implica que es irracional ser ateo o agnĂłstico.
Ademas de los 19+1 argumentos aqui expuestos, tambien queremos mostrar otros 78 argumentos para la existencia de Dios que usted probablemente no conozca, en orden alfabetico, con enlaces para su lectura adicional para mayor referencia.
1. El argumento de las Acciones.
1) Actuar moralmente es siempre racional sĂłlo si es siempre lo que es en Ăşltima instancia, lo mejor para mĂ.2) Actuar moralmente es siempre lo mejor para mĂ sĂłlo si Dios existe.3) Entonces, actuar moralmente es siempre racional sĂłlo si Dios existe. (1, 2)4) Actuar moralmente es siempre racional.5) Entonces, Dios existe. (3, 4)
1) El ADN es como un programa de computadora diseñado intencionalmente.2) Los programas de computadora diseñados intencionalmente tienen diseñadores inteligentes.3) Si el ADN es como un programa de computadora diseñado intencionalmente, probablemente también tenga un diseñador inteligente.4) Asà que el ADN probablemente tiene un diseñador inteligente.
1) El ajuste fino del universo se debe al azar, a la necesidad fĂsica o al diseño.2) El ajuste fino no se debe ni al azar ni a la necesidad necesidad fĂsica.3) Por lo tanto, el ajuste fino se debe al diseño.
Vease,
4. El argumento del Altruismo.
1) El altruismo genuino existe y es racional.2) Si el naturalismo es verdadero, el altruismo genuino no existe y es irracional.3) Entonces, el naturalismo es falso.4) Si el teĂsmo es verdadero, el altruismo genuino probablemente existe y es racional.5) Por lo tanto, la existencia y la racionalidad del altruismo genuino confirma fuertemente el teĂsmo.
Vease,
5. El argumento del Amor.
1) Nuestras demostraciones de amor más ricas y profundas sugieren fuertemente que no son solo subproductos evolutivos de la selecciĂłn de parentesco o el altruismo recĂproco.2) Si nuestras demostraciones de amor más ricas y profundas sugieren fuertemente eso, entonces estamos justificados al pensar que no son solo subproductos evolutivos de la selecciĂłn de parentesco o el altruismo recĂproco.3) Si estamos justificados al pensar eso, entonces estamos justificados al pensar que hay una fuente de amor más profunda y no naturalista central en la realidad.4) Si hay una fuente de amor más profunda y no naturalista central en la realidad, probablemente sea Dios.5) Entonces, probablemente, Dios existe.
Vease,
6. El argumento del Aprendizaje Moral.
1) Tenemos la capacidad de aprender normas morales objetivas.2) La mejor explicaciĂłn de (1) es que nuestras facultades cognitivas están destinadas a aprender las normas morales objetivas.3) AsĂ que, probablemente, nuestras facultades cognitivas están destinadas a aprender normas morales objetivas.4) El teĂsmo es la mejor explicaciĂłn de que tengamos facultades cognitivas destinadas a aprender normas morales objetivas.5) AsĂ que, probablemente, el teĂsmo es verdadero.
7. El argumento del Arte.
1) Si las experiencias artĂsticas de los artistas justifican sus creencias artĂsticas, las experiencias religiosas de las personas religiosas justifican sus creencias religiosas.2) Las experiencias artĂsticas de los artistas justifican sus creencias artĂsticas.3) Entonces, las experiencias religiosas de las personas religiosas justifican sus creencias religiosas.4) Entonces, las experiencias religiosas de Dios justifican la creencia en Dios.
1) Nuestras vidas son objetivamente significativas.2) Nuestras vidas pueden ser objetivamente significativas solo si forman una narrativa.3) Nuestras vidas pueden formar una narrativa solo si hay un narrador/autor de nuestras vidas.4) Entonces, hay un narrador/autor de nuestras vidas.5) Si hay un narrador/autor de nuestras vidas, es Dios.6) Entonces, Dios existe.
Vease,
9. El argumento de la Belleza Matemática.
1) Las teorĂas matemáticas inspiradas en impulsos estĂ©ticos a menudo aplicar con Ă©xito al mundo fĂsico.2) Que las teorĂas matemáticas inspiradas en impulsos estĂ©ticos a menudo aplicar con Ă©xito al mundo fĂsico es más probable si el teĂsmo es verdadero que si el naturalismo es verdadero.3) Entonces, el hecho de que las teorĂas matemáticas inspiradas en impulsos estĂ©ticos a menudo se aplica con Ă©xito al mundo fĂsico es evidencia para el teĂsmo sobre el naturalismo.
Vease,
10. El argumento de la Belleza Natural.
1) La belleza natural da la impresión resistente de ser un regalo.2) Si la belleza natural da la impresión resistente de ser un regalo, estamos justificado al creer que es un regalo.3) Entonces, estamos justificados al creer que la belleza natural es un regalo.4) Si la belleza natural es un don, sólo puede ser el don de un trascendente, dador benevolente.5) Entonces, estamos justificados al creer que la belleza natural es el regalo de un dador trascendente y benévolo.
Vease,
Peter Forrest, God Without the Supernatural: A Defense of Scientific Theism
Ryan West and Adam Pelser, “Perceiving God Through Natural Beauty”
Ryan West and Adam Pelser, “Perceiving God Through Natural Beauty”
11. El argumento de la Belleza Objetiva.
1) Hay belleza objetiva.2) La belleza objetiva es más probable si el teĂsmo es verdadero que si el naturalismo es verdad.3) Entonces, la belleza objetiva es evidencia del teĂsmo sobre el naturalismo.
Vease,
12. El argumento del Beneficio Global.
1) Si las enseñanzas centrales de una religión transforman dramáticamente a las personas y el mundo para mejor, es racional comprometerse con esa religión.2) Las enseñanzas centrales del cristianismo tienen, y continúan siendo, transformar dramáticamente a las personas y al mundo para mejor.3) Entonces, es racional comprometerse con el cristianismo.
Vease,
Rodney Stark, The Victory of Reason: How Christianity Led to Freedom, Capitalism, and Western Success.
Nick Spencer, The Evolution of the West: How Christianity has Shaped our Values.
Nick Spencer, The Evolution of the West: How Christianity has Shaped our Values.
13. El argumento del Bien Supremo.
1) Debemos (moralmente) promover la realizaciĂłn del bien supremo.2) Lo que debemos hacer debe ser posible para nosotros.3) Por lo tanto, nos es posible promover la realizaciĂłn del bien supremo.4) Nos es posible promover la realizaciĂłn del bien supremo sĂłlo si existe un Dios que hace posible esa realizaciĂłn.5) Por lo tanto, existe tal Dios.
Vease,
14. El argumento de la Bipolaridad.
1) Los seres humanos son moralmente bipolares.2) La mejor explicaciĂłn de por quĂ© los humanos son moralmente bipolares son las doctrinas cristianas de la caĂda y el pecado original.3) Entonces, es razonable creer en las doctrinas cristianas de la caĂda y el pecado original.4) Las doctrinas cristianas de la CaĂda y el Pecado Original implican que la cristiandad es verdadera.5) Entonces, es razonable creer que el cristianismo es verdadero.
Vease,
Blaise Pascal, "Pensamientos."
Douglas Groothuis, “Disposed Royalty: Pascal’s Anthropological Argument.”
Douglas Groothuis, “Disposed Royalty: Pascal’s Anthropological Argument.”
Robert Velarde, “Greatness and Wretchedness: The Usefulness of Pascal’s Anthropological Argument in Apologetics.”
Jonathan Threlfall, “The Imago Dei and Blaise Pascal’s Abductive Anthropological Argument."
Jonathan Threlfall, “The Imago Dei and Blaise Pascal’s Abductive Anthropological Argument."
15. El argumento de la Brecha moral.
1) Si uno debe hacer x, puede hacer x.2) Uno debe estar a la altura de las exigencias de la moral.3) Entonces, uno puede vivir de acuerdo con las exigencias de la moral. (1, 2)4) SĂłlo se puede estar a la altura de las exigencias de la moral si se cuenta con la asistencia extrahumana necesaria.5) Por lo tanto, uno tiene la ayuda extrahumana necesaria. (3, 4)6) Si una teorĂa postula exactamente la asistencia extrahumana necesaria para cumplir con las exigencias de la moralidad, es racional creer en esa teorĂa.7) El teĂsmo cristiano postula exactamente la ayuda extrahumana necesaria para estar a la altura de las exigencias de la moral.8) Por lo tanto, es racional creer en el teĂsmo cristiano
16. El argumento de los Conceptos.
1) El ser humano S tiene conceptos.2) S puede tener conceptos solo si S tiene la capacidad innata de adquirir conceptos y lo hace con la ayuda lingĂĽĂstica de una comunidad lingĂĽĂstica.3) Aquellos dentro de la comunidad lingĂĽĂstica que ayudan a S a adquirir conceptos tambiĂ©n adquiriĂł conceptos de la ayuda de otros en el lenguaje comunidad.4) No puede haber una regresiĂłn infinita de humanos ayudando a otros humanos adquirir conceptos.5) Entonces, debe haber un ser no humano con conceptos innatos fuera la comunidad lingĂĽĂstica de humanos que inicia la serie de humanos ayudando a otros humanos a adquirir conceptos.
17. El argumento de los Conjuntos MetafĂsicos.
1) Los conjuntos existen y tienen una cierta naturaleza: son (i) no auto-miembros, (ii) tener sus miembros esencialmente, y (iii) forman colectivamente una estructura iterada.2) O el realismo de la teorĂa de conjuntos es verdadero o el activismo es verdadero.3) El activismo explica la existencia y naturaleza de los sets mejor que realismo teĂłrico de conjuntos ((iii) en particular).4) Entonces, la existencia y naturaleza de los conjuntos confirma el activismo sobre el realismo teĂłrico de conjuntos.5) Si el activismo es cierto, entonces probablemente haya un intelecto infinito.6) Entonces, la existencia y naturaleza de los conjuntos confirma la existencia de un intelecto infinito.
1) Tenemos conocimiento.2) Podemos tener conocimiento solo si nuestras facultades cognitivas funcionanadecuadamente.3) Nuestras facultades cognitivas sólo funcionan correctamente si estándiseñado.4) Entonces, nuestras facultades cognitivas están diseñadas.5) Si nuestras facultades cognitivas están diseñadas, entonces probablemente Dios existe.6) Entonces, probablemente, Dios existe.
Vease,
Alvin Plantinga, Warrant and Proper Function.
Kenny Boyce and Andrew Moon, “In Defense of Proper Functionalism: Cognitive Science Takes on Swampman"
Kenny Boyce and Andrew Moon, “In Defense of Proper Functionalism: Cognitive Science Takes on Swampman"
19. El argumento del Conocimiento moral.
1) Tenemos conocimiento moral.2) Si el naturalismo es cierto, entonces es muy probable que no tengamos conocimiento moral.3) Si el teĂsmo es cierto, es muy probable que tengamos conocimiento moral.4) Por lo tanto, el hecho de que tengamos conocimiento moral es una fuerte evidencia a favor del teĂsmo y en contra del naturalismo.
Vease,
20. El argumento del Conocimiento total.
1) Para cualquier proposiciĂłn p, si p, entonces es posible que alguien sepa p.2) Si (1), entonces para cualquier proposiciĂłn p, hay alguien que conoce p.3) Si (2), entonces hay alguien que conoce todas las verdades.4) Entonces, hay alguien que conoce todas las verdades.
21. El argumento de la Credibilidad.
1) Cuantos más argumentos independientes haya, la p es verdadera, la más alta la credibilidad de uno deberĂa ser que p es posiblemente cierto.2) Hay más que suficientes argumentos a favor de la existencia de Dios para justificar la creencia de que Dios posiblemente existe.3) Si somos justificados en creer que Dios posiblemente existe, somos justificados en creyendo que Dios existe.4) Entonces, estamos justificados al creer que Dios existe.
Vease,
22. El argumento de la Creencia propiamente básica.
1) Si la creencia en Dios es propiamente básica, estoy justificado para creer en Dios.2) La creencia en Dios es propiamente básica.3) Por lo tanto, estoy justificado para creer en Dios.
1) Ciertas creencias morales son compartidas por toda la humanidad.2) Si ciertas creencias morales son compartidas por toda la humanidad, Dios es la mejor explicaciĂłn de ello.3) Por lo tanto, Dios es la mejor explicaciĂłn de que existan ciertas creencias morales compartidas por toda la humanidad.4) Entonces, probablemente, Dios existe.
1) Tenemos fuertes creencias sobre (y conocimiento de) objetos matemáticos.2) Si S conoce p, hay una explicación causal que conecta al conocedor al objeto conocido.3) Entonces, hay una explicación causal que nos conecta y matemática objetos.4) Solo un ser semejante a Dios puede proporcionar una explicación causal para nuestra fuertemente ciertas creencias acerca de los objetos matemáticos.5) Entonces, existe un ser semejante a Dios.
1) Hay seres dependientes.2) Para cualquier ser dependiente, o bien depende de sĂ mismo, o bien depende de otro.3) Nada puede depender de sĂ mismo.4) Por lo tanto, todos los seres dependientes dependen de otro. (1, 2)5) La serie de seres que dependen de otro no puede ser infinita.6) Si la serie de seres que dependen de otro no puede ser infinita, entonces la serie de seres que dependen de otro debe depender en Ăşltima instancia de un ser independiente.7) La serie de seres que dependen de otro debe depender en Ăşltima instancia de un ser independiente. (5, 6)
Vease,
26. El argumento de los Derechos.
1) Los seres humanos tienen derechos naturales.2) Los humanos tienen derechos naturales solo si los humanos tienen derechos inherentes y igual valor3) La mejor explicaciĂłn de que los humanos tienen un valor inherente e igual es que ese estatus se les otorga como un honor de un autoridad.4) La Ăşnica autoridad adecuada que podrĂa otorgar inherente e igual valor como un honor para todos los humanos es Dios.5) Entonces, probablemente, Dios existe.
Vease,
Nicholas Wolterstorff, Understanding Liberal Democracy: Essays in Political Philosophy"
John Warwick Montgomery, Human Rights and Human Dignity
John Warwick Montgomery, Human Rights and Human Dignity
27. El argumento de la Dignidad.
1) Las personas humanas tienen un valor/valĂa inherente.2) El hecho de que las personas humanas tengan un valor inherente es mucho más más probable si el teĂsmo es verdadero que si el naturalismo es verdadero.3) Entonces, el hecho de que las personas humanas tengan valor/valĂa es fuerte evidencia a favor del teĂsmo sobre el naturalismo.
Vease,
28. El argumento del Diseño Intencional.
1) Si x se parece a un diseño, entonces x se considera justificadamente el producto de un diseño intencional.2) Algunas cosas de la naturaleza tienen apariencia de diseño.3) Por lo tanto, algunas cosas de la naturaleza se consideran justificadamente productos de diseño intencional.
Vease,
28. El argumento de la EconomĂa global.
1) DeberĂamos aceptar la mejor teorĂa de la abstracta.2) La mejor teorĂa de la abstracta asegurará las virtudes de ambos antirrealismo (econĂłmico) y realismo (necesidad y objetividad).3) SĂłlo el teĂsmo puede asegurar las virtudes tanto del antirrealismo (econĂłmico) y realismo (necesidad y objetividad) sobre abstracto.4) Entonces, el teĂsmo proporciona la mejor teorĂa de la abstracta.5) Entonces, debemos aceptar el teĂsmo.
1) Si x es un todo, entonces x está hecho por un agente inteligente.2) Algunos todos no pueden ser hechos por agentes corporizados.3) Entonces, algunos todos hechos por agentes inteligentes no son hechos por agentes encarnados.4) Algunas totalidades hechas por un agente inteligente e incorpóreo requieren que el agente sea como Dios.5) Entonces, allà existe un agente incorpóreo inteligente, semejante a Dios.
Vease,
30. El argumento de los Estados mentales.
1) Existen estados mentales no fĂsicos.2) La explicaciĂłn de la existencia de estados mentales no fĂsicos es ya sea cientĂfico o personal.3) La explicaciĂłn de la existencia de estados mentales no fĂsicos no puede ser cientĂfico.4) Entonces, la explicaciĂłn de la existencia de estados mentales no fĂsicos es personal.5) Si la explicaciĂłn de la existencia de estados mentales no fĂsicos es personal, entonces es teĂsta.6) Entonces, la explicaciĂłn de la existencia de estados mentales no fĂsicos es teĂsta.
1) Tenemos sensibilidades estĂ©ticas naturales y sofisticadas.2) Que tengamos sensibilidades estĂ©ticas naturales y sofisticadas es más probable si el teĂsmo es verdadero que si el naturalismo es verdadero.3) Entonces, que tengamos sensibilidades estĂ©ticas naturales y sofisticadas es evidencia a favor del teĂsmo sobre el naturalismo.
Vease,
F. R. Tennant, Philosophical Theology, Vol. 2.
Mark Wynn, God and Goodness: A Natural Theological Perspective.
Mark Wynn, God and Goodness: A Natural Theological Perspective.
32. El argumento de la Ética.
1) Es racional tratar de ser moral sĂłlo si es racional creer que el intento tendrá Ă©xito.2) Pero no es racional creer que el intento pueda tener Ă©xito si todo lo que tenemos son nuestras propias facultades humanas.3) Pero es racional intentar ser moral.4) Por lo tanto, es racional creer que el intento podrĂa tener Ă©xito. (1, 3)5) Por lo tanto, tenemos algo más que nuestras propias facultades humanas para seguir adelante. (2, 4)6) Si una teorĂa postula exactamente quĂ© más necesitamos para creer que el intento de ser morales probablemente tenga Ă©xito, entonces es racional creer en esa teorĂa.7) El teĂsmo cristiano postula exactamente lo que necesitamos para ser racionales en la creencia de que el intento de ser moral serĂa probablemente exitoso.8) Por lo tanto, es racional creer en el teĂsmo cristiano
33. El argumento de la Felicidad.
1) Lo que hace que valga la pena vivir la vida es la felicidad.2) Si lo que hace que la vida valga la pena es la felicidad, es racional renunciar a ella felicidad en esta vida por el bien del deber sólo si hay una más allá donde la felicidad y la moralidad se alinean perfectamente.3) Es racional renunciar a la felicidad en esta vida por el bien de la moral deber.4) Entonces, hay una vida después de la muerte donde la felicidad y la moralidad alinear.5) Si hay un hay un más allá donde la felicidad y la moralidad perfectamente alineados, entonces probablemente, Dios existe.6) Entonces, probablemente, Dios existe.
1) Los seres humanos tienen habilidades lingĂĽĂsticas muy sofisticadas de forma innata.2) La mejor explicaciĂłn para los humanos que tienen de forma innata muy habilidades lingĂĽĂsticas sofisticadas es que Dios las dota de tal.3) Entonces, probablemente, Dios existe.
Vease,
35. El argumento del Hecho semántico.
1) Los hechos semánticos son objetivos y dependientes de la mente.2) Entonces, los hechos semánticos que subyacen al lenguaje sensible al contexto son objetivo y dependiente de la mente.3) Los hechos semánticos que subyacen al lenguaje sensible al contexto pueden ser objetivos y dependientes de la mente solo si están basados en un mente trascendente que contiene toda la semántica correcta del idioma.04) Entonces, hay una mente trascendente que contiene toda la semántica correcta del idioma.
1) Los hechos existen y son unidades de constituyentes.2) Los hechos pueden ser unidades de constituyentes sĂłlo si hay un unificador de hechos.3) AlgĂşn hecho u otro existe en todos los mundos posibles.4) Si algĂşn hecho u otro existe en todos los mundos posibles, debe haber ser un hecho-unificador externo en todos los mundos posibles.5) Entonces, hay un hecho-unificador externo en cada mundo posible.6) Lo Ăşnico que puede ser un hecho-unificador externo en cada mundo posible es una mente.7) Entonces, hay una mente unificadora de hechos en cada mundo posible.
Vease,
37. El argumento de la Idea.
1) Tengo la idea de un ser perfecto, es decir, Dios.2) Las ideas, al igual que las demás cosas, tienen causas -algunas por otras ideas, otras por realidades extra-mentales de las que las ideas son.3) Pero mi idea de Dios no puede haber sido causada por otras ideas mĂas. propias.4) Entonces, mi idea de Dios es causada por la realidad extra-mental de la que es una idea de la que es una idea: la que rea0lmente posee esas perfecciones, es decir, Dios.
Vease,
38. El argumento del Idealismo.
1) Todo tiene una cualidad intrĂnseca, no relacional.2) Solo los estados conscientes tienen cualidades intrĂnsecas, no relacionales.3) Entonces, cada cosa tiene una cualidad consciente.4) La mejor explicaciĂłn de cĂłmo cada cosa puede tener una conciencia cualidad es que todo está (al menos en parte) constituido por la voluntad de Dios mente.5) Entonces, probablemente, Dios existe.
Vease,
George Berkeley, "Tres diálogos entre Hilas y Filonús"
Van Inwagen and Zimmerman , Persons: Human and Divine.
Hugh Hunter, “George Berkeley’s Proof for the Existence of God”
Cowan and Spiegel, Idealism and Christian Philosophy
Van Inwagen and Zimmerman , Persons: Human and Divine.
Hugh Hunter, “George Berkeley’s Proof for the Existence of God”
Cowan and Spiegel, Idealism and Christian Philosophy
39. El argumento del Igual valor
1) Todos los humanos tienen el mismo valor.2) Todos los humanos pueden tener el mismo valor solo si hay algo los humanos tienen en comĂşn en virtud de lo cual tienen el mismo valor.3) Entonces, hay algo que todos los humanos tienen en comĂşn en virtud de lo cual tenemos el mismo valor.4) Si el naturalismo es cierto, no hay nada que todos los humanos tengan en comĂşn en virtud de la cual tenemos igual valor.5) Entonces, el naturalismo es falso.6) Si hay algo que todos los humanos tienen en comĂşn en virtud de lo cual tenemos el mismo valor, Dios es la mejor explicaciĂłn de eso.7) Entonces, Dios es la mejor explicaciĂłn de que todos los humanos tienen el mismo valor.
1) Hay una indeterminaciĂłn Ăłntica genuina.2) Los objetos materiales no son radicalmente ontolĂłgicamente incompletos.3) Si existe una indeterminaciĂłn Ăłntica genuina, los objetos materiales pueden ser ontolĂłgicamente completa sĂłlo si algo más fundamental quela materia los completa.4) Entonces, los objetos materiales pueden ser ontolĂłgicamente completos solo si algo más fundamentales que la materia los completa.5) AsĂ, algo más fundamental que la materia completa los objetos materiales.6) Lo Ăşnico que puede ser más fundamental que la materia que podrĂa completar los objetos materiales es una mente como Dios.7) Entonces, existe una mente como Dios.
1) Se justifica la inducciĂłn.2) La inducciĂłn se justifica sĂłlo si existe una verdadera regularidad de la naturaleza.3) SĂłlo puede haber una regularidad genuina de la naturaleza si existenleyes que rigen la naturaleza.4) Entonces, hay leyes naturales que gobiernan la naturaleza.5) La mejor explicaciĂłn de que existen leyes naturales que gobiernan la naturaleza es si Dios los creĂł y los impone a la naturaleza.6) Entonces, probablemente, Dios existe.
Vease,
42. El argumento de la InformaciĂłn.
1) La información es inherente a los componentes básicos de la vida.2) La información es producto de la inteligencia.3) Si la información es inherente a los componentes básicos de la vida, entonces los componentes básicos de la vida en sà mismos son el subproducto de inteligencia.4) Entonces, los componentes básicos de la vida son el subproducto de la inteligencia.
Vease,
43. El argumento de la IntuiciĂłn
1) No existe una etiologĂa naturalista plausible de la inteligibilidad intuiciĂłn, tal que tenemos la intuiciĂłn porque es verdad.2) Si (1), los naturalistas deben retener la inteligibilidad del naturalismo.3) No se debe retener la intuiciĂłn de inteligibilidad.4) Entonces, los naturalistas deben abstenerse de creer en el naturalismo.5) Hay etiologĂas teĂstas plausibles de la inteligibilidad intuiciĂłn, tal que tenemos la intuiciĂłn porque es verdad.6) Entonces, la intuiciĂłn de inteligibilidad es evidencia para el teĂsmo sobre naturalismo.
Vease,
Christophe de Ray, A New Epistemological Case for Theism
Two Dozen (or so) Arguments for God: The Plantinga Project
Two Dozen (or so) Arguments for God: The Plantinga Project
44. El argumento de la Justicia
1) Vivimos en un orden moral racional.2) Si vivimos en un orden moral racional, hay justicia cĂłsmica.3) Por lo tanto, hay justicia cĂłsmica. (1, 2)4) Si hay justicia cĂłsmica, debe haber un juez cĂłsmico que la administre.5) Por lo tanto, hay un juez cĂłsmico que administra la justicia cĂłsmica. (3, 4)
Vease,
45. El argumento de las Leyes naturales
1) Las leyes naturales existen y son (i) trascendentes pero (ii) inmanentes.2) Las leyes naturales pueden ser (i) trascendentes pero (ii) inmanentes solo si están basados en un ser trascendente pero inmanente.3) AsĂ, las leyes naturales se fundan en un trascendente pero inmanente siendo.4) Si hay un ser trascendente pero inmanente, ese es Dios.5) Entonces, Dios existe.
1) Los estados mentales están conectados a los estados cerebrales por psicofĂsicos leyes.2) La existencia de leyes psicofĂsicas es mucho más probable es el teĂsmo es verdadero que si el naturalismo es verdadero.3) Entonces, las leyes psicofĂsicas son una fuerte evidencia para el teĂsmo sobre naturalismo.
Vease,
47. El argumento de la Libertad.
1) Tenemos libre albedrĂo.2) Si el naturalismo es verdadero, no podemos tener libre albedrĂo.3) Entonces, el naturalismo es falso.4) Si el teĂsmo es cierto, es muy probable que tengamos libre albedrĂo.5) Entonces, que tenemos libre albedrĂo es una fuerte evidencia para el teĂsmo sobrenaturalismo."
Vease,
48. El argumento de los Limites
1) Todo lo que es limitado tiene una explicaciĂłn.2) Si lo que es limitado tiene una explicaciĂłn, entonces, posiblemente, algo es ilimitado.3) Entonces, posiblemente, algo es ilimitado.4) Si algo es ilimitado, entonces es perfecto.5) Si algo es perfecto, es necesario.6) Entonces, si algo es ilimitado, es necesario. (4, 5)7) Si, posiblemente, algo es ilimitado, entonces hay algo que es perfecto y necesario (5, 6)8) Entonces, hay algo que es perfecto y necesario. (3, 7)
1) El mal implica contrastivamente que hay una forma en que el mundo deberĂa ser.2) Hay una forma en que el mundo deberĂa ser solo si hay una intenciĂłn, una meta, un diseño o un propĂłsito detrás de ello.3) Entonces, hay una intenciĂłn o meta, diseño o propĂłsito detrás del mundo.4) Hay una intenciĂłn o meta o diseño o propĂłsito detrás del mundo solo si Dios existe.5) Entonces, Dios existe.
1) La aplicabilidad de las matemáticas al mundo fĂsico requiere explicaciĂłn.2) La mejor explicaciĂłn de la aplicabilidad de las matemáticas al mundo fĂsico es que Dios modelĂł el mundo fĂsico en de acuerdo con las estructuras matemáticas.3) Entonces, la aplicabilidad de las matemáticas al mundo fĂsico es evidencia de la existencia de Dios.
Vease,
51. El argumentos de los Milagros
1) Si hay buena evidencia de que E ocurriĂł como se informĂł, E es justificadamente tomado como un milagro.2) Si E se toma justificadamente como un milagro, entonces E es evidencia de la voluntad de Dios.existencia.3) Si hay buena evidencia de que E ocurriĂł como se informĂł, entonces E es evidencia de que Dios existe.4) Hay buena evidencia de que E ocurriĂł como se informĂł.5) Entonces, E es evidencia de que Dios existe.
Vease,
52. El argumento de las Modalidades.
1) Las modalidades se fundamentan en las facultades.2) Las modalidades sólo pueden fundarse en poderes si lo están en los poderes de un ser omnipotente.3) Entonces, las modalidades se basan en los poderes de un omnipotente siendo.
53. El argumento de la MotivaciĂłn.
1) Si x es el centro motivacional de la vida de muchas personas, eso es evidencia de que x puede existir.2) Dios es el centro motivacional de la vida de muchas personas.3) Entonces, eso es evidencia de que Dios puede existir.4) La evidencia de que Dios puede existir es evidencia de que Dios existe.5) Entonces, que Dios sea el centro motivador de la vida de muchas personas es evidencia de que Dios existe.
54. El argumento de la Necesidad LĂłgica
1) Dios debe existir.2) Si Dios debe existir, Dios existe.3) Entonces, Dios existe.
1) Para cualquier proposiciĂłn p, si p es posiblemente verdadera, entonces p es cognoscible.2) La proposiciĂłn 'Dios no existe' no es cognoscible.3) Por lo tanto, la proposiciĂłn 'Dios no existe' no es posiblemente verdadera.4) Entonces, la proposiciĂłn 'Dios existe' es necesariamente verdadera.
Vease,
56. El argumento de los Objetos
1) Hay objetos.2) Todo objeto compuesto se compone, en Ăşltima instancia, de objetos simples.3) Todo objeto es causado o es causa de otros objetos.4) La suma de todos los objetos simples causados es un objeto.5) La causa de un objeto es disjunta de dicho objeto.6) Todo objeto compuesto causado contiene una parte propia causada.7) Hay una primera causa.
1) Algunos objetos abstractos existen necesariamente.2) Los objetos abstractos dependen para su existencia de objetos concretos.3) Entonces, al menos un objeto concreto existe necesariamente.
Vease,
58. El argumentos de los Objetos de la razĂłn
1) Si existen objetos de la razĂłn, son no fĂsicos, necesariamente existentes e infinitos en nĂşmero.2) Si los objetos de la razĂłn son no fĂsicos, necesariamente existentes, y infinitos en numero, se explican mejor por un no fisico, intelecto necesariamente existente, infinito.3) Los objetos de la razĂłn existen.4) Entonces, probablemente, hay un infinito no fĂsico, un intelecto necesariamente existente, infinito.
1) Tenemos obligaciones y deberes morales objetivos.2) Si tenemos obligaciones y deberes morales objetivos, la mejor manera de entenderlos es como mandatos divinos.3) Entonces, las obligaciones morales objetivas se entienden mejor como mandatos divinos.4) Si las obligaciones morales objetivas se entienden mejor como mandatos divinos divino, Dios existe.5) Entonces, Dios existe.
Vease,
60. El argumento del Orden
1) Todo lo que tiene fines o metas es inteligente o está dirigido por la inteligencia.2) Las causas eficientes en la naturaleza generan de forma regular los mismos efectos, lo que implica que su orden interno es direccional, y está orientado al efecto futuro como objetivo o fin3) Las causas eficientes en la naturaleza no son inteligentes, y no pueden causar esta orientaciĂłn4) AsĂ, la causa del orden de las causas eficientes en la naturaleza ha de ser una inteligencia ordenadora que precontenga tambiĂ©n sus efectos
Vease,
Edward Feser, Between Aristotle and William Paley: Aquinas’ Fifth Way.
61. El argumento del Ordenamiento Moral
61. El argumento del Ordenamiento Moral
1) Uno siempre tiene más razones para hacer lo que se requiere moralmente.2) Si no hay Dios o vida después de la muerte, hay casos en los que la moral requiere que uno haga un gran sacrificio personal por sólo modestos beneficios.3) Si hay casos en los que la moral requiere que uno haga un gran sacrificio personal sacrificio personal a cambio de beneficios modestos, entonces uno no siempre tiene la razón para hacer lo que se requiere moralmente.4) Por lo tanto, si no hay Dios ni vida después de la muerte, entonces en algunos casos uno no tiene la mayor razón para hacer lo que se requiere moralmente. (2, 3)5) Entonces, es falso que no haya Dios o vida después de la muerte. (1, 4)
1) Siempre ha habido algo en existencia.2) Todo es una cosa que piensa o una cosa que no piensa.3) Ahora hay cosas para pensar.4) Las cosas que piensan no pueden ser producidas por cosas que no piensan.5) Entonces, siempre ha habido al menos una cosa pensante.6) Las cosas pensantes no pueden ser producidas por otras cosas pensantes adinfinito.7) Entonces, todas las cosas pensantes deben ser producidas por una cosa pensante que siempre ha existido.
Vease,
63. El argumento del Perjuicio
1) Hacer el mal es intrĂnsecamente perjudicial para el que lo hace.2) Hacer el mal es intrĂnsecamente dañino para el que lo hace sĂłlo si ese daño es un castigo de un ser semejante a Dios.3) Por lo tanto, existe un ser semejante a Dios.
1) Si hay placeres que son gratuitos dado el naturalismo pero esperado en el teĂsmo, son evidencia para el teĂsmo sobre naturalismo.2) Hay placeres que son gratuitos dado el naturalismo pero esperado en el teĂsmo.3) Entonces, esos placeres son evidencia del teĂsmo sobre el naturalismo.
1) Se justifica la Autoridad PolĂtica.2) Si la justificaciĂłn de la autoridad polĂtica se deriva de una fuente mundana, es probablemente contractualista o consecuencialista.3) Pero ni las teorĂas contractualistas ni las teorĂas consecuencialistas proporcionar una justificaciĂłn adecuada para la autoridad polĂtica.4) Entonces, la justificaciĂłn de la autoridad polĂtica probablemente no se deriva de una fuente mundana.5) Si la justificaciĂłn de la autoridad polĂtica no se deriva de una fuente mundana, probablemente se deriva de Dios.6) Entonces, probablemente, Dios existe
Vease,
66. El argumento Prima Facie
POC: Si me parece que p, entonces estoy justificado prima facie en creer p.
1) Me parece que Dios existe.2) Si me parece que Dios existe, estoy justificado prima facie en creer que Dios existe.3) Entonces, estoy justificado prima facie en creer que Dios existe.
1) El universo existe y es de una manera determinada:a) Es complejo, pero todo se comporta de forma ordenada y conforme a la ley.b) Es tal que es un teatro adecuado para que los seres humanos y los animales evolucionen.c) Los seres humanos evolucionaron para poder tener creencias verdaderas sobre el mundo y actuar con sentido en Ă©l.2) Si el teĂsmo puede explicar por quĂ© existe el universo y es asĂ mejor que el naturalismo, que el universo exista y sea como es hace que el teĂsmo más probable que el naturalismo.3) El teĂsmo puede explicar por quĂ© el universo existe y es asĂ mejor que el que el naturalismo.4) Por lo tanto, que el universo exista y sea como es hace que el teĂsmo sea más probable que el naturalismo.
1) La mejor explicación de la probabilidad epistémica se refiere a lo que es permisible para una persona con un funcionamiento cognitivo adecuado con facultades para creer en las circunstancias en las que se encuentran.2) Nuestras facultades cognitivas sólo funcionan correctamente si están diseñadas.3) Entonces, nuestras facultades cognitivas están diseñadas.4) Si nuestras facultades cognitivas están diseñadas, entonces probablemente Dios existe.5) Entonces, probablemente, Dios existe.
1) Si las afirmaciones centrales de una religiĂłn están respaldadas por profecĂas, que es una fuerte evidencia de la verdad de esa religiĂłn.2) Las afirmaciones centrales del cristianismo están respaldadas por profecĂas3) Entonces, esas profecĂas cumplidas son una fuerte evidencia de la verdad de Cristiandad.
Vease,
Geivett and Habermas, In Defense of Miracles
Lydia McGrew, Probabilistic Issues Concerning Jesus of Nazareth and Messianic Death Prophecies
Lydia McGrew, Probabilistic Issues Concerning Jesus of Nazareth and Messianic Death Prophecies
70. El argumento de las Proposiciones
1) Las proposiciones son distintivamente parecidas a pensamientos.2) Si las proposiciones son distintivamente parecidas al pensamiento, son los pensamientos de una mente necesaria e infinita.3) AsĂ, las proposiciones son los pensamientos de un mente infinita necesaria.
Vease,
71. El argumento de la RazĂłn.
1) La razĂłn implica intencionalidad y causalidad mental.2) La intencionalidad y la causalidad mental sĂłlo pueden tener una explicaciĂłn.3) Entonces, la razĂłn sĂłlo puede tener una explicaciĂłn personal.4) Si la razĂłn sĂłlo puede tener una explicaciĂłn personal, lo mejor explicaciĂłn es teĂsta.5) Entonces, la mejor explicaciĂłn de la razĂłn es teĂsta.
Vease,
72. El argumento de la RazĂłn suficiente.
1) Todo lo que existe tiene una razón suficiente de por qué existe, ya sea en otro ser contingente o en un ser necesario.2) El mundo existe.3) Por lo tanto, el mundo tiene una razón suficiente de por qué existe, ya sea en otro ser contingente o en un ser necesario.4) Pero la razón suficiente por la que el mundo existe no puede estar en otro ser contingente, ya que (a) el mundo sólo es el conjunto de todos los seres contingentes, y (b) la razón suficiente de la colección no puede estar en sus partes, individual o colectivamente.5) Por tanto, la razón suficiente del mundo debe estar en un ser necesario fuera del mundo.6) Por lo tanto, hay un ser necesario fuera del mundo
Vease,
73. El argumento del Realismo.
1) Si el realismo es verdadero pero Dios no existe, el escepticismo radical es verdadero.2) El escepticismo radical es falso.3) Entonces, o el realismo es falso o Dios existe (1, 2)4) El realismo es verdadero.5) Entonces, Dios existe. (3, 4)
Vease,
74. El argumento de la Semántica
1) El escepticismo radical es falso (tenemos conocimiento)2) El escepticismo radical es falso sólo si el contenido semántico puede servir como un ancla para una referencia exitosa (y por lo tanto, conocimiento).3) El contenido semántico puede servir como ancla para una referencia exitosa sólo si es (i) independiente de mentes finitas, (ii) modal y temporalmente estable, (iii) infinita, (iv) normativa, y (v) objetiva.4) Pero el contenido semántico puede ser (i)-(v) solo si tiene una trascendencia terrestre.5) Si la semántica tiene un fundamento trascendente, probablemente sea Dios.6) Entonces, probablemente, Dios existe
1) Nuestras vidas son objetivamente significativas.2) Nuestras vidas pueden ser objetivamente significativas solo si Dios existe.3) Entonces, Dios existe.
Vease,
76. El argumento del TransformaciĂłn personal
1) Hay muchas personas que creen que Dios ha prometido ayudarles a desarrollarse espiritualmente y que luego se desarrollan espiritualmente.2) Si este fenómeno está lo suficientemente extendido, es una prueba de que Dios ayuda a las personas a desarrollarse espiritualmente (y por tanto una prueba de la existencia de Dios).3) Está suficientemente extendido.4) Entonces, este fenómeno es una evidencia de la existencia de Dios.
Vease,
77. El argumento de la Unidad contingente.
1) Todos los seres contingentes son compuestos y temporales.2) No hay nada intrĂnseco al ser contingente que explique lo que los mantiene unidos a travĂ©s del tiempo.3) Lo que explica lo que mantiene unidos a los seres contingentes a travĂ©s del tiempo no pueden existir otros seres contingentes.4) Entonces, lo que explica lo que mantiene unidos a los seres contingentes aunque el tiempo debe ser necesario, incompuesto, atemporal, caso sustentador.
Vease,
78. El argumento de la Unidad cosmolĂłgica
1) La unidad del cosmos requiere explicaciĂłn.2) Si la unidad del cosmos se explica por algo interno, se explica por sus partes o por leyes naturales.3) La unidad del cosmos no puede explicarse por sus partes o por leyes naturales.4) Entonces, la unidad del cosmos no puede ser explicada por algo interno a ella.5) Entonces, la unidad del cosmos debe ser explicada por algo externo a ella.6) Cualquier cosa externa al cosmos que explique su unidad debe ser eterna, inmaterial, poderosa y plausiblemente una mente.


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