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Si te identificas como protestante (luterano, presbiteriano, pentecostal, bautista, etc), es probable que en las confesiones de fe históricas hayas escuchado afirmaciones como “confesamos que hay un único Dios, que es simple, sin pasiones o partes”. Muy seguramente debiste pensar “oh, claro, Dios no tiene partes como una nariz, ojos u orejas”. Si pensaste esto, estuviste en lo correcto, pero no es lo único a lo que se refieren estas confesiones de fe, sino a algo mucho más profundo, más importante, va más allá de que Dios no tenga un cuerpo físico. La Simplicidad Divina afirma que en Dios no hay composición de ningún tipo como en nosotros la hay, sino que Dios es simplemente lo que es (es decir, que todo lo que hay en Dios, es Dios mismo); esto va en contraste a nosotros, que somos seres compuestos; por ejemplo, a nosotros nos compone ser cuerpo y alma, tener emociones diversas y experimentarlas de diferentes maneras y en diferentes momentos, cada uno tiene diferentes formas de vivir las cosas (sea tiempo o espacio), y las emociones experimentadas en cada persona son diferentes y en distinta intensidad, sobre algunos la tristeza predomina y sobre otros lo que predomina es la alegría. Estos componentes nos hacen ser quienes somos en lo más íntimo, y estamos compuestos por las experiencias, emociones y todo aquello que experimentamos, lo cual es externo a  nosotros. En el caso de Dios es totalmente diferente ¿Puede haber algo fuera de Dios que le haga experimentar y lo cambie? Si algo nos cambia, significa que es más grande que nosotros, de tal manera que dicha experiencia haga que en nosotros haya un cambio y una actualización a lo que somos. 


La doctrina de la Simplicidad Divina (DSD de ahora en adelante) nos enseña que Dios, por el hecho de ser Dios, no puede experimentar cambios en su ser (actualizaciones es el término académico para esto), ni tampoco se le pueden agregar cosas (accidentes), sino que su Ser es tan Simple que lo que Él es, ha sido, es y será por toda la eternidad (como Creador), y no tiene una composición física ni metafísica. Nosotros (criaturas), por otra parte, estamos compuestos, experimentamos el tiempo y el espacio de manera que estamos sujetos a ambas cosas, a un antes y después y a ser conformados por distintas cosas.

Según nos dice Thomas Joseph White, rector del Angelicum de Roma, muchos piensan que esta doctrina no tiene ningún sustento bíblico y que es una importación filosófica helenística introducida al cristianismo, y aunque esta idea puede parecer muy plausible, ya que los debates en torno a su veracidad son de tardía aparición dentro del contexto interior del cristianismo (White, 239), lo cierto es que era una doctrina confesada por toda la Iglesia Cristiana, o al menos, eran confesadas algunas de las derivaciones que esta doctrina trae, tal como la impasibilidad o la inmutabilidad divinas desde inicios del siglo II.


Creer en la Simplicidad es algo sumamente esencial para los cristianos ¿Puede Dios enojarse? ¿Puede Dios arrepentirse realmente? El Ser Máximamente Grande y Máximamente Felíz ¿puede experimentar cambios como los seres humanos? Si la Trinidad es Padre, Hijo y Espíritu Santo ¿significa que Dios está conformado por tres entes diferentes en unidad? ¿Una sustancia y tres personas? Son tantas las preguntas que surgen al estudiar este tema que muchos optan por sencillamente hacer a Dios un hombre como nosotros, pero sin cuerpo y más viejo, más sabio y más poderoso. Es por esto que existen tanto problemas con los inconversos a la hora de acercarse al cristianismo, porque el entendimiento de quién es Dios está tan mal presentado, olvidado o distorsionado que ellos (incluso muchos cristianos) no saben quién realmente es Dios.



La Simplicidad en la historia


Esta doctrina está íntimamente relacionada a la doctrina Trinitaria, aunque el primer defensor de la misma, curiosamente, no fue un teólogo trinitario, sino un teólogo arriano (una secta del siglo IV que consideraba a Jesucristo no como el Dios Eterno, sino como una criatura de Dios). Este teólogo se llamaba Eunomio, y para él, la idea de la simplicidad era que como Dios “no estaba dividido en su ousia (esencia) en la cual existe, ni está distribuido en más personas”, y que por tanto, todo lo que estaba en Dios era Dios el Padre [a quien se le reconocía como No-engendrado). Es de este reconocimiento como no Engendrado, que Eunomio comenzó su ataque a la teología trinitaria, pues si el Hijo no es No-Engendrado, sino que si es Engendrado, entonces no es Dios Eterno ya, sino una mera criatura (Butner, 77). No obstante, los hoy conocidos como Padres Capadocios (Basilio de Cesarea, Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno) dieron una respuesta a esto. Butner nos dice lo siguiente:


Ambos, Basilio y Gregorio de Nissa respondieron directamente a los argumentos de Eunomio. Una dimensión de su respuesta fue una apelación a la distinción de Basilio entre hypostasis y ousia [...]. Sin embargo, cada uno también apeló a una diferente teoría de lenguaje teológico para desafiar a Eunomio. Como Khaled Anatholios lo sintetiza “La doctrina de Dios de Eunomio tenía su fundamento inamovible en la premisa  que la palabra-signo “no engendrado/no originado” tiene el efecto de que la esencia divina se haga presente a la mente inmediatamente. Sobre esta base, conocer un atributo divino es conocer la esencia divina.  Esta teoría de lenguaje teológico obligó a Eunomio a reducir la esencia divina al único atributo de ser “no engendrado”. Basilio y Gregorio argumentaron que los nombres divinos y los atributos no eran idénticos el uno al otro, no obstante, todos representaban la misma esencia simple. Para darle sentido a esta afirmación, los dos Capadocios desarrollaron una teoría alterna del lenguaje teológico: las palabras usadas para describir los atributos divinos “conceptualizaron” la esencia presentada a las personas, pero las palabras no significan propiamente la esencia como es en sí misma. “Ser, y ser llamado no son términos intercambiables”, insistía Gregorio de Nissa, añadiendo “Dios es por su naturaleza lo que es, pero Él es llamado por nosotros por aquellos nombres como la pobreza de nuestra naturaleza nos permite usar”. Contra la objeción de algunos teólogos contemporáneos sobre que la simplicidad divina hace a las propiedades como la omnipotencia y la bondad idénticas en significado, cuando claramente difieren, Gregorio y Basilio responderían que estos conceptos solo son diferentes en la mente humana. Esta distinción es, de acuerdo a ellos, un biproducto de nuestro conocimiento de Dios como Él se presenta a sí mismo a nosotros en la revelación y en el actuar divino. En cambio, la esencia divina que presenta estos atributos se mantiene simple. [...] Nuestro conocimiento del Dios simple es verdadero, pero también es conocimiento humano que no rasca la esencia infinita de Dios como Eunomio ambiciosamente intentó hacerlo. Por tanto, inevitablemente describimos a Dios poseyendo atributos complejos, aunque Él es verdaderamente simple, pero dicha descripción sigue siendo cierta de la obra y la revelación de Dios. (Butner, 77)





La doctrina de la Simplicidad se encuentra dentro del marco de lo que los teólogos contemporáneos han denominado como “Teísmo Clásico”, el cual es la posición ortodoxa e histórica de las concepciones de Dios, este término se usa para hablar contra el Teísmo Personalista, el cual, intenta ver a Dios como un “ser entre los seres”, como una persona como nosotros, pero más vieja y con las características humanas potenciadas máximamente, normalmente se interpreta a Dios como sujeto al tiempo, y que la Trinidad es un colectivo de individuos que se unen para formar a Dios. A todos se les caracteriza por ser divinos. Craig Carter explica las diferencias de cada uno de estos modelos en su libro “Contemplando a Dios con la Gran Tradición” (Carter, 20-28).


La importancia de la Doctrina de la Simplicidad Divina


Cabe añadir la pregunta ¿Es tan importante la DSD en la construcción de nuestra fe y teología?  Para muchos, la predicación de los atributos de Dios hoy puede parecer irrelevante, finalmente todos adoramos al mismo Dios Trino ¿No? ¿ Para qué preocuparnos de una doctrina que parece más desarrollada en el ámbito filosófico que en el teológico? Aunque esta pregunta puede parecer piadosa, no logra ver toda la profundidad de lo que significa conocer a Dios. No se trata de conocer su esencia, la cual, ni siquiera los teólogos medievales más “racionalistas” (como a muchos les da por llamarles a los escolásticos y otros teólogos que no están de acuerdo con el pensamiento de uno), sino de conocer a Dios en su revelación, tanto general como especial. La doctrina de la Simplicidad protege la fe de distintas acusaciones, como que Dios es un tirano caprichoso, es un genocida o que demanda amor y obediencia ciegas por puro deseo egoísta; en el campo de la teología reformada nos provee de una razón (aunque sea muy superficial) sobre la doctrina de la elección: Dios no elige caprichosamente ni es egoísta al elegir a unos y a otros no. Claramente no podemos pensar en Él como indiferente, cual persona con algún trastorno mental se tratara, estamos hablando de Alguien cuyo ser es imperturbable, y que no podemos decir mucho de Él, más lo que Él nos ha revelado; desarrollaré más esta idea en otro escrito dedicado exclusivamente a la idea de las emociones en Dios.

Nos dice Mark Jones que  en el periodo de los Reformados ortodoxos, se tendía a dividir la teología propia en cinco ramas de estudio: 1) los nombres de Dios; 2) el ser de Dios; 3) los atributos de Dios; 4) las obras de Dios; 5) las personas de la Deidad. Entre estas áreas de estudio, también se hacía la distinción entre el estudio esencial de Dios, que se refiere a la esencia (o sustancia) divina, y la persona, que trata el estudio de cada persona (o de las tres personas) de la Deidad (Charnock, 259). Conocer a Dios esencialmente también es importante, porque nos da la seguridad de que el Dios que adoramos y en el que hemos decidido poner nuestra confianza no va a cambiar, ni se volverá un Dios más “maduro” (Hendel) (como si en un Ser Máximamente Perfecto eso pudiera ocurrir). Si el Dios del Antiguo Testamento es el mismo Dios que tenía preparado a Jesucristo y la promesa de la vida eterna desde antes de la fundación del mundo (Tito 1:2,3), entonces nada lo puede cambiar a Él ni ha su propósito eterno.

¿Quién es Dios? ¿Por qué deberíamos seguirlo? Estas preguntas en un periodo de postmodernidad son relevantes para las personas que buscan una idea de lo Trascendente. Si nosotros nos movemos y nuestro Dios también ¿Qué seguridad tenemos? No hay seguridad sino en una Roca firme y permanente (Deuteronomio 32:4). Un Dios Simple es la mejor respuesta a la incertidumbre y al cambio en el mundo y en la humanidad. Un Dios no compuesto, sino que Es quien Es. Que sea Inmutable e Impasible nos da pautas para poder entender mejor la Simplicidad.



Obras Citadas

Butner Jr, D. Glenn. Trinitarian Dogmatics: exploring the grammar of the Christian doctrine of God. 1 ed., Grand Rapids, Baker Academic, 2022.

Carter, Craig A. Contemplando a Dios con la Gran Tradición: Recuperando el Teísmo Trinitario Clásico. Lima, Teología Para Vivir, 2023.

Charnock, Stephen. The Existence and Attributes of God. 1 ed., vol. 1, Wheaton, Crossway, 2022. 2 vols.

Hendel, Ronald. “The Flood Changes God Not Humanity.” The Torah, 2019, https://www.thetorah.com/article/the-flood-changes-god-not-humanity?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR0h6cCAhelF150DQHXDDnNfe9_Yy7nZL8RDsPpOkNDLxaw1pZR1WUewpDg_aem_AWV5Lj7r05YAJvFqm3Z5y8cxB85aMQ8JwQDnKvtM_tE2B_Awo85dvlbcC24nQu9cFMcXVWdnEi53hOD8iyzaADIU.  Acceso 11 Junio 2024.

White, Thomas Joseph. The Trinity: on the nature and mistery of the one god. 1 ed., Washington, D.C., The Catholic University of America Press, 2022.

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