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«Siempre hay dos cosas en competencia por el control: Dios y el Yo. Si dejamos a un lado a Dios, el Yo toma el lugar como el próximo heredero. Hay cuatro privilegios y poderes innegables que le pertenecen a Dios y son como las joyas de la Corona Celestial. Estos no pueden ser transferidos ni compartidos con ninguna otra criatura. Son ser la primera causa de la que dependen todas las cosas en su existencia y operación, el bien supremo, para ser valorado por encima de todos los seres, intereses y preocupaciones en el mundo, el Señor más alto, para gobernar todas las cosas con sus Leyes y Providencia, y el fin último en el que todas las cosas terminan y convergen…» decía William Strong, uno de los divinos de Westminster, en el prefacio a su tratado que muestra la subordinación de la voluntad del hombre a la voluntad de Dios.

Así como los seis argumentos ofrecidos en este artículo, la mayor parte de las críticas a nuestra fe se sustentan en una sola premisa, a saber, que la fe reformada profesa el determinismo. «O Dios es la causa de todo lo que sucede, o no es la causa de todo lo que sucede.» ese es el punto en el que se define, el mal llamado, ‘calvinismo’ y el ‘arminianismo’, según el autor comenta.


Y es aquí donde encontramos el primer error, de que Dios sea la causa de todo lo que sucede, no se deduce el determinismo. Dios al ser la primera causa, el primero y supremo Ser en todo el universo, da el ser a todo lo demás. «Cada cosa que ES lleva consigo este nombre de Dios, "Yo Soy". Todas las cosas que existen muestran un Ser, demostrando que hay un Ser universal.» señalaba el Peter Sterry, otro de los divinos de Westminster, en su discurso sobre la Libertad.

Creer que nada existe por sí mismo, excepto Dios, y que por lo tanto Dios es causa de todo lo que existe, excepto de sí mismo; la Divina Providencia, es algo que «fue creído siempre, por todos y en todas partes».


Incluso por nuestros opositores, «pongo en sujeción a la Divina Providencia tanto el libre albedrío como también las acciones de una criatura racional, de modo que nada se puede hacer sin la voluntad de Dios, ni siquiera las cosas que se hacen en oposición a ella» afirmaba Jacobo Arminio, en las primeras páginas de sus obras completas; «que todas las cosas, todos los eventos en este mundo, están bajo la dirección de Dios. Podríamos traer una nube de testigos para confirmar esto, si alguno fuera tan fuerte como para negarlo.» proclamaba Juan Wesley en su Sermón sobre la Providencia; «todas las cosas están sujetas a la providencia divina» decía Luis de Molina en su Concordia (p. 574)


El determinismo no debe confundirse con la Divina Providencia, como lo hizo nuestro crítico al convertir esta doctrina en un muñeco de paja en su tercer argumento, el determinismo es creer que las personas están determinadas dentro del orden creado a hacer exactamente lo que hacen necesariamente, y no podrían hacerlo de otra manera, por eso también fue llamada ‘doctrina de la necesidad filosófica’. El punto de vista de que el determinismo es consistente con la responsabilidad moral, que ambas cosas son compatibles, se llama compatibilismo.


El punto a tratar no es si Dios es causa primera del orden creado, negar esto es parte del ateísmo, más bien es si Dios impone necesidad en el orden creado. Es esto lo que olvida al traer como testigo a los estándares de Westminster, pues, como bien cito en su segundo argumento, se estableció que «Dios ordeno libre e inalterablemente todo lo que sucede», pero también, los teólogos fueron claros en la confesión al establecer que «Él ordena que se produzcan, según la naturaleza de las causas segundas.»


Es esta doctrina, conocida como la doctrina de la necesidad filosófica, de la cual que según Sir William Hamilton, «nada puede concebirse más contrario» a la fe reformada. El venerable Francis Turretin destacó en alguna ocasión que nosotros «establecemos la libertad de elección mucho más verdaderamente que nuestros oponentes». Por lo tanto, es importante analizar detenidamente esta perspectiva y considerar sus implicaciones.


Pues, contrariamente a lo que el autor defiende en su cuarto argumento, que definición más clara podemos encontrar de libertad libertariana, que la que hallamos en Jhon Owen, uno de los más precisos de nuestros teólogos, en las alburas de los 1600s, «otorgamos al hombre, en la sustancia de todas sus acciones, tanto poder, libertad y autonomía como es capaz de una mera naturaleza creada. Le concedemos ser libre en su elección, de toda coacción exterior o necesidad natural interior, para obrar según elección y deliberación, abrazando espontáneamente lo que le parezca bien» (A Display of Arminianism, pp. 116 [Works, vol. 10]), aun con esto, en su articulación, nuestro oponente llama más bien, a esta posición ‘posibilidad controversial’.


«Afirmo constantemente que la voluntad es libre y considero hereje a cualquiera que piense lo contrario» decía Calvino (Def. serv. arb. (OC 6.279)), de esta posibilidad controversial y novedosa. «Nadie niega que en las cosas externas tanto los regenerados como los no regenerados gozan de libre albedrío» establecía la Segunda Confesión Helvética, en su noveno capítulo. «No hay controversia sobre esto entre nosotros y nuestros oponentes» decía Francis Turretin en sus Institutos (10.2) como para terminar de acallar la falsedad de esa acusación de novedad y controversia. Pues, aunque la mayoría de teólogos reformados hoy crean en un compatibilismo o determinismo, la tradición reformada desde sus inicios hasta los tiempos de, probablemente, Jonathan Edwards, no sostuvo esas posiciones, y las rechazo constantemente.


Es por esto, que hacemos nuestras las palabras de Juan Calvino, «el hombre tiene elección, que está autodeterminada y sus acciones se derivan de su propia elección voluntaria» (Esclavitud y liberación de la voluntad, 69-70), y «lo que llamamos religión no es otra cosa que el equilibrio adecuado de la voluntad o su colocación en su lugar debido y propio, para que nuestras voluntades creadas sean dirigidas y guiadas por la regla y medida de la voluntad divina e increada, que es la razón suprema de todas las cosas», como escribió la pluma que primero citamos en este artículo.


 *Este articulo es una respuesta a: https://www.teopensees.com/post/un-obsequio-p%C3%B3stumo-a-los-divinos-reformados

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